Por mí que no quede. Más claridad que nunca. Con lo actual que resultan las ucronías y distopías, alguna vez me ha dado por pensar que si Santander, su centro histórico, no hubiera desaparecido por el incendio de febrero de 1941, mis padres no se hubieran tenido que ir a vivir a Cuatro Caminos –donde años más tarde nací- y mi vecina del entresuelo no hubiera sido Maruja H., que tenía muy claro que no había nada más tonto que un obrero de derechas… Una vida la de Maruja digna de ser contada. O la de su hermana Avelina, que decía que había escapado de Santander en agosto de 1937 en un submarino y nos parecía una fantasía hasta que supimos que era cierto, que las autoridades republicanas, a las que servía como doméstica, huyeron hasta Gijón en el submarino C2 pocas horas antes de que los franquistas tomasen la ciudad… Y Avelina se fue con ellos y en octubre, desde El Musel a Francia.
Parece que ahora hay millones de
obreros de derechas y no creo que sean tontos. Lo puedo dejar en despistados. Los
dirigentes de las derechas, más o menos extremas, esta vez van muy abiertos:
Pensiones, salario mínimo, eutanasia, igualdad, memoria… no ocultan casi nada
de lo que se proponen si alcanzan las mayorías necesarias.
El modelo Abascal-Ayuso-Milei –alturas morales por debajo de cero- se va
imponiendo, al menos en los comentarios de las redes sociales. Lo que nunca le
dirías a alguien en su cara, lo escribes con mucha tranquilidad. ¿Después del
29 de noviembre lo podremos encontrar en el BOE? El argentino parece que ha
hecho un viaje contraproducente para sus socios. A mí me ha servido para enterarme
de que hay un catedrático de una universidad pública madrileña –famosa ya por
diversas anomalías- multimillonario, muy amigo de Milei y que parece que hace
en su cátedra lo que le sale… “Es muy suyo”, se le justifica desde la autoridad
académica.
El protagonismo de las redes sociales –frente a los medios convencionales- en las campañas electorales, favorece el navajeo. Y no solo es la extrema derecha la que incendia las redes. El viernes le escuché al profesor de Ciencia Política, Pablo Simón, que un problema actual es que antes había un tonto en cada pueblo, pero que ahora los ocho mil y pico forman red y hacen mucho ruido. También están, acompañando como pueden, otros, no necesariamente tontos. De un paisano del pueblo de mis padres -según su testimonio, familiar de Alfonso XIII-, se decía que “se había pasado de listo”, o sea, que no era tonto de nacimiento.
Porque hay un dato positivo y es la claridad
con que se anuncian las derechas. Ningún disimulo: ¿Para qué quieren mayoría
cualificada en el Senado? Porque no están a gusto con el comportamiento del
Poder Judicial. Lo quieren más favorable todavía. La candidata popular al
Senado por mi provincia y alcaldesa-desastre de la capital, acaba de descubrir
que el Senado que ha concluido ahora su mandato, con mayoría absoluta de su
partido, estaba “lleno de comunistas” (sic) Así está el patio en esta dictadura
que permite que uno de los jefes de estado más patanes del planeta venga a
decírnoslo a la cara. Como dictadura es un poco rara. Le sugiero que vaya a
Ryad o a Rabat a decir algo semejante. O a Washington. Mahmud Abás, presidente de la Autoridad Palestina o a Ada Colau no han conseguido visado para
entrar en los EE.UU.
























