domingo, 7 de junio de 2026

Cono Sur (Final)

 

Una experiencia nueva el jueves 7 de mayo: Atravesar una porción notable de Buenos Aires, de norte a sur, muy poco después de la hora punta. El conductor, que ha participado en el maratón de Madrid y está dispuesto a hacerlo en el de Valencia del próximo otoño, por querer bordar el recorrido, no pudo tomar la salida correcta para llegar al embarque de Puerto Madero. La posibilidad de volver no se abrió hasta Avellaneda y el tráfico por un momento sugería la posibilidad de llegar tarde al barco. Rozamos el milagro pero eso no ocurrió. La travesía hasta Colonia del Sacramento, en Uruguay, mejor de lo que era previsible dado el pronóstico del tiempo y las lluvias de madrugada en Buenos Aires.

¿Vale la pena la visita a Colonia? Podría estar sobrevalorada, aunque hay alguna nota de interés. Y la amenaza de mal tiempo nos acompañó todo el día aunque hasta el viernes no se confirmó, y de qué manera, el pronóstico. El trayecto hasta Montevideo en un buen autobús de la empresa COT resulta un poco pesado y con bastantes paradas. Llegamos a la capital casi de noche. El conductor que nos llevó al hotel resultó ser un simpático iconoclasta de edad avanzada. Nos despista su acento, parece otro de los casi todos venezolanos que nos han transportado en los tres países. Pero es uruguayo, de cierta edad –similar a la mía le calculo- abuelo, que ha vivido en Caracas  45 años y tiene allí a la mayoría de su familia. Nos partimos de risa con sus comentarios sobre el héroe nacional –Artigas- o sobre el porqué la calle principal lleva el nombre de “18 de julio”. Supone que pasó algo importante pero no sabe importante para quién. Le entramos con el significado que tiene en España… Instalados en el hotel salimos en busca de un lugar para cenar. Hay un partido del Peñarol y la ciudad, con amenaza de lluvia, no tiene mucho ambiente. La cena en el local más central –Convención- de una cadena –La Pasiva- correcta, pero poco reseñable.

Y el viernes que resultó, gracias a la jugarreta de Iberia, la última jornada de nuestro viaje, los cielos se abrieron desde primera hora y la visita a Montevideo, a ratos, se hizo muy incómoda. Dedicamos bastante tiempo a solucionar el problema creado por Iberia, incluida visita a la oficina que la compañía mantiene en el centro de Montevideo. La oferta que parecía inamovible era un vuelo con escala en Sao Paulo, con la compañía asociada, Latam, para el primer tramo, que no nos dejaba obtener las tarjetas de embarque… y que alargaba la totalidad del trayecto en casi seis horas. Tratamos de poner buena cara al mal tiempo. En una semi-escampada visitamos la ciudad antigua, la catedral y…lo que resultó la joya de esa etapa: El palacio Salvo, una imagen del cual ya está en la entrada a este blog del 14 de mayo.

https://robertoruisanchez.blogspot.com/2026/05/extra-cono-sur.html

La lluvia arreció a la salida de esa visita. Comimos en un restaurante muy genuino –Santa Catalina- cercano al hotel. Descansamos un poco y aunque el tiempo no se arregló, la lluvia a media tarde era un tanto respetuosa. Aprovechamos para un paseo por las librerías de segunda mano de la calle Tristán Narvaja, nada que envidiar a las famosas de Buenos Aires en cuanto a diseño, oferta y ambiente. Cenamos en el hotel, en primera línea de la costanera, aquí entre la Rambla de Francia y la de Gran Bretaña. Con un día despejado las vistas serán excepcionales: no pudo ser.

Y ya el sábado, día y medio antes de lo previsto –de nuevo recuerdo que gracias a Iberia- y bastante pronto porque había cuestiones notables sin resolver, Lalo, un conductor muy simpático, nos llevó al aeropuerto que está bastante lejos del centro.

La odisea allí, al ver que había un vuelo directo de Iberia a Madrid que nadie nos había ofrecido… y que resultó un vuelo retrasado del día anterior, en principio completo, nos provocó un par de horas de bastante tensión para ver si nos colocaban. Gracias al personal de tierra de Iberia en el aeropuerto- subrayo la gestión del personal, especialmente la de un joven empleado de nombre Maximiliano- al final conseguimos volar perdiendo, eso sí, un día y medio de nuestro viaje proyectado. Al escribir estas líneas y dos semanas después de la última comunicación, Iberia todavía no ha dado una respuesta sincera y efectiva a nuestras reclamaciones. Vamos a seguir, claro. Hay gastos que deben asumir e indemnizaciones reguladas que no pueden soslayar aunque de entrada, lo intentan.

Nota: Partes de estas entradas extras tituladas “Cono sur” se empezaron a escribir a bordo del Airbus “Johannesburgo” de Iberia, en ese vuelo que no era el nuestro y que llegó a Barajas en la madrugada del domingo 10 de mayo…

 

miércoles, 3 de junio de 2026

Cono Sur (4) B.A.

 

El último martes de abril llegamos a Buenos Aires hacia mediodía. El tiempo era muy estable y tuvimos buena visibilidad sobre la enormidad del continuo urbano. Dedicamos la tarde a reconocer la Recoleta, y tratar de comprar una tarjeta SIM local, lo que no conseguimos hasta la mañana siguiente. Tampoco fue fácil en Chile. Supongo que por motivos de seguridad hay que realizar una serie de trámites que hacen muy complejo un asunto que, por ejemplo, hace doce años, en África, era increíblemente sencillo. Muy recomendable el Sanjuanino, de la calle Posadas, lugar de nuestra primera cena bonaerense que no sería la última.

El miércoles un larguísimo paseo nos llevó a San Telmo, donde comimos, y a la Boca, pasando por la famosa librería Ateneo, el teatro Colón, el Obelisco… Después de comer atravesamos el Parque Lezama y entramos en uno de los barrios quizá más famosos del mundo. Maradona y Messi lo presiden todo. Tomamos un colectivo, o sea, cogimos un autobús –lo que allí provoca carcajadas- para volver a la Recoleta. Es muy fácil el transporte público en Buenos Aires. Aunque la red de metro (Subte) no es muy extensa, los autobuses suplen más que dignamente y se paga con cualquier tarjeta de crédito o débito a un precio aproximado de medio euro si no se sale de las áreas centrales.

El jueves cerramos nuestros pasajes para Uruguay. Hubo alguna dificultad con la web y acudimos a las oficinas de la naviera en Puerto Madero. Después, nos acercamos de nuevo por San Telmo con idea de hacer la típica fotografía con Mafalda. Misión imposible. Se les había ocurrido a la vez a decenas de personas. No recordaba yo tanto éxito en mi primera visita a la ciudad. Seguimos hacia la plaza de Mayo con idea de encontrarnos con las abuelas. Haciendo tiempo visitamos la Catedral y el Cabildo y con lo que nos encontramos fue con una manifestación imponente que adelantaba el 1 de mayo. Almorzamos en el Tortoni y en ausencia de los pañuelos blancos, seguimos hacia Corrientes y volvimos al teatro Cervantes, el Colón no tenía programa ese día, pues nos habían dicho que quizás a última hora podíamos conseguir alguna entrada. Lo logramos.

El 1 de mayo hicimos muchas gestiones para los días en Iguazú y nos dimos otro enorme paseo hacia Palermo, donde comimos en una terraza. El tiempo todavía se mantenía bueno, un punto cálido. Esa parte cambió al día siguiente. Con un impresionante cielo muy limpio, el viento había girado y venía bastante frío. Recorrimos por la mañana de nuevo el centro, los alrededores de la plaza de Mayo y nos encontramos con una curiosa muestra folklórica en los jardines del Cabildo. Tras un descanso a primera hora de la tarde, acudimos a la ESMA al atardecer. Aunque está ya contado en alguna entrada anterior, y la foto de Taty Almeida también se ha incluido a posteriori, no tenemos ninguna razón para ocultar que esta tarde del 2 de mayo se sitúa entre lo más destacado de este viaje. Ahora va una foto en la que hay una silla vacía entre la de Taty y la mía. La había ocupado hasta poco antes el alcalde de Avellaneda. También está relatado en una entrada anterior. El Racing de aquí todavía era equipo de Segunda. Volvimos a cenar al Sanjuanino.

Y el domingo día 3, dedicamos la mañana a la recogida y separación de equipajes. Una parte se quedaba en Buenos Aires. En Iguazú no íbamos a necesitar ningún abrigo. Ya habíamos hecho lo mismo en Santiago para ir a Atacama. Tuvimos algún incidente cómico en el Aeroparque. Faltó muy poco para volar a Bariloche, en un error que todavía no encuentra explicación razonable y ya en el vuelo a Iguazú, también tuvimos alguna historieta con los asientos –duplicadas las tarjetas de embarque…- . Llegamos ya de noche y el hotel – Guamini Misión- nos sorprendió positivamente. Estaba un poco lejos del centro pero era de una categoría muy superior al precio pagado. Cenamos allí mismo y a la hora del desayuno también comprobamos que la elección había sido muy buena. Estábamos literalmente sobre el Paraná, rodeados de ambiente tropical y de aves propias del lugar.

Habíamos encargado el traslado al Parque de las Cataratas al mismo taxista que nos llevó la tarde anterior del aeropuerto al hotel y todo salió redondo. Ni siquiera había muchedumbres en la entrada. No sé bien qué se puede contar de este espectáculo natural que no se haya dicho ya. Al principio, primer recorrido, me pareció que no era para tanto… Poco a poco, con los otros dos recorridos, enmendé la primera impresión. Es un lujo descubrir a esta edad algo tan impresionante. El clima aquí permite bañarse al atardecer en la piscina del hotel y salir a ver la puesta de sol muy cerca del hito de las tres fronteras.

Al día siguiente, la orilla brasileña. Mejores vistas con menos recorrido y mayor concentración de gente. Hay un punto concreto al que, incluso fuera de temporada, no es posible acercarse dada la multitud. El miércoles fue un día de tránsito. Volar de vuelta a Buenos Aires, cuestiones de intendencia –lavandería-, cena en la Cantina de la Recoleta… y, descubrimiento de que a punto de terminar un viaje casi perfecto hasta entonces, llegaba el borrón por cuenta de Iberia que nos había cancelado el vuelo de Montevideo a Madrid y no había considerado la posibilidad de comunicárnoslo… continuará.