Pasé por allí hace poco más de tres meses. Un lugar de memoria terrorífico como muchos otros. Un lugar en el que se torturaba y se hacía desaparecer a los opositores a la dictadura chilena. Un lugar que puede ser el primer eslabón de una cadena que ha podido convertir/nos en antropófagos a no se sabe cuántos ni quiénes. Parece fuera de duda que muchos/as desaparecidos/as en Chile fueron convertidos/as en harina de pescado. Un no dejar rastro elevado a método nauseabundo. No puedo destripar mucho de este relato. Cuando no había llegado a la mitad del mismo ya había decidido comprar un ejemplar para regalo. No quiero que una persona muy, muy cercana me acuse de eso que ahora se llama spoiler y que cuando yo era metalúrgico solo era una pieza de algunos automóviles.
Hay personajes cercanos en la trama, ya que la orden de detención contra el dictador chileno en octubre de 1998, partió de España. Aznar, el fiscal Carlos Castresana, el juez Baltasar Garzón, el ministro de Exteriores del P.P. Abel Matutes… y Margaret Thatcher y Augusto Pinochet y un criminal nazi, Walther Rauff, creador de las furgonetas que envenenaban a los detenidos en el este de Europa con un mecanismo que hacía que los gases del escape volvieran al interior del furgón…
Y Philippe Sands, el autor, que hizo que nos organizáramos un viaje a
Lviv/Lvov/ Lemberg/Leópolis después del impacto que nos causó leer “Calle Este-Oeste”, que se ha convertido
en una trilogía, con esta otra calle de Santiago de Chile en el titular y con
el volumen intermedio, “Ruta de escape”.
Apasionante trío. Poco más de una semana me ha durado esta lectura de 400
páginas que, además, he combinado con el final de otra, “Continente salvaje” de Keith
Lowe, una revisión más que notable de los años inmediatamente posteriores
al final de la II Guerra Mundial en Europa, a los conflictos y atrocidades
diversos que se vivieron en el continente en la segunda mitad de los años 40.
Otro personaje de este relato, Michael Caplan, abogado, con un papel relativamente secundario en esta trama que le acerca a la noble/innoble profesión de mamporrero: Le hace llegar en mano al dictador chileno, en marzo de 2000, a punto de despegar de un aeropuerto londinense, un regalo de la exprimera ministra británica: una placa con la leyenda “La última vez que derrotamos a los españoles” Debo tener el patriotismo desbordado después de ganar la Copa del Mundo pero el regalito me ha hecho maldecir, otra vez, a aquellos dos impresentables. Caplan también intentó ayudar con no mucho éxito a los padres de la niña Madeleine Mac Cann, desaparecida en el Algarve en 2007.
Dice Lowe muy cerca del final de su obra que “olvidar el pasado solo conduce a más resentimiento, y en definitiva a una distorsión peligrosa de los hechos. Esos hechos distorsionados son mucho más peligrosos que los verdaderos (…) Es nuestra memoria del pasado lo que nos hace ser quienes somos…”
Ahora que finalmente el Pazo de
Meirás ha vuelto a Patrimonio Nacional, no me parece ocioso, por si alguien
encuentra algún parecido, remarcar que a Pinochet una comisión del Senado de
los EE.UU. le encontró en 2003 algo más de 26 millones de dólares en 125
cuentas en la banca Riggs. También a Al
Capone le empezaron los problemas legales por cuestiones fiscales menores.
El temita de los millones de dólares llevó a Pinochet a un nuevo procesamiento
que no pudo terminar. El dictador murió de un infarto estando en arresto
domiciliario, recién cumplidos los 91 años. La fecha de la defunción tiene
también su punto: 10 de diciembre de 2006, 58º aniversario de la Declaración
Universal de los Derechos Humanos…
Confesando. En mi calidad de
bizkaino/vizcaíno consorte, hace muchos años que celebro San Ignacio en
Vizcaya/Bizkaia. Era el cumpleaños de un amigo que hace ya mucho tiempo que no
puede celebrar nada. La viuda de Goyo,
Maite –categoría de hermana postiza,
de las que tengo alguna más, nos mantiene juntos ese día…Todo lo escrito hasta
aquí estaba tal cual el jueves a última
hora cuando empecé a escuchar que algo asombroso ocurría en Ceuta. Solo un apunte:
El estrecho de Gibraltar sigue siendo el salto de potencial socioeconómico
mayor del planeta; mafias sí, mafias no; ultraderechas locales, transalpinas y
transoceánicas… Lo que se escucha entre menos y nada es que también hay mafias
que se sientan en tronos…


