viernes, 27 de octubre de 2017

Los unos y los otros

En este caso no se trata de un musical, ya nos gustaría a algunos. El lunes voy a estar lejos. Sigo atado a las vacaciones escolares después de jubilado. Soy un afortunado. Además pongo distancia, lo que sumará alguna sordina al monumental chapuceo en que se desenvuelve nuestra vida pública desde hace dos meses o cinco años o… media vida.

Estoy sin acabar de hacer la maleta pero el lunes puede que tenga dificultad para el acceso a una zona wifi que me permita publicar lo que podría haber escrito con más reflexión. Dejando claro que estoy en un bote pronto, me parece impresentable, lo de los unos y lo de los otros. Si se ha estado a milímetros del acuerdo hacia el mediodía del jueves,- cuando el problema más serio parecía que las elecciones autonómicas iban a coincidir con un Madrid-Barça nada menos que en otro 20D-  las irresponsabilidades compartidas acabarán pasando factura a los dos lados de la fractura. A todos.

Y sí, sigo estando orgulloso de mi equidistancia. No acabo de ver un detalle que me aproxime un milímetro a ninguno de  los dos bandos. Uno juega con fuego como en el recreo de un colegio. El otro ha encontrado el paraguas gigante que necesitaba para guarecerse de los chubascos judiciales que le caen por ser un partido eminentemente corrupto.

Equiparo el respeto a la ley, básico, fuera de ella solo hay caos y ganancia para los más poderosos, con la necesaria adaptación de la misma a los cambios sociales. Si no nos parece muy civilizado el principio del Talión, si condenamos formas de discriminación que no hace tanto tiempo estaban en los códigos legales, debemos abogar por escucharnos y ver que se puede hacer para legalizar una reivindicación que puede ser aspiración muy firme de un, aproximadamente, 5% de la población.

Lo cual ni de lejos significa que ese 5% deba imponerse al 95% restante. El intento de imposición se ha justificado precisamente en la falta de cauce adecuado… dicho todo eso, me parece que la credibilidad de los dirigentes de los dos bandos que por el momento no se disparan, es muy escasa, al menos para mí. Y que los alumnos de primero de arte dramático hubieran hecho una puesta en escena mucho más digna  el jueves 26. Y seguramente esa tónica va a seguir en los actos de hoy y de mañana. Los aplausos de los senadores del PP al anuncio del cese del gobierno de Catalunya recuerdan lo ocurrido con la guerra de Irak. Aquello no ha acabado pero salvo los traficantes de armas, nadie dice que vaya bien.

Y sí, si Mariano Rajoy hace de trilero, en la práctica, con el término diálogo, eso es justo lo que necesitamos. El otro es un alcalde de pueblo y las alcaldadas están en el  diccionario de la RAE. Cualquiera de las dos acepciones es válida para el caso:

1. f. Acción arbitraria o inconsiderada que ejecuta un alcalde o cualquier persona 
que abusa de su autoridad.
2. f. Dicho o sentencia necia.

Más aplausos para Mariano en el Senado. Falta un cuarto de hora para las once de la mañana y es viernes 27 de octubre. El enésimo día histórico de las últimas semanas.



lunes, 23 de octubre de 2017

Thelma, Louise y Soraya [Para Olivia (6)]


No recuerdo bien si ha sido un sueño, con esa mezcla de cansancio y alegría que da el recorrido por nuestras montañas o una visión diurna, justo al emprender la cuesta abajo por la canal de Culiembro, en su descenso en picado hacia el Cares, por ahí. Cuánto bien alcanzaríamos si el presidente catalán y el español, con el auxilio de su vicepresidenta, Soraya Saenz de Santamaría, una vez agotadas todas las vías de diálogo- previamente deberían empezar a hablar- se subieran a un todo terreno y apretaran el acelerador. Aunque al despertar suenen rimas terminadas como cinco.

Prometo por lo que me quede que no es papardeo frívolo. Me interesan más otros artículos. Algunas organizaciones sociales llevan tiempo trabajando de cara a una reforma de la Constitución del 78. Ahora que salen expertos constitucionalistas por todas las esquinas, y no necesariamente de las facultades de Derecho, justo ahora, convendría recordar la superioridad del artículo 14, que sería imposible en una dictadura como algunos dicen que tenemos. Otros precisan más: Estamos en un régimen fascista.

Por ahí ni me encuentran ni me van a callar. Alguna vez he dejado escrito por aquí, o por otro sitio, que el fascismo me robó al menos nueve años. En 1977, la primera vez que pude votar, ya tenía 27. Como mi memoria sigue estando bastante bien, recuerdo con precisión lo que quiere decir crecer y madurar en un régimen totalitario. Y no, no voy a callar ante quienes puedan decir que no hay diferencia con la actualidad. A pesar de… todos los pesares.

Ya tuvo la Constitución un accidente de nacimiento en relación con la organización territorial del Estado: Aquel Título VIII que estuvo a punto de abortar todo el resto. Declaraciones sobre nacionalidades y regiones que no se pudieron expresar con claridad. Diferentes vías de acceso a la autonomía. Se tendrá que manosear mucho a partir de ahora el 155 para que alcance el sobe del 143 y el 151 entre el final de los setenta y los primeros ochenta.

Y ni entonces ni ahora puedo recordar que se haya gastado mucho tiempo en explicaciones sobre las razones que hicieron blindar algunos derechos frente a otros. Como que el derecho a la Educación, artículo 27, sección primera del capítulo II, se haya podido convertir, entre muchas otras bendiciones, en una fuente inagotable de recursos públicos regalados a negocios privados en buena medida en manos de órdenes religiosas católicas. Qué desgracia tuvo el derecho al trabajo, artículo 35 o a la vivienda, artículo 47, incluso el 50, que en su defensa de la tercera edad también menciona expresamente la necesidad de vivienda de ese sector social.

En una futura revisión del texto constitucional, que tendrá que llegar antes o después de que la crisis catalana se solucione, porque se tendrá que solucionar, entonces, sea todavía siglo XXI o ya el XXII ¿se podrán equiparar algunos de esos derechos? No tiene porque ser un gran problema económico si se ahorra de tantos lugares donde se puede ahorrar. Si no se roba lo público, lo de todos, como si no tuviera dueño.

No vienen buenos tiempos, Olivia, ahora que empiezas a andar y que todavía no han pasado dos meses desde tu primer cumpleaños. Aquel choque de trenes previsto se produjo. Aquel mismo día. Pero un gobierno perezoso, un gobierno que lo es porque los que pudieron evitarlo no lo hicieron, se ha tomado dos meses para, dice, aplicar el puñetero 155. Hasta Ada Colau ha tenido tiempo de nadar, guardar la ropa, volver a nadar y sumarse a la revuelta pija. Thelma, acelera. ¿o era Louise?


lunes, 16 de octubre de 2017

Incendio en la(s) esquina(s)


No está en la Wiki. Lo dije en hipótesis: debe de estar en la Wikipedia. Y no está. Pero el efecto Montreal tiene decenas de entradas en la red. La relación bastante directa entre el esplendor de Toronto y el declive de Montreal en torno a los intentos de los nacionalistas de Quebec de separarse del resto de Canadá. Solo he estado una vez allí. En el verano de 1990. Me pareció un país que reúne lo mejor de los dos mundos de los que proviene su clase dirigente, Europa y el norte de América. Con un aporte asiático más que notable. Un complejo multicultural bastante bien llevado… que no tiene solucionado todavía la integración en igualdad de los nativos americanos.

Aquel verano de 1990 ya se había producido el primer referéndum pero las noticias diarias de los medios locales se abrían con la insurgencia de los mohawk en los alrededores de la ciudad que había tenido los JJOO en 1976. Recientemente un amigo británico que viaja por allí con más frecuencia que yo, me decía que incluso eso, que el reparto de tanta tarta también llegue a los propietarios originales, está en vías de solución. Por no introducir el relato de cómo,  mucho más alejados físicamente del conflicto sirio, han acogido  una cantidad de refugiados de ese origen unas veinte veces mayor que nuestra querida España.

Canadá. Tengo otros amigos muy vinculados a ese país. Viven en Barcelona. Ella madrileña de nacimiento. Él, mallorquín. Hijos, hermanos, nietos allí. No tienen, creo, la misma posición respecto a lo que ahora ocurre en Catalunya pero es a los primeros a los que escuché lo que ocurría en Quebec por efecto de los intentos secesionistas, un declive económico que difícilmente se recuperará. Ya hemos llegado hasta ahí. Quién sabe dónde se apurará el freno y el cambio de rumbo.

A la mayoría nos aplican la ley a diario y nos parece lo normal. No hace falta que nos guste. Es la ley y es una ley que con todas sus limitaciones no surge de una voluntad personal y autoritaria. Estar fuera de la ley no ayuda más que a los poderosos, a quienes pueden permitirse aplicar su propia ley. O intentarlo. Conducir al revés es asunto de kamikazes. Pero se puede intentar cambiar la norma. En países civilizados se hace. En Suecia se conducía como en Gran Bretaña. Ya no lo recordamos. Pero hace ahora cincuenta años que cambiaron la norma. Se tuvieron que poner de acuerdo. Miles de kamikazes no se hubieran soportado incluso en lugar tan civilizado.

Los socialistas han dudado entre negociar o apoyar a Rajoy. No todos. Un personaje que debe de tener todavía, por increíble que parezca, alguna influencia entre ellos, Alfonso Guerra, ya puso su carne en el asador. No es la primera vez con este asunto. La sensación de que todos, todos, los dirigentes políticos operan en términos electorales es insoportable en este tema.


La división en la sociedad es ya muy clara  en todos los aquís y todos los allís. Es la resultante del ellos y nosotros. Nosotros y ellos. El mayor Trapero en libertad con medidas cautelares y Sánchez y Cuixart a prisión sin fianza. Inevitable pensar en el fuero especial de los políticos. La única ganancia para aquellos que, incluso después del manoseo efectuado por Mariano Rajoy, se apuntan al cuanto peor mejor. Rajoy es gallego y Puigdemont opera como dice el tópico que operan los gallegos. Resultante: las dos esquinas peninsulares incendiadas. Galicia de verdad. Cataluña, de momento, metafóricamente.

lunes, 9 de octubre de 2017

Hablar/ Parlar


En un lunes muy especial, entre el cansancio y la satisfacción por el éxito de la carrera solidaria a la que, con muchos otros, he dedicado mucho esfuerzo en los últimos meses, voy enfocando algún episodio del fin de semana que no me ha gustado demasiado. El sábado por la mañana me sentí en la piel del genial Charlot. En aquella secuencia en la que con una bandera, presumiblemente roja, todavía no había color en el cine de 1936 cuando se rodó Tiempos modernos, Chaplin encabeza una manifestación sin habérselo propuesto y acaba detenido por la policía.

https://www.youtube.com/watch?v=4TAB4hZlc68

Llego con mi camiseta blanca, me pareció excesivo ponerme pantalón del mismo color, San Fermín había sido tres meses antes, a la plaza del Ayuntamiento. Hay más gente de la que pensaba y todavía faltan más de diez minutos para mediodía. La primera persona conocida que encuentro lleva unos carteles con la leyenda doble #Parlem/ #Hablemos. Llega un amigo de mi amiga. Es fotógrafo profesional. Le pide que levante un cartel, que quiere hacer una foto. Le pide que aguante el cartel unos tres minutos. Se va a alejar un poco para tener mejor perspectiva de la plaza bastante llena.

Mi amiga me pide que, ya que soy más alto, que levante yo el cartel que se verá mejor. Ningún problema por mi parte. Como moscas a la miel… en pocos segundos se me acerca un señor probablemente algo mayor que yo. Me pregunta con cierto tonito que qué significa (mi cartel) y le respondo que qué no entiende porque dicen lo mismo. Sigue increpándome sobre la convocatoria, que él no ha visto en el periódico. No sé cómo ha acudido hasta allí con, detalle no menor, una bandera española a modo de capa. No hay muchas en la plaza y una es la suya.

Tercer acto. Empieza a hablarme de chorizos. Se refiere a los chorizos catalanes pero yo le pregunto, ya un poco mosqueado, si se refiere al presidente del gobierno y otros dirigentes de su partido que están colapsando los juzgados de media España con sus casos de corrupción. Eso ya le parece intolerable y se marcha sin despedirse. No nos hemos cruzado ni una palabra más gruesa que otra. Bien. Yo sigo con el cartel. Quizá no han pasado los tres minutos pedidos por el fotógrafo amigo de mi amiga. Como moscas a la miel… Llega, a por mí, una señora.

Sin banderas. Ni de blanco. Colores vivos. Aire flamencote, dicharachero. En este caso la pregunta es: ¿de qué hay que hablar? Y sin espacio para mi respuesta: ¡será dentro de la Constitución! Mi respuesta: Por supuesto. Incluso de la posibilidad de reforma que contempla dicha norma suprema ¿no? Ya se ha ido con el mismo aire con el que había llegado. Una familia valenciana, que ha escuchado todo, me felicita. Están de puente festivo ya que hoy es el aniversario de la conquista de la ciudad a los musulmanes, allá por el siglo XIII… ¿Tenemos más Historia que futuro?



Mi brazo está cansado y bajo el cartel. La foto está hecha. Habrá salido ayer en algún diario, pero no será muy diferente a la mía con el cartel en el brazo de mi amiga. Creyendo que hay que hablar. Que siempre es mejor hablar que disparar, que golpear. Que hay que hablar de todo. Como se dijo en el País Vasco cuando había violencia terrorista, para el momento en que esta cesara. Se podría hablar de todo sin violencia. Por la tarde, en el mismo lugar hay otra concentración. Con muchas más banderas. Me lo han contado, yo tenía otras cosas que hacer esa tarde.


Lo voy a decir una vez más: Cientos de millones de personas incluyen entre sus creencias religiosas la imposibilidad de tomar el nombre de Dios en vano. ¿Podemos hacer algo parecido con las banderas? Con todas. No las convirtamos en anuncios publicitarios imitando a los de detergentes. Hay demasiados millones de muertos detrás de las banderas y estamos en un siglo en el que parecía que eso ya no estaba de moda. Hablemos. Parlem-ne. Hablemos de eso. De lo que hay que hablar.

lunes, 2 de octubre de 2017

Ara es l’hora


En el final de la entrada del lunes pasado hacía un leve recuento de cómo la ultraderecha va ganando espacios en diversas instituciones europeas. España ofrece un marco muy singular en ese aspecto. Hay lápidas en muchos lugares que avergonzarían en casi todos los países vecinos, pero no hay representación institucional de ese signo. Institucional. La calle es otra cosa. Abierta la caja de Pandora o de alguna vecina, confrontados dos nacionalismos frente a frente, el del lado español levanta el brazo y canta el caralsol con una facilidad pasmosa. En Madrid, en Valladolid… o el aporellosoé, incluso en la Vía Laietana de Barcelona.

Así empieza el año hidrológico, lloviendo eso sí, menos mal. Quienes no trempamos con ninguna bandera entramos en un periodo difícil. Nos van a dar, nos están dando, por todos los costados. Los del caralsol no tienen dudas para un caso de ese tipo, solo se puede ser rojo peligroso y antiespañol. Pero hay una novedad. Se ha abierto una oficina que expende certificados de verdadera izquierda. No tiene que ver con lo que hayas hecho o dicho o escrito a lo largo de tu vida. Si no te has entregado a defender la vía Puigdemont, es que no eres pura sangre de color adecuado.

El nacionalismo me parece una enfermedad. Sin vacuna conocida ni tratamiento efectivo. No conozco, en los dos siglos y pico transcurridos desde la revolución francesa, uno solo de ellos, centrípeto o centrífugo, que no se haya afirmado contra otros, con la fe ciega en ser mejor, superior, que los otros, con daños difíciles de calcular en el momento de encender la mecha. Cuando llega al lenguaje el nosotros contra ellos, con poca delicadeza, con nula posibilidad para las personas singulares, se cierran todas las vías. La imposibilidad, en nuestro caso, de que una federación, esperanza de muchos, pueda resolver el litigio.

De Rajoy me parece que casi nadie esperaba casi nada, pero hubo apuestas por la habilidad de Soraya para resolver el conflicto. En algún momento ha vivido en Barcelona, o ha viajado allí varias veces por semana. Por lo que parece para explicar que la ley es la ley, en modo barrio Sésamo y que mantener la ley era el único cometido del gobierno de España. No parece que en ningún momento se haya abierto alguna posibilidad a algún cambio en la ley. La vicepresidenta y su equipo de abogados del Estado solo han servido para que la noticia del día sea la represión implacable, a ratos salvaje, unas imágenes que se convierten en coartada para los otros.

Engels no está entre los superventas del año, pero desde que descubrí lo que sigue y han pasado más de cuarenta años, yo soy fan del socio de Marx “(…)Pasó el tiempo de los golpes sorpresivos, de las revoluciones hechas por las pequeñas minorías conscientes a la cabeza de las masas inconscientes. Cuando se trata de una transformación completa de la organización social, deben participar las mismas masas; las mismas masas ya deben haber comprendido de qué se trata, por qué dan su sangre y su vida (…)” Cuando lo leí por primera vez, el texto tenía ochenta años y era muy contestado en el ámbito de las denominadas vanguardias.

No sé, entre la directiva de la rebelión catalana, cuántos leen a Engels. En el otro frente muy pocos. Lo mejor de ayer: No ha habido sacrificios humanos, aunque a una hora de la tarde se anunció uno. La falta de cadáveres rebaja un poco las expectativas, pero hay fotos de ancianas ensangrentadas dando la vuelta al mundo… Han ganado lo que querían: La primera batalla. Las portadas de hoy de la prensa internacional. Si templan un poco los próximos días, la situación insostenible va a ser la del gobierno de España. Desde Berlín y Bruselas ya han llegado trompetazos. Mariano y Soraya no van a tener un año hidrológico muy seco.