Podría seguir buscando titulares con el Mundial de fondo gracias a Martín Caparrós. Entre los actos que he presenciado este año en la feria del libro, creo que se lleva la medalla de oro. Y han estado más que bien las presentaciones de Juan Gabriel Vásquez, y de Azahara Palomeque. Mención especial para lo que supone una experiencia entre la gastronomía y el combate diario por la vida en Gaza: El “menú de Gaza”, esquivando a ratos las bombas de los criminales. El proyecto de Mikel Ayestarán y la familia Hammad cuyos beneficios ayudan a sostener a dicha familia en su actual residencia segoviana. El libro se agotó ayer en la feria. También impresionante, por inesperada para mí, la obra sobre Enrique Granados de nuestra paisana Marta San Miguel.
Entre el partido de mañana contra
Portugal y el 250 aniversario que cumplió ayer la declaración de Independencia
de los EE.UU. me gustaría situar un par de elementos. La contribución española
a esa independencia no ha sido suficientemente resaltada ni aquí ni allí.
Empieza a aparecer con fuerza –todavía lejos de un conocimiento popular- la
figura de Gálvez. Hace ocho años,
después de visitar las instalaciones de la NASA en las afueras de Houston, y
con el recuerdo de mi tío Carlos que navegaba en un petrolero que cargaba crudo
allí, nos acercamos a Galveston. Incluso metimos los pies en las aguas del
Golfo. Ni una referencia a Gálvez.
No sé si su figura histórica es
comparable a la del marqués de Lafayette,
probablemente sí. Pero sigue muy lejos… Del espíritu de aquellos ilustrados,
europeos y criollos, juzgados con patrones actuales, se salvarían entre muy
pocos y ninguno. Solo me fijo en la
esclavitud, su normalización. Probablemente el mayor crimen de la Historia. Las
disquisiciones sobre si los negros eran humanos portadores de un alma… ¿Hay
mucha diferencia con quienes hoy creen que los inmigrantes no son portadores de
derechos? En Andalucía, el sector supuestamente moderado del PP acaba de avalar
un código negro (*) del siglo XXI. El
marxismo fracción grouchista sigue prosperando: Tenemos unos principios pero
los podemos cambiar por otros si se trata de seguir ordeñando la vaca.
Y aquí, el estado de la región y de la capital. Penoso. Todo se está cayendo sin necesidad de ningún cataclismo. La regiduría de los de “letras” después de un presidente economista y un alcalde ingeniero, deja a las ciencias sociales en un lugar oscurito. La alcaldesa no fue capaz de alcanzar un título universitario, entonces de grado medio. Y se nota. El aspirante socialista hace populismo barato demostrando que no distingue entre la temperatura del aire, medida con rigor, y sus especulaciones en las que podría parecer que Santander está en mitad del desierto del Sahara. La presidenta Buruaga confirma a diario lo que han opinado quienes estudiaron con ella: no era la más espabilada de la promoción.
Y el gran proyecto de legislatura, ahora que ya se divisan las urnas del próximo mayo, es una piscina de olas. Aprovechando que el calentamiento global parece que acabará planchando el Cantábrico. Qué gran lema electoral: Tres años de parálisis y una piscina de olas a pocos minutos de las olas de verdad. Si cuaja alguna parte del proyecto, veremos segundas residencias levantadas sobre suelo rústico gracias a un supuesto interés regional. Solo les falta la máscara para parecerse totalmente a los salteadores de caminos. Y mientras, toreando los datos. La región ha recibido el año pasado más de dos millones de turistas, la tercera parte en la capital. Pero que nadie vaya a decir que hay aquí alguna tensión derivada. Ese número de visitantes se acerca al cuádruple de la población regional. Como si el conjunto de España recibiera doscientos millones de turistas. Las diversas providencias no lo quieran.
(*) https://es.wikipedia.org/wiki/Code_Noir


