Una experiencia nueva el jueves 7 de mayo: Atravesar una porción notable de Buenos Aires, de norte a sur, muy poco después de la hora punta. El conductor, que ha participado en el maratón de Madrid y está dispuesto a hacerlo en el de Valencia del próximo otoño, por querer bordar el recorrido, no pudo tomar la salida correcta para llegar al embarque de Puerto Madero. La posibilidad de volver no se abrió hasta Avellaneda y el tráfico por un momento sugería la posibilidad de llegar tarde al barco. Rozamos el milagro pero eso no ocurrió. La travesía hasta Colonia del Sacramento, en Uruguay, mejor de lo que era previsible dado el pronóstico del tiempo y las lluvias de madrugada en Buenos Aires.
¿Vale la pena la visita a Colonia? Podría estar sobrevalorada, aunque hay alguna nota de interés. Y la amenaza de mal tiempo nos acompañó todo el día aunque hasta el viernes no se confirmó, y de qué manera, el pronóstico. El trayecto hasta Montevideo en un buen autobús de la empresa COT resulta un poco pesado y con bastantes paradas. Llegamos a la capital casi de noche. El conductor que nos llevó al hotel resultó ser un simpático iconoclasta de edad avanzada. Nos despista su acento, parece otro de los casi todos venezolanos que nos han transportado en los tres países. Pero es uruguayo, de cierta edad –similar a la mía le calculo- abuelo, que ha vivido en Caracas 45 años y tiene allí a la mayoría de su familia. Nos partimos de risa con sus comentarios sobre el héroe nacional –Artigas- o sobre el porqué la calle principal lleva el nombre de “18 de julio”. Supone que pasó algo importante pero no sabe importante para quién. Le entramos con el significado que tiene en España… Instalados en el hotel salimos en busca de un lugar para cenar. Hay un partido del Peñarol y la ciudad, con amenaza de lluvia, no tiene mucho ambiente. La cena en el local más central –Convención- de una cadena –La Pasiva- correcta, pero poco reseñable.
Y el viernes que resultó, gracias a la jugarreta de Iberia, la última jornada de nuestro viaje, los cielos se abrieron desde primera hora y la visita a Montevideo, a ratos, se hizo muy incómoda. Dedicamos bastante tiempo a solucionar el problema creado por Iberia, incluida visita a la oficina que la compañía mantiene en el centro de Montevideo. La oferta que parecía inamovible era un vuelo con escala en Sao Paulo, con la compañía asociada, Latam, para el primer tramo, que no nos dejaba obtener las tarjetas de embarque… y que alargaba la totalidad del trayecto en casi seis horas. Tratamos de poner buena cara al mal tiempo. En una semi-escampada visitamos la ciudad antigua, la catedral y…lo que resultó la joya de esa etapa: El palacio Salvo, una imagen del cual ya está en la entrada a este blog del 14 de mayo.
https://robertoruisanchez.blogspot.com/2026/05/extra-cono-sur.html
La lluvia arreció a la salida de esa
visita. Comimos en un restaurante muy genuino –Santa Catalina- cercano al
hotel. Descansamos un poco y aunque el tiempo no se arregló, la lluvia a media
tarde era un tanto respetuosa. Aprovechamos para un paseo por las librerías de
segunda mano de la calle Tristán Narvaja, nada que envidiar a las famosas de
Buenos Aires en cuanto a diseño, oferta y ambiente. Cenamos en el hotel, en
primera línea de la costanera, aquí entre la Rambla de Francia y la de Gran
Bretaña. Con un día despejado las vistas serán excepcionales: no pudo ser.
Y ya el sábado, día y medio antes de
lo previsto –de nuevo recuerdo que gracias a Iberia- y bastante pronto porque
había cuestiones notables sin resolver, Lalo,
un conductor muy simpático, nos llevó al aeropuerto que está bastante lejos del
centro.
La odisea allí, al ver que había un
vuelo directo de Iberia a Madrid que nadie nos había ofrecido… y que resultó un
vuelo retrasado del día anterior, en principio completo, nos provocó un par de
horas de bastante tensión para ver si nos colocaban. Gracias al personal de
tierra de Iberia en el aeropuerto- subrayo la gestión del personal, especialmente
la de un joven empleado de nombre Maximiliano-
al final conseguimos volar perdiendo, eso sí, un día y medio de nuestro viaje
proyectado. Al escribir estas líneas y dos semanas después de la última
comunicación, Iberia todavía no ha dado una respuesta sincera y efectiva a
nuestras reclamaciones. Vamos a seguir, claro. Hay gastos que deben asumir e
indemnizaciones reguladas que no pueden soslayar aunque de entrada, lo
intentan.
Nota: Partes de estas entradas
extras tituladas “Cono sur” se empezaron a escribir a bordo del Airbus
“Johannesburgo” de Iberia, en ese vuelo que no era el nuestro y que llegó a
Barajas en la madrugada del domingo 10 de mayo…


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