domingo, 23 de agosto de 2026

Tamariz

No soy muy aficionado a los trucos de magia. Algunos simplemente me aburren. El viernes asistí por casualidad a un espectáculo supuestamente de división menor pero que no dejó de tener algún punto positivo. Pero la semana ha tenido noticia negativa de ese campo. He empezado situándome en el sector para valorar la desaparición de un conocido representante del mismo. Y es que hace ya mucho, en aquel lejano año de los prodigios de 1992 -que para mí está marcado antes de cualquier otra cosa por la desaparición de mi padre- mi familia más cercana, nosotros dos y nuestro hijo que iniciaba adolescencia, nos cruzamos con Juan Tamariz, al que nuestro hijo conocía mejor que nosotros.

Era el Jueves Santo, mitad de abril, y en Madrid había una huelga de hostelería. Habíamos conducido por la mañana y encontramos una cafetería abierta, no sé si de esquiroles o de servicios mínimos, no muy lejos de Goya y Hermosilla. Comimos en la terraza, entré a pagar a la barra. Habíamos aparcado cerca, ventajas de las semanas santas de entonces, y nuestro vuelo a Lanzarote era bastante tarde, Decidimos pasar un rato en el Museo del Prado. Llegando a Cibeles, una sensación de alarma: la cartera. No el billetero, en el bolsillo trasero del pantalón, molestando todo el viaje. Una cartera más grande con toda la documentación… y los billetes del avión… giro rápido y vuelta hacia arriba…

Llegada a la cafetería y –nuestras caras debían ser un libro abierto- un gesto de toda la vida, tachán, y Juan Tamariz nos interrogó: “¿Buscan una cartera? Se la he entregado al camarero. Estaba encima de ese taburete” Agradecimiento eterno que pasa por contarlo hoy, aquí: Gracias eternas, mago. De un agnóstico de la magia.

No es magia, es historia real. El mismo día en que asesinaron a Federico García Lorca en 1936; el mismo día en que murió su amigo Rodríguez Rapún al año siguiente, víctima de las heridas recibidas días antes, en el inicio de la ofensiva del ejército rebelde sobre Santander, ese mismo día 18 de agosto, es el cumpleaños de mi nieto pequeño. Está muy interesado por la Historia pero todavía no me ha parecido oportuno hacerle un comentario sobre el triple significado que esa fecha tiene para su abuelo. Vamos a disfrutar un poco más de su amor por el mundo clásico, por la Odisea y la Ilíada… ya llegará el momento. Por ahora, la comida familiar, las velas en la tarta, los regalos…

Cerrando, Ceuta. Nada es fácil allí. Tengo noticia de esa anomalía territorial desde muy pequeño. No debía ser, entonces, una anomalía. Todavía existía el protectorado español cuando la hermana pequeña de mi madre, recién casada, se instaló en aquella ciudad. Una tarjeta postal con el santuario de la Virgen de África rodó por casa de mis padres durante muchos años. Mis dos primos mayores de aquella rama, nacieron en la misma casa que yo mismo. Mi tía Pepa volvía a casa de su hermana mayor para el alumbramiento. El tercero de esos primos ya nació en Málaga a donde mi tío había conseguido el traslado sin cambiar de puesto en la Compañía Transmediterránea. Los ferries entonces se denominaban transbordadores y él había cambiado Ceuta  por Melilla como destino africano… Nunca he pisado Ceuta. En Melilla pasé una jornada del verano de 1967. Mi mayor recuerdo es el calor y un temporal marítimo terrible en el viaje de vuelta a Málaga.

La herida actual de Ceuta se puede decir que tiene mal aspecto. Se ha infectado. Un fuenteovejuna de libro. Y miles de ciudadanos españoles/europeos en una situación anormal. Gobierno central, con varios ministros en danza, y administración de la ciudad autónoma, con un presidente que ha abandonado su moderación habitual para entrar al barro de la refriega partidista dominante desde hace demasiado tiempo. Que no se pueda/deba hablar claro sobre las intenciones del gobierno del vecino del sur, requeriría un consenso inexistente para que la población del enclave no quede expuesta a las ventoleras de los ardores guerreros. Pronunciarse con rotundidad sobre favorecer medidas ilegales, también debería suponer expulsiones del terreno de juego. Después de saltarse la legalidad ¿Qué capítulo se abre?

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