No haber publicado el último domingo ya indica cierta anomalía respecto a los últimos meses. Y no es la única que nos envuelve. Uso mi vacuna protectora y después de los Andes y los Pirineos, me he/nos hemos dirigido a Santiago de Compostela. Pocos partidos de esta fase previa he conseguido ver. Los dos de España y el Francia-Senegal.
Santiago. Si no cuento mal, es mi quinta visita a la ciudad, la tercera a la catedral, la segunda en la que he visto funcionar el botafumeiro… y por muchas razones, la más completa. Ya tenía un registro de récord con Santiago. Mi primer vuelo, en octubre de 1968, fue desde Santander a Lavacolla. Cosa que tantos años más tarde no es posible hacer. Hay factores que ayudan para que esta última visita me haya enganchado más que las anteriores, por ejemplo, tener menos prisa, menos ansiedad por ver todo y rápido y, fundamental, un familiar cercano, residente allí desde hace cuatro años, que tiene todo el mérito para que esta visita haya sido la más importante, la más completa, Gracias, Daniel. Ha sido mucho más que ser acompañado por un nativo…
El único inconveniente de la visita,
y nadie a quién culpar, el exceso de calor. El mismo que está aquí ahora, ya de
vuelta, pero que la semana pasada no había aparecido todavía por la franja
costera. Otro inconveniente: la vida en Santiago lleva siglos basada en el
peregrinaje. No es lo mismo ir unos días que vivir allí. Creo que sería
demasiado incómodo vivir, al menos en el casco histórico de la ciudad. Con
calor, con ventanas abiertas, el bullicio callejero, que no acaba ni de
madrugada, se cuela en las habitaciones…
No quiero dejar en penumbra las
anomalías que citaba al principio. Del mismo modo que hace unas semanas guardé
un párrafo de Irene Vallejo que
todavía no he colocado en este blog… la sabiduría extraordinaria de esa mujer
hace que rebusque ahora hasta encontrarlo: “(...) No es cierto que
lo natural sea siempre bueno y lo cultural no: en la vida salvaje pueden
devorarte vivo, pero no te graduarán unas gafas ni recibirás un trasplante de
corazón.(...)”
Lo de las gafas nos sigue costando dinero a la mayoría, a casi todos/as. En cambio, un trasplante de corazón en esta España que muchos creen que está a punto de defunción, es gratis. ¿Dónde más? En muy pocos lugares de este planeta. Todavía quedan unos días para presentar la declaración del IRPF… Porque el trasplante y muchas cosas más, no son exactamente gratis. Lo pagamos entre todos/as que es la manera de que llegue a todos/as; a quienes podrían pagarlo de su bolsillo y al resto. Por eso, no puede haber perdón para quienes dilapiden los recursos de todos, los que a veces resultan condenados y otras absueltos, o casi. De la misma bolsa salen los sueldos, a veces bastante voluminosos de algunos servidores públicos que creen estar por encima del bien y del mal…
Otra anomalía poco importante salvo para mí, ha estado a punto de pasar desapercibida. Alguien sigue este blog con intenciones desconocidas. No es la primera vez que detecto un número de entradas/lecturas exageradas. Ninguna como la que ha ocurrido estos días. Me ha dado tiempo a documentarla. En caso contrario podría parecer una “ida de olla” propia. Más de seis mil visitas en un solo día, la mayoría de las mismas desde EE.UU…Con todo lo que sucede por allí últimamente y ahora no me refiero al Mundial de fútbol, no sé si se puede estar medianamente tranquilo.
Después del cambio de gobierno de marzo de 1996, un ilustre
académico ahora nonagenario, que cree que solo nuestra pertenencia a la Unión
Europea nos libra de un nuevo 1936, admitió que la conjura para el cambio había
existido. Él había sido uno de los conjurados. Dicha anomalía pudo quedar
reducida a un grupo de periodistas, muy influyentes, sí, pero no dictaban
sentencias. No sé si habrá un nuevo Ansón
que aclare todo lo que va pasando en los últimos años, meses, días…


















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