Mañana, día de San Pedro, se cumplen cuarenta años de un regreso que en la vida familiar se puede parecer al de Mac Arthur a las Filipinas. Yo no pronuncié un solemne “Volveré”, en octubre de 1970, cuando abandoné el hogar paterno, pero en alguna parte del fuero interno la decisión estaba tomada y pudo cumplirse. Ningún arrepentimiento sobre mi etapa barcelonesa, absolutamente ninguno. Además de la Universidad oficial, usé otras muchas universidades que estaban allí, ya entonces, al alcance de mis manos y mi voluntad. Y el día del regreso se jugaba la final del Mundial de México que no pude ver. Estábamos de mudanza. Precisamente ese día. En la madrugada del sábado, mientras España trataba de ganar a Uruguay, mi hijo y yo nos cruzamos mensajes-recordatorio. Él tenía seis años y llevaba ya varios interesado por el fútbol. Tuvo que recurrir a unos vecinos para ver esa final. En casa no se podía circular. La mudanza dejaba las cosas donde podía y no era una prioridad conectar el televisor…
Lo de la última entrada a este blog, en el sentido de visitas extrañas y a millares, se ha superado días después. También con los EE.UU. como lugar de origen de esas visitas. Ahora mismo, mediodía del domingo, el contador del blog supera ligeramente las 275.000 –desde septiembre de 2010. Pero es que más de 20.000 son de este mes de junio. Prefiero hacerlo público, nunca había pasado en estas cantidades…Y algo más sobre cuestiones
familiares. El pasado miércoles, día de San Juan, -qué buenos santos tiene
junio: Pablo, Antonio, Luis… y los ya citados- mi prima Salomé ha cumplido 90 años y nos hemos juntado para celebrarlo.
Ella también pasó una parte notable de su vida en Barcelona, lo que estrechó
nuestro contacto. Pero además, mi infancia está ligada a la casa de sus padres
en el pueblo, un veraneo que permitía ayudar en las tareas del campo además de
disfrutar de ratos de playa y monte… Mi padre era el pequeño de once hermanos y
yo soy el pequeño de mis hermanos. Las diferencias de edad con esa parte de mis
primos, nunca fueron notables a la hora de establecer relaciones. Y quiero
subrayar que algunos de ellos eran casi de la edad de mi madre, que, por otra
parte, era la mayor entre sus hermanas. Es decir, el abanico de edades de mis primos
se ha movido en un arco amplísimo. Muchos ya han desaparecido y el más joven de
la parte materna todavía es cincuentón. Salomé queda, perfectamente entera,
como una matriarca depositaria de muchos recuerdos familiares que los demás no
hemos tenido… El mero hecho del nombre. Salomé se llamaba la madre de mi padre
que ni mis hermanos ni yo conocimos pues falleció cuando mi padre todavía
estaba soltero. Desde entonces, al menos ocho Salomés ha habido en la familia…
A quienes nos importa la familia, de
verdad, sin postureos, nos produce
algo más que asco que se utilicen “recursos” como el del aspirante a presidente
del gobierno por parte de la derecha conservadora. La que se erige en máxima
defensora de la familia, al menos en teoría. La buena educación parlamentaria
hace años que saltó hecha añicos en los usos de nuestras instituciones pero lo ocurrido ese
mismo día de San Juan, cuando mi prima cumplía 90, ha descalificado – para mí
eternamente- al candidato.
Sin ninguna necesidad, absolutamente
ninguna, se le ocurrió mentar al padre del portavoz socialista, Patxi López. No hace falta más para
(des)calificar al elemento. Pero hay más. Tiró la piedra y escondió la mano. No
estaba en su escaño cuando el hijo del mentado salió al rescate de la memoria
de su padre. Y solo le llamó “ruin”, que tiene varias acepciones en el
diccionario de la RAE pero me voy a quedar con los términos contrarios: Honrado
y digno. Eso es lo que no es Núñez F.


















