Publicado en El Faradio del lunes 16
¿Escribir o no
escribir? He tenido la tentación de seguir leyendo y no hacer mi acostumbrado
comentario semanal. Así, dentro de un tiempo, el agujero en las publicaciones,
en mi blog o en algún medio de confianza, señalaría la crisis del puñetero virus.
Hay más opciones. Por ejemplo, escribir y congelarlo. Y el título va por ahí. Las preguntas que no hice puede que me/nos
ayuden en el futuro. Habrá tiempo para hacerlas. O no.
Es mi contribución,
no sé si patriótica o simplemente anticuñadista, para no dar la varita, ahora
que vamos despacio, tralará, reenviando todo lo que nos llega, justo o no,
alarmante o no… Si a la ilustre coplista se le acabó el amor de tanto usarlo,
se nos van a caer las redes de fibra, natural o artificial, de tanto usarlas.
Una desconocida, eso pasa en los grupos de whatsapp creados con una finalidad y
utilizados con cientos de ellas más, esa desconocida en su último insomnio, la
pasada madrugada, ha creído patriótico mandar un video de cinco minutos en el
que una experta nos indica como lavarnos las manos. Apasionante.
Nunca me gustó el
género de ciencia-ficción, que tantos adeptos tiene, y ahora estamos metidos en
algo muy parecido. Los expertos podrían decir cuántas pelis de virus han visto.
Y cómo se resolvía el tema. Yo declaro mi total incompetencia. Somos todos muy
listos, después de visto (lo que sea) o mañana, como dice la señora madre de
una amiga de mi compañera.
Pero todo cambia de
hora en hora. La OMS no declaró la pandemia hasta el miércoles 11. Ese mismo
día miles de ciudadanos españoles entendieron que tenían vacaciones extra y se
dirigieron a sus segundas residencias, en la costa o la montaña, extendiendo el
virus. Si el gobierno hubiera declarado el estado de alarma el martes,
anticipándose a la OMS, no quiero pensar en la tinta derramada seguramente por
los mismos que hoy le afean su lentitud. Nadie debería entender que me parece
bien todo lo que hace el gobierno, pero conozco un poco el arte de navegar. Sin
patrón que tome decisiones lo más fácil es hundirse.
Ese mismo día 11,
una pareja de buenos amigos de viaje por Holanda y Alemania nos comentaban que
por allí estaban perplejos por la histeria colectiva que nos había entrado en
el Sur. Un par de días más tarde esa frontera entre Holanda y Alemania, y otras,
están cerradas. Pocos días antes yo mismo pensé que era un rasgo insolidario
que Austria cerrara su frontera con Italia… En Comillas, y en La Manga del Mar
Menor, y en muchas localidades de veraneo en toda España, ahora mismo lamentan
no haber podido cerrar esas fronteras interiores… La responsabilidad individual
cuenta más que nunca.
Ayer domingo, el
Nuevo Herald de Miami titulaba: “ Se acabó la fiesta”, para anunciar cómo en el
sur de Florida, con núcleos vacacionales de rango universal, Miami Beach, Fort
Lauderdale, West Palm Beach… se imponen medidas que hace un par de semanas me
hubieran pillado allí y me hubieran dificultado enormemente la vuelta a casa.
Hoy, mientras el presidente más irresponsable de su Historia sigue con sus
chorradas, alcaldes y gobernadores van tomando sus propias medidas. Sin un
sistema universal de sanidad pública, EE.UU puede dar cifras escalofriantes en
comparación con lo que ha sucedido hasta ahora. O no.
Con días de retraso
o de adelanto, lo que ya no ofrece la más mínima duda es el carácter enorme de
la crisis financiera y económica, y social, que se nos viene encima. Hoy lunes,
un valor bursátil de referencia, como el Santander, vale la mitad que hace un
mes. Gracias al virus, la bronca en la Junta anual de accionistas este año será
on line.




