martes, 18 de febrero de 2020

Los conflictos del tránsito energético


Y la talla de las respuestas. Escasa. Una talla mínima, XS. No damos para XL pero una M nos podría haber sentado bien. Con el horizonte de una L en pleno ataque de optimismo. Pero no. El capitalismo de casino, antiliberal, conseguidor de subvenciones públicas contra la amenaza de desempleo…, contaminante, con gestores más que dudosos... Sniace y Torrelavega son hoy una fiebre que da muestras de una enorme infección: Cantabria lleva 60 años en declive industrial. Es mucho tiempo para que grandes problemas se intenten responder con ocurrencias de infantil o primaria y una vez más, a ver  qué queremos ser de mayores.

Ha habido empresas que han actuado como un auténtico espejismo. Casi todas las que aquí dieron cientos o miles de empleos directos. SNIACE, una parte más oscura que SEAT, en la devolución de favores a Italia por la ayuda prestada al bando ganador de la guerra civil. Una empresa que venía de mucha seriedad, la mayor de Italia cuando Mussolini llegó al poder, con Agnelli al timón, y que hace ya diez años que cerró totalmente después de algún sufrimiento también allí. La de aquí, de crisis en crisis, se enfrenta ahora a la mayor de ellas. Detrás, un reguero de desolación social y medioambiental y la insensatez, palabras de su presidenta, como mejor vía para adaptarse a lo nuevo.

Hay un mal común en empresarios de vía estrecha y políticos de nivel más estrecho todavía: Son muy existencialistas, a pesar de no haber leído a Sartre, la culpa, el infierno, siempre son los demás. Ellos han nacido para mandar y cobrar. Cobrar muy bien en comparación con lo mal que mandan. No es ajeno a ese delirio un pecado original del nacimiento en la etapa de la autarquía, la no competencia y la organización empresarial copiada de la militar. Pero después de más de cuarenta años de democracia, todo eso se entiende mucho peor. Salvo que recurramos al tema de las puertas giratorias. Y en cualquier caso, si todo viene mal hecho de fuera ¿Para qué los necesitamos?

Hace pocas semanas el consejero de Industria no tuvo empacho en confesar que se había enterado por la prensa de que a Cantabria no iba a venir ni un euro de las ayudas europeas a la descarbonización. Al conjunto de España puede que no llegue ni el 1% de esas ayudas. La política, aquí y ahora, ha autorizado a la oposición a criticar lo que han hecho ellos mismos cuando eran gobierno. Y eso funciona en todos los sentidos y, que se me entienda bien, en Cantabria el bipartidismo es un trío. Modernos de toda la vida.

El 10 de julio de 2018, cuando la U.E reunió a las partes interesadas, el gobierno surgido de la moción de censura llevaba cinco semanas en activo ¿Los anteriores no habían preparado nada? Y la propaganda. Otra herencia. Todavía en agosto pasado los titulares de la prensa comprada anunciaban que la fibra del futuro se iba a fabricar en Torrelavega. Un  titular de moda en los años cuarenta. Y ahora, como el titiritero, de feria en feria, nos vamos a romper las caras para ver a quién le colocamos la culpa mayor. Premio al relato. Otro relato. Otra de relato. Y la segunda ciudad de Cantabria que en poco tiempo puede dejar de contar entre los municipios de más de 50.000 habitantes. Dejar de contar.


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