miércoles, 3 de junio de 2026

Cono Sur (4) B.A.

 

El último martes de abril llegamos a Buenos Aires hacia mediodía. El tiempo era muy estable y tuvimos buena visibilidad sobre la enormidad del continuo urbano. Dedicamos la tarde a reconocer la Recoleta, y tratar de comprar una tarjeta SIM local, lo que no conseguimos hasta la mañana siguiente. Tampoco fue fácil en Chile. Supongo que por motivos de seguridad hay que realizar una serie de trámites que hacen muy complejo un asunto que, por ejemplo, hace doce años, en África, era increíblemente sencillo. Muy recomendable el Sanjuanino, de la calle Posadas, lugar de nuestra primera cena bonaerense que no sería la última.

El miércoles un larguísimo paseo nos llevó a San Telmo, donde comimos, y a la Boca, pasando por la famosa librería Ateneo, el teatro Colón, el Obelisco… Después de comer atravesamos el Parque Lezama y entramos en uno de los barrios quizá más famosos del mundo. Maradona y Messi lo presiden todo. Tomamos un colectivo, o sea, cogimos un autobús –lo que allí provoca carcajadas- para volver a la Recoleta. Es muy fácil el transporte público en Buenos Aires. Aunque la red de metro (Subte) no es muy extensa, los autobuses suplen más que dignamente y se paga con cualquier tarjeta de crédito o débito a un precio aproximado de medio euro si no se sale de las áreas centrales.

El jueves cerramos nuestros pasajes para Uruguay. Hubo alguna dificultad con la web y acudimos a las oficinas de la naviera en Puerto Madero. Después, nos acercamos de nuevo por San Telmo con idea de hacer la típica fotografía con Mafalda. Misión imposible. Se les había ocurrido a la vez a decenas de personas. No recordaba yo tanto éxito en mi primera visita a la ciudad. Seguimos hacia la plaza de Mayo con idea de encontrarnos con las abuelas. Haciendo tiempo visitamos la Catedral y el Cabildo y con lo que nos encontramos fue con una manifestación imponente que adelantaba el 1 de mayo. Almorzamos en el Tortoni y en ausencia de los pañuelos blancos, seguimos hacia Corrientes y volvimos al teatro Cervantes, el Colón no tenía programa ese día, pues nos habían dicho que quizás a última hora podíamos conseguir alguna entrada. Lo logramos.

El 1 de mayo hicimos muchas gestiones para los días en Iguazú y nos dimos otro enorme paseo hacia Palermo, donde comimos en una terraza. El tiempo todavía se mantenía bueno, un punto cálido. Esa parte cambió al día siguiente. Con un impresionante cielo muy limpio, el viento había girado y venía bastante frío. Recorrimos por la mañana de nuevo el centro, los alrededores de la plaza de Mayo y nos encontramos con una curiosa muestra folklórica en los jardines del Cabildo. Tras un descanso a primera hora de la tarde, acudimos a la ESMA al atardecer. Aunque está ya contado en alguna entrada anterior, y la foto de Taty Almeida también se ha incluido a posteriori, no tenemos ninguna razón para ocultar que esta tarde del 2 de mayo se sitúa entre lo más destacado de este viaje. Ahora va una foto en la que hay una silla vacía entre la de Taty y la mía. La había ocupado hasta poco antes el alcalde de Avellaneda. También está relatado en una entrada anterior. El Racing de aquí todavía era equipo de Segunda. Volvimos a cenar al Sanjuanino.

Y el domingo día 3, dedicamos la mañana a la recogida y separación de equipajes. Una parte se quedaba en Buenos Aires. En Iguazú no íbamos a necesitar ningún abrigo. Ya habíamos hecho lo mismo en Santiago para ir a Atacama. Tuvimos algún incidente cómico en el Aeroparque. Faltó muy poco para volar a Bariloche, en un error que todavía no encuentra explicación razonable y ya en el vuelo a Iguazú, también tuvimos alguna historieta con los asientos –duplicadas las tarjetas de embarque…- . Llegamos ya de noche y el hotel – Guamini Misión- nos sorprendió positivamente. Estaba un poco lejos del centro pero era de una categoría muy superior al precio pagado. Cenamos allí mismo y a la hora del desayuno también comprobamos que la elección había sido muy buena. Estábamos literalmente sobre el Paraná, rodeados de ambiente tropical y de aves propias del lugar.

Habíamos encargado el traslado al Parque de las Cataratas al mismo taxista que nos llevó la tarde anterior del aeropuerto al hotel y todo salió redondo. Ni siquiera había muchedumbres en la entrada. No sé bien qué se puede contar de este espectáculo natural que no se haya dicho ya. Al principio, primer recorrido, me pareció que no era para tanto… Poco a poco, con los otros dos recorridos, enmendé la primera impresión. Es un lujo descubrir a esta edad algo tan impresionante. El clima aquí permite bañarse al atardecer en la piscina del hotel y salir a ver la puesta de sol muy cerca del hito de las tres fronteras.

Al día siguiente, la orilla brasileña. Mejores vistas con menos recorrido y mayor concentración de gente. Hay un punto concreto al que, incluso fuera de temporada, no es posible acercarse dada la multitud. El miércoles fue un día de tránsito. Volar de vuelta a Buenos Aires, cuestiones de intendencia –lavandería-, cena en la Cantina de la Recoleta… y, descubrimiento de que a punto de terminar un viaje casi perfecto hasta entonces, llegaba el borrón por cuenta de Iberia que nos había cancelado el vuelo de Montevideo a Madrid y no había considerado la posibilidad de comunicárnoslo… continuará.

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