domingo, 31 de mayo de 2026

Cono Sur (3) Santiago

 

La capital chilena es una ciudad de grandes contrastes, de la que sabemos poco en comparación, por ejemplo, con Buenos Aires y que vale la pena conocer más y mejor. Santiago del Nuevo Extremo fue como la bautizó Valdivia en 1541 y es que aunque ya se tenía referencia de la enormidad del Pacífico, aquello, con pocas dudas, era un extremo del mundo conocido.

La estancia en Santiago tuvo dos etapas debido a un evento que finalmente fue suspendido. Un concierto que iba a celebrase el 25 de abril en el Estadio Nacional, con Quilapayún, Inti Illimani…no tuvo finalmente autorización. Todavía estamos pendientes de la devolución del importe de las entradas. Como nos enteramos de ese acto cuando ya teníamos algunos vuelos comprados, pudimos meter la visita al desierto de Atacama entre las dos estancias en Santiago. La mañana del domingo 19,  a la vuelta de Punta Arenas, se cargó de emociones. Nuestro alojamiento estaba bastante cerca de La Moneda y hacia allá caminamos. Poco antes nos encontramos con una marea roja, una ciclada familiar, patrocinada por el Banco Santander y junto al monumento a Salvador Allende, otra marea roja, un acto del Partido Socialista que terminó con una versión de la Marsellesa cantada a coro por los asistentes con una letra diferente a la original.

La sesión mañanera terminó en el Museo de la Memoria. Imprescindible para calibrar el horror vivido allí hace medio siglo. Poco después de nuestra visita el Museo ha recibido el premio Rey de España a los derechos humanos. La tarde fue familiar. El rescate de una amistad trabada en Colombia en noviembre de 2010, nos permitió introducirnos en la familia de Gonzalo. Uno de los hitos de este viaje. Con ellos disfrutamos también el domingo siguiente, a la vuelta de Atacama.

Un par de letreros que ya figuran en anteriores entradas de este blog, dan cuenta de masacres que están a punto de cumplir su quinto centenario. La otra, más reciente, la que documenta el mencionado Museo de la Memoria, nos dirigió a la Biblioteca Nacional, ese 20 de abril, un lunes lluvioso, sin la posibilidad de recurrir a ningún museo. Revisar publicaciones de los primeros días de septiembre de 1973, es lo que hicimos, dan buena prueba de que el golpe de Pinochet se veía venir…

Frente a esa Biblioteca se alza el hotel Mercure. Sorprendentemente ofrece un menú degustación de mucha categoría a un precio muy asequible. El tema precios es difícil de explicar. Nuestra sociología urbana se nutre de taxistas y de otros trabajadores de servicios, hostelería, lavanderías… Entre los conductores, lo mismo en Chile que en Argentina, abundan los exiliados venezolanos, con ideas bastante diversas sobre la situación actual en su país. Uno, en Buenos Aires, se declaró partidario de Milei y pese a tener una vida muy poco confortable, parece que era mejor que la de su novia dedicada a la enseñanza…

Un mínimo común en los dos países es la carestía en general, la dificultad de la vida cotidiana, y la falta de medidas que ambos gobiernos han dejado pasar para hacer frente a la subida de precios de los carburantes debido al ataque a Irán. Con un sueldo mínimo inferior a la mitad del español, la gasolina tanto en Chile como en Argentina es más cara que aquí.

El sábado 25, anulado ya el concierto, dedicamos la mañana a pasear, cuestiones de intendencia, lavandería, etc Uno de nuestros alojamientos en Santiago estaba al lado de la Cámara de Comercio de España, un vecindario residencial muy tranquilo. En Buenos Aires tampoco estuvimos lejos de la bandera, en ese caso de la del Consulado General en la Recoleta. Por la tarde subimos al cerro San Cristobal y acudimos al estadio, en donde en lugar de nuestro concierto había un partido de fútbol de la máxima rivalidad, Universidad de Chile contra Universidad Católica. Ganaron los laicos. En los alrededores del Estadio Nacional, la memoria de Víctor Jara se nos imponía: Te recordamos, Víctor. Cerca del alojamiento encontramos un restaurante peruano, abundan en Santiago, de muy buen aspecto. La sorpresa es que ofrecían un tenedor fácil, a lo que nosotros, supuestamente más alejados del inglés, denominamos buffet libre…

El  domingo 26 se celebraba el maratón de Santiago. Quedamos con Gonzalo y su familia cerca de nuestro alojamiento y a la vez fuera de vernos copados por la carrera. La generosidad de esta familia nos ayudó a ganar en comodidad para una de las etapas que nos parecían imprescindibles: visitar la casa-museo de Neruda en Isla Negra, que no podíamos dejar para el lunes, por cierre, y el martes ya era nuestro vuelo a Buenos Aires. Una especie de peregrinación laica, pese a muchos pesares… No pude evitar, desde primera hora, entonar las partes que recordaba del Canto General, en la versión de Mikis Theodorakis con María Farantouri y Petros Pandis, la misma que suena mientras escribo, en este domingo en el que el Racing, ya ascendido, se ha proclamado campeón: “Era el crepúsculo de la iguana…”

La visita al museo no defrauda para conocer mucho más sobre el Nobel chileno y el recorrido por la costa, con almuerzo en El Algarrobo, en un restaurante que presume de visitas de postín, incluida la del propio Neruda, y donde la reineta no es una manzana y se convierte en un riquísimo túnido austral. También la antigua factoría ballenera de Quintay fue un hallazgo que no hubiéramos descubierto de haber viajado solos. Llegamos de noche a Santiago y la despedida de Gonzalo y su familia fue, a la vez, triste y prometedora. Esperamos acogerlos aquí.

El lunes se celebraba la Virgen de Montserrat, puede que fuera el motivo de conocer la absolución de Jordi Pujol debido a su estado de salud… Nosotros volvimos a la costa, ahora en transporte público muy cómodo, Turbús. El paseo por Valparaíso merece la pena y el traslado rápido, mediante un tren de cercanías, EFE, hasta Viña del Mar, también vale la pena dada la fama del lugar aunque una de sus principales atracciones, el reloj de flores, estaba en reparación. Otro sobresalto de precios: Una limonada en un sitio elegante, Nogaro, junto a la playa, puede ser más cara que el billete del autobús desde o hacia Santiago. La cena en un chino de la calle Suecia cerró, dos semanas después del inicio, la etapa chilena de este viaje.

 

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