domingo, 8 de febrero de 2026

¿Solo en gastronomía?


Necesito una tregua. Conmigo mismo. Hoy no toco temas serios como las elecciones en Portugal o en Aragón. La RAE advierte de que el adjetivo “gilipollas” es malsonante pero, aunque esto no lo dice la RAE, su uso está muy extendido. Necio, estúpido, pero como admite el doble artículo, el/la, también tenemos la versión femenina: Necia/estúpida. Como en los versos de Blas de Otero: Aquí no se salva ni Dios… Aumenta día a día la sensación de que vivimos en un tiempo en que necios/as y estúpidos/as han alcanzado el timón o están a punto de hacerlo. Y no hace falta cruzar el Atlántico, por mucho que allí desde hace un año los gilipollas se hayan multiplicado. Ni tan siquiera recurrir a Bruselas, frecuentemente citada como origen de todos los males – y de mucha financiación extra-. Sin salir de nuestro trozo mayoritario de Península Ibérica, los y las gilipollas están a punto de desbordarse como tantos ríos…

Y llueve, llueve como nunca, al parecer, aunque no en todos los lugares. Ya no es que nunca llueva a gusto de todos es que donde cargamos con la fama -merecida- de “padecer” mucha lluvia está lloviendo poco. Y es otro de los lugares comunes de un país tan centralizado pese a esa estructura autonómica de la que nos dotamos hace ya tanto tiempo. Si llueve en Madrid parece que no queda rincón seco. Y la lluvia en Sevilla ha dejado de ser maravilla. Ahora que ya casi nadie ignora que uno de los puntos más lluviosos de la Península se encuentra bien cerca del extremo sur de la misma, se ha hecho la comparación: En Grazalema este enero ha llovido tanto como en Santander en todo un año. También podían haber dicho que este enero ha llovido allí su propia ración de medio año.

Y luego tenemos el asunto de la Candelaria y la marmota que se ha cruzado con toda esta situación. Según saberes ancestrales, al invierno le faltan semanas en la costa Este de Norteamérica – como siempre- y en Cádiz debería haber acabado ya. Aquí llovió el día 2, pero muy poco. Hacia el 20 de marzo ya sacaremos cuentas de si sí o si no. Y es que me he encontrado con ese titular de un columnista famoso, -Jabois- y no puedo dejar de preguntarme si podemos reducir el imperio de la gilipollez al ámbito gastronómico. A nadie se le ocurrió levantar la voz cuando se reservaba mesa en algún templo de esos para dos años más tarde, o cuando la tercera estrella Michelin suponía un aumento del precio del menú degustación a medio salario mínimo mensual sin bebida. Menos mal que después se elevó el salario mínimo…

De toda la gilipollez andante que nos rodea, en las dos orillas del océano, mis “preferidos/as” son los y las que usan vocablos y expresiones inglesas sin necesidad. Como lo de no usar el nombre de Dios en vano.  A ver, que ya sé que las lenguas evolucionan y que se prestan palabras entre ellas. No hablo de eso. Salvo Abascal casi nadie entendería ahora a uno de sus “españoles” del siglo VIII, de cuando Tarik y Muza. –Conocemos su erudición histórica: aquí había españoles y nos invadieron los “moros”. Los invasores anteriores no sé a quiénes se encontraron. Y los anteriores a los anteriores…-

El mundo de la tecnología, de la informática, ha catapultado muchas palabras inglesas a otras lenguas. Vale. Pero las que tienen traducción exacta y fácil ¿por y para qué? Pues por la gilipollez que nos invade. Y hay víctimas. En qué estaría pensando Núñez Feijóo en su visita electoral a una industria cárnica en  Binéfar, Huesca, para que FRIBIN Foods, -Frigorifícos de Binéfar- el nombre de la industria, se convirtiera en algo que sonaba a “brifin”, ocho veces ocho. Probablemente fueron los “foods” los que le llevaron al ¿briefing? Y eso que el dirigente popular no sabe inglés. Y la razón por la que una industria cárnica de Huesca se apellide “foods” quizá se quede en el apartado de la “gastrogilipollez”.

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