domingo, 4 de enero de 2026

Discursos

 

A modo de fe de erratas. En mi felicitación de año nuevo se me quedó en el tintero virtual el centenario del fallecimiento de Gaudí. Con todo respeto a su obra, o por eso, ni mi estancia larga en Barcelona, -15 años- ni mis visitas posteriores, han hecho que mire con más simpatía el producto final en que se está convirtiendo la Sagrada Familia. Dos veces he pagado esa entrada, dos. Cambio. 

Probablemente es tramposo por mi parte, pero a quién le interesa ahora el discurso del rey cuando ayer terminó la comparecencia del presidente. El rey es el de aquí y el presidente el de todo el mundo. Actúa como si lo fuera. Nadie le pone freno. Debe ser que lo es. Aviso, sigo siendo de inclinación republicana por encima de la monárquica y no me cae bien Maduro, de siempre. Como cualquier usurpador. Por clarificar aún más. Si me ha gustado el mensaje de fin de año del rey no es porque me haya convertido. Si me parece un delito contra el derecho internacional el cometido por la fuerza militar de los EE.UU. en Caracas no es porque yo sea especialmente chavista, ni bolivariano y mucho menos madurista. Tras la catástrofe terminada hace 80 años el mundo se dotó de un orden que mal que bien, con notables diferencias y desigualdades, nos ha protegido. Sí, a unos más que a otras. Y ese orden se lo están/nos lo estamos cargando. Ese es hoy mi lamento.

Felipe VI ha cambiado de asesores. Tres hurras por el nuevo equipo. Una lástima que no tuviera uno mejor hace ocho años, cuando le salió la vena… Pero actualmente, un discurso cortito, en una noche familiar, con alusiones directas al lenguaje que emplean  algunos de nuestros representantes, la de la fruta o la del “rearme criminal”- Belarra- o la piedad con los más vulnerables que expulsa a los Albioles y los Abascales al crujir de dientes infernal. Es verdad que me he hecho mayor. Es la primera vez que he visto,  completo y atento, el discurso navideño  del jefe del estado… Ah! Una crítica muy severa que ha recibido: Ha tardado mucho en referirse a la crisis de la vivienda. Ya. ¿Y los que deben hacer algo? ¿Han llegado mucho antes?

Vuelvo al Caribe en un recorrido de la memoria. No había tenido mucha relación con Isidro Hoyos ni como sacerdote ni como abogado laboralista. Algún encuentro en el edificio de los sindicatos de la calle Santa Clara la última vez que me dejé “engañar” por un amigo para participar activamente en la vida sindical… y unos diez años más tarde, mientras aquí llegaba la marea negra del Prestige y cuando parecía que se había solucionado positivamente un nublado que había amenazado gravemente nuestra vida por el costado de una enfermedad…Había que celebrar la vida. Nos pedimos un permiso especial y nos fuimos a Cuba. Una maleta grande, completa, llena de ropa y medicinas, le entregamos  a Isidro en la Plaza de la Revolución. Allí cerca fue la cita... Se acompaña una prueba gráfica. de la que soy autor.

Volví a la Habana con mi hijo y María. La enfermedad había vuelto a atacar y esta vez su triunfo fue inapelable. La tristeza se refleja en una foto de la madrugada del 1 de enero, 51º aniversario de la entrada de los barbudos en La Habana. Mi hijo y yo en el muro del Malecón, camino del hotel. Autora: María…también llevé una maleta que entregué en una parroquia, la más cercana al hotel. Isidro, después de unos acontecimientos que alguna prensa no dudó en guionizar como una película de terror, con resultado, sí, de muerte de sus dos compañeros sacerdotes,  había vuelto a casa. Durante la pandemia traté de encontrarme con él, en Corbán, pero me lo desaconsejaron… No llegué a tiempo al funeral de Isidro. Hoy he vuelto al tanatorio. Nuestra amiga Mercedes se ha quedado huérfana...

 

 

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