A modo de fe de erratas. En mi felicitación de año nuevo se me quedó en el tintero virtual el centenario del fallecimiento de Gaudí. Con todo respeto a su obra, o por eso, ni mi estancia larga en Barcelona, -15 años- ni mis visitas posteriores, han hecho que mire con más simpatía el producto final en que se está convirtiendo la Sagrada Familia. Dos veces he pagado esa entrada, dos. Cambio.
Probablemente es tramposo por mi parte, pero a quién le
interesa ahora el discurso del rey cuando ayer terminó la
comparecencia del presidente. El rey es el de aquí y el presidente el de todo
el mundo. Actúa como si lo fuera. Nadie le pone freno. Debe ser que lo es.
Aviso, sigo siendo de inclinación republicana por encima de la monárquica y no me
cae bien Maduro, de siempre. Como
cualquier usurpador. Por clarificar aún más. Si me ha gustado el mensaje de fin
de año del rey no es porque me haya convertido. Si me parece un delito contra
el derecho internacional el cometido por la fuerza militar de los EE.UU. en
Caracas no es porque yo sea especialmente chavista,
ni bolivariano y mucho menos madurista.
Tras la catástrofe terminada hace 80 años el mundo se dotó de un orden que mal
que bien, con notables diferencias y desigualdades, nos ha protegido. Sí, a
unos más que a otras. Y ese orden se lo están/nos lo estamos cargando. Ese es
hoy mi lamento.
Felipe VI ha cambiado de asesores. Tres
hurras por el nuevo equipo. Una lástima que no tuviera uno mejor hace ocho
años, cuando le salió la vena… Pero actualmente, un discurso cortito, en una
noche familiar, con alusiones directas al lenguaje que emplean algunos de nuestros representantes, la de la
fruta o la del “rearme criminal”- Belarra-
o la piedad con los más vulnerables que expulsa a los Albioles y los Abascales al
crujir de dientes infernal. Es verdad que me he hecho mayor. Es la primera vez
que he visto, completo y atento, el
discurso navideño del jefe del estado…
Ah! Una crítica muy severa que ha recibido: Ha tardado mucho en referirse a la
crisis de la vivienda. Ya. ¿Y los que deben hacer algo? ¿Han llegado mucho
antes?
Volví a la Habana con mi hijo y María. La enfermedad había vuelto a atacar y esta vez su triunfo fue inapelable. La tristeza se refleja en una foto de la madrugada del 1 de enero, 51º aniversario de la entrada de los barbudos en La Habana. Mi hijo y yo en el muro del Malecón, camino del hotel. Autora: María…también llevé una maleta que entregué en una parroquia, la más cercana al hotel. Isidro, después de unos acontecimientos que alguna prensa no dudó en guionizar como una película de terror, con resultado, sí, de muerte de sus dos compañeros sacerdotes, había vuelto a casa. Durante la pandemia traté de encontrarme con él, en Corbán, pero me lo desaconsejaron… No llegué a tiempo al funeral de Isidro. Hoy he vuelto al tanatorio. Nuestra amiga Mercedes se ha quedado huérfana...


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