Para soñadores de diverso tipo es bueno recordar que vivimos en una Europa popular/populista. No necesitábamos socorro externo. Los satélites del vendaval originado en los EE.UU ya eran bastante poderosos aquí. Recordemos el resultado electoral de 2024 al Parlamento europeo y los meses que tuvieron que consumirse hasta conseguir una Comisión medianamente presentable. Con Von der Leyen como mal menor frente a Weber, con el blanqueamiento de Meloni, incluso de Le Pen… No necesitábamos al del tupé color panoja, ya teníamos bastante con lo de aquí.
De todas formas, ahora se necesita más que nunca que esa
banda de aprendices de brujo sepan estar en su lugar, que les entre algo de
dignidad por la fisura que sea. Y no solo en Bruselas, Estrasburgo y Luxemburgo.
Es de vergüenza ajena cómo se oculta la mayoría parlamentaria europea que
sostiene determinadas medidas que pueden ser negativas para una parte de
nuestro sector primario. Hace tiempo que se renunció a dar explicaciones claras
sobre ventajas e inconvenientes de nuestra pertenencia a la U.E. y así, es más
fácil que vaya creciendo la desafección ciudadana. Hay quien se sube aquí a un
tractor para protestar por lo que su partido aprueba allí… La recepción casera
de Abascal a Meloni para santificar
las fiestas, ¿implica que VOX está tan cerca de Mercosur como la colega
italiana?
Con el asunto de Venezuela en la recámara, no deja de ser
divertido que, con cincuenta años de retraso, la derecha española se haga
rupturista. Aquellas diatribas de entonces reforma/ruptura; Junta/Plataforma/
Platajunta; Principios fundamentales… Que la transición en Venezuela la pilote
una personalidad del antiguo régimen, al margen del diktat de Washington, no
debería sorprender a los herederos de Suárez, de Fernández Miranda, de Gutiérrez
Mellado, de Fraga, de tantos
otros. Si pilotase Corina, sería
como haber entronizado a Carrillo en
la Moncloa en 1976… Una auténtica locura. Y perdón por los paralelismos.
En mi última lectura de 2025 aparecía la catástrofe de Ucrania narrada por Héctor Abad, -“Ahora y en la hora”- que salvó su vida por no escuchar bien por uno de sus oídos. La persona que le cambió el sitio, no lo puede contar. La narración es desgarradora. Y en la primera lectura de este año –Francesco Pecorano, “Lo único que importa es el verano”- aparece de manera algo tangencial un asunto que también fue desgarrador en su momento. La crisis producida en Génova al principio del verano de 2001 en las protestas contra la reunión del G8. Sí, Rusia estaba en aquello. Después llegó septiembre y los atentados con millares de víctimas y todo lo que vino a continuación. Y así, hemos llegado hasta aquí. Y algunos no hemos perdonado las reuniones familiares, ni un viajecito corto con algún sabor colonial, aquí cerca, frente a la Costa del Sol…Colonias, ahora, ¡uf!
Con defunciones más cercanas según ha empezado el año, he postergado un recuerdo
para B.B. No me encuentro, como Víctor
Manuel, entre los que aprendieron francés gracias a ella. Mis primeras
notas en el idioma vecino me llegaron antes de que tuviera conocimiento de la
existencia de Bardot. Tampoco es que
los padres agustinos fueran muy partidarios de ofrecernos versiones originales con B.B. de protagonista. Entre su
temprana inclinación por la ultraderecha y que cuando la censura en España
empezó a aflojar yo ya estaba en la mili, el mito B.B. solo me alcanzó de
refilón. Yo me lo he perdido y ahora, un poco tarde para mí y mucho más para
ella, no tengo inconveniente en reconocer que su paso por el cine de mitad del
siglo XX no fue despreciable pese a la dudosa calidad de muchas de sus
películas.
Y hay que seguir, a pesar de tantos pesares. Sin saber si el
próximo episodio será en Groenlandia o en Ceuta.


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