domingo, 23 de febrero de 2025

La Escuela de Sevilla

 

23F: Otra fecha histórica, recordatorio de la última visita del esperpento al Congreso de los Diputados. Y tres años de la agresión rusa a Ucrania. Todos los días se cumplen aniversarios así que me voy por recuerdos de infancia. Salta una noticia que supongo que pertenecería al lado rosa del gremio, pero uno de los protagonistas la  convierte en transversal. El otro, más afincado en la prensa rosa, es Jaime Ostos. Yo nací a pocos metros de la plaza de toros y una noche, al volver a casa con varios miembros de mi familia –sería un día de verano y por la tarde habría toreado el señor Ostos- un hombre literalmente enganchado a una farola y con signos más que evidentes de haber bebido por encima de sus posibilidades, repetía monótono: “Jaime Ostos, de la Escuela de Sevilla” En mi familia nos lo hemos recitado innumerables veces y por variados motivos…

Consulto la Wiki y veo que nació en 1931 y por fechar mi recuerdo, supongo que el torero no tendría más de 30 años aquel día y que ya era relativamente famoso… Este era el otro. ¿Y el uno? Nada menos que el rey emérito. Debe aparecer en las memorias del torero que ambos fueron protagonistas de una orgía en la Zaragoza de los años 60. Cuatro en una cama que se les quedó pequeña. Normal. Las camas de hace sesenta años, al menos en España, empezaban a ser de 1,35 pero hasta entonces las de 1,20 se conocían como camas de matrimonio. Ahora sí se pueden encontrar camas para cuatro pero el torero ha fallecido y el rey emérito debe hacer tiempo que no protagoniza orgías. 

Me ha parecido más relajante empezar por ahí mi crónica semanal que, por ejemplo, con el lenguaje de la presidenta madrileña y sus mierdas –las mismas de Trump-; o la pasta pública que se puede distraer en bolsillos de cantantes ultras gracias a la generosidad de la Junta de Andalucía con algunas celebraciones rocieras; o que  la franquicia local de los autodenominados patriotas se dedique a facilitar que los gobernantes de la dana sigan sin dar explicaciones en Valencia o ayudando a pulverizar el suelo rústico en Cantabria. ¿Cuánto se tardará en descubrir que es un patriotismo de todo por la pasta? Rufián no es mi diputado favorito pero ha tenido una actuación memorable en el Congreso al responder a un joven cachorro de Vox. La cantinela de bajar impuestos –ya se sabe fundamentalmente a quiénes - si no va acompañada de la relación de servicios a suprimir… es vacío absoluto, físico y político. La recomendación de visitar una planta de oncología en un hospital público, incluso descontando el porcentaje de demagogia que pueda encerrar, es muy recomendable. Personalmente he tenido la poca fortuna de ver medicamentos, hace más de quince años, con un importe superior al salario mínimo de ahora… Sé bien de lo que habla Rufián. Desmantelar la sanidad pública es inhumano.

Europa, Europa” es el título de una buena película de hace más de treinta años basada en las memorias de un judío polaco que consiguió sobrevivir haciéndose pasar por ario y devoto de Hitler, para acabar en Palestina después de la guerra… De la misma época hay otro título  similar, “Europa”, del chico terrible del cine danés Lars von Trier. Aquí el protagonista es un americano de origen alemán que viene a Europa al final de la guerra, viaja mucho y acaba relacionando la ruina física del continente con la previa ruina moral del horror nazi… No sé cuánto tardará en aparecer un “Quo vadis, Europa” pero lo vamos a necesitar. Hoy hay elecciones en Alemania. Al menos uno/a de cada cuatro o cinco electores parece que han olvidado todo lo ocurrido entre 1933 y 1945.

Esta semana un escritor colombiano, Héctor Abad Faciolince, describía en una página de El País, lo que se ha construido aquí en los últimos ochenta años “(…) no hay ninguna parte del mundo donde se viva menos mal que aquí, en Europa, y muy especialmente en ese milagro de convivencia civilizada que se llama la Unión Europea (…)” También es cierto que la estupidez humana es inabarcable. Quizá seamos capaces de tirarlo todo por la borda. Pero con la experiencia del Brexit, –todavía no hace nueve años que los británicos votaron la salida- los dirigentes que quieran construir un relato en positivo no deberían dudar en invitar a los descontentos a abandonar el barco: Abascal, Le Pen, Meloni, Orban, que se vayan a enredar a otro lado. La Europa que necesitamos no es a la carta. Quien no quiera el menú completo…¡aire!

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