lunes, 23 de octubre de 2017

Thelma, Louise y Soraya [Para Olivia (6)]


No recuerdo bien si ha sido un sueño, con esa mezcla de cansancio y alegría que da el recorrido por nuestras montañas o una visión diurna, justo al emprender la cuesta abajo por la canal de Culiembro, en su descenso en picado hacia el Cares, por ahí. Cuánto bien alcanzaríamos si el presidente catalán y el español, con el auxilio de su vicepresidenta, Soraya Saenz de Santamaría, una vez agotadas todas las vías de diálogo- previamente deberían empezar a hablar- se subieran a un todo terreno y apretaran el acelerador. Aunque al despertar suenen rimas terminadas como cinco.

Prometo por lo que me quede que no es papardeo frívolo. Me interesan más otros artículos. Algunas organizaciones sociales llevan tiempo trabajando de cara a una reforma de la Constitución del 78. Ahora que salen expertos constitucionalistas por todas las esquinas, y no necesariamente de las facultades de Derecho, justo ahora, convendría recordar la superioridad del artículo 14, que sería imposible en una dictadura como algunos dicen que tenemos. Otros precisan más: Estamos en un régimen fascista.

Por ahí ni me encuentran ni me van a callar. Alguna vez he dejado escrito por aquí, o por otro sitio, que el fascismo me robó al menos nueve años. En 1977, la primera vez que pude votar, ya tenía 27. Como mi memoria sigue estando bastante bien, recuerdo con precisión lo que quiere decir crecer y madurar en un régimen totalitario. Y no, no voy a callar ante quienes puedan decir que no hay diferencia con la actualidad. A pesar de… todos los pesares.

Ya tuvo la Constitución un accidente de nacimiento en relación con la organización territorial del Estado: Aquel Título VIII que estuvo a punto de abortar todo el resto. Declaraciones sobre nacionalidades y regiones que no se pudieron expresar con claridad. Diferentes vías de acceso a la autonomía. Se tendrá que manosear mucho a partir de ahora el 155 para que alcance el sobe del 143 y el 151 entre el final de los setenta y los primeros ochenta.

Y ni entonces ni ahora puedo recordar que se haya gastado mucho tiempo en explicaciones sobre las razones que hicieron blindar algunos derechos frente a otros. Como que el derecho a la Educación, artículo 27, sección primera del capítulo II, se haya podido convertir, entre muchas otras bendiciones, en una fuente inagotable de recursos públicos regalados a negocios privados en buena medida en manos de órdenes religiosas católicas. Qué desgracia tuvo el derecho al trabajo, artículo 35 o a la vivienda, artículo 47, incluso el 50, que en su defensa de la tercera edad también menciona expresamente la necesidad de vivienda de ese sector social.

En una futura revisión del texto constitucional, que tendrá que llegar antes o después de que la crisis catalana se solucione, porque se tendrá que solucionar, entonces, sea todavía siglo XXI o ya el XXII ¿se podrán equiparar algunos de esos derechos? No tiene porque ser un gran problema económico si se ahorra de tantos lugares donde se puede ahorrar. Si no se roba lo público, lo de todos, como si no tuviera dueño.

No vienen buenos tiempos, Olivia, ahora que empiezas a andar y que todavía no han pasado dos meses desde tu primer cumpleaños. Aquel choque de trenes previsto se produjo. Aquel mismo día. Pero un gobierno perezoso, un gobierno que lo es porque los que pudieron evitarlo no lo hicieron, se ha tomado dos meses para, dice, aplicar el puñetero 155. Hasta Ada Colau ha tenido tiempo de nadar, guardar la ropa, volver a nadar y sumarse a la revuelta pija. Thelma, acelera. ¿o era Louise?


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