domingo, 23 de noviembre de 2025

Más allá de Orión

 

 

Ver cosas que no creeríamos. Canciones y películas que nos proponían lo imposible. Puede ser que cada generación haya asistido a lo que poco antes no se podían creer. Ver naves en llamas más allá de Orión es hoy una bonita parábola. Hace “solo” 90 años el mundo iba saliendo de la gran crisis provocada por el crack de la burbuja de 1929 y en España todavía gobernaba la derecha. Hubo una derecha republicana, sí y aplicó la ley con decisión, incluso con bastante crueldad. Pocas bromas. La mayoría de los judíos alemanes todavía no se podían imaginar lo que se les venía encima y en Abisinia, hoy Etiopía, uno de los pocos territorios soberanos de África, los italianos solo eran los vecinos de la costa que ocupaban, Eritrea y Somalia, desde medio siglo antes. Después vino lo que vino en todos esos territorios y en China y… y… y…

El último cuarto de siglo, empezando por aquel 11 de septiembre neoyorquino y siguiendo por la crisis financiera y la pandemia, no estoy seguro de que se pueda comparar a lo señalado en el primer párrafo. Al menos el número de víctimas es  inferior. Pero tampoco nos lo hubiéramos creído en una narración previa. El martes, en Barcelona, he asistido a un partido de fútbol que yo creí un acto de solidaridad con el pueblo palestino y en contra del genocidio perpetrado por Israel. Y en buena parte así fue pero también muchos/as asistimos atónitos/as a un aquelarre indepe.  

Los balcones de Barcelona ya no lucen las decenas de miles de banderas esteladas que se podían observar hace cuatro años o cinco o tres. No. Incluso en la plaza de Sant Jaume, las dos instituciones que se asoman a la misma lucen las banderas oficiales. Sin concesiones. Parecía que se había apagado una buena parte del fuego de 2017. Digamos que ese fuego está perimetrado y no es poco, pero cuando surge la ocasión se reaviva. Lo vimos mientras ascendíamos desde la plaza de España pero sin imaginar          que dentro del Estadi Olimpic tuviéramos que asistir a gritos multitudinarios de “espanyol el que no boti”  o a odiosas comparaciones entre España e Israel, sin atender a lo que los palestinos en general y sus autoridades, aprecian del comportamiento del gobierno español en ese sucio asunto de la masacre en Gaza y Cisjordania.

Y hoy mismo, un primera fila del escapismo, del ilusionismo, como Puigdemont encuentra hueco en un periódico serio para tratar de advertir al socialismo de que su tiempo se ha acabado y no por haber abandonado políticas tradicionales de esa tendencia, no. Debe ser solo por lo suyo, de él. Pese a la amnistía y pese a muchos pesares. También es noticia de esta semana la derrota de los socialistas daneses que  han perdido la alcaldía de Copenhague después de más de un siglo, pero el ex president no muy honorable, fugado, se mueve más entre Bruselas, Suiza y Perpinyà. Más al norte debe darle pereza y hace más frío. En Dinamarca los problemas territoriales son casi desconocidos pero abrazar políticas de la ultraderecha ha sido letal para los socialistas. Y no, no ha sido la ultraderecha la ganadora. La próxima alcaldesa lo será por una alianza de fuerzas progresistas a la izquierda del P.S.

Y aquí, sin tradición de matar pavos en la última semana de noviembre, solo nos vamos a quedar con el timo del viernes negro. En algún espacio de humor han hecho las cuentas: Se suben los precios un 50% y después los rebajan el 30% y a triunfar. Es el modelo del jefe de gabinete de la presidenta de Madrid que, afortunadamente, no es notario y los pavos o quienes hacen el pavo, podrían anidar en alguna sala de algún alto tribunal. O todos los demás. Vamos a echar guindas. Al pavo. Y ya si eso, a la pava.

 

Gaza, vergüenza de la humanidad; Gaza, siempre en la memoria

jueves, 20 de noviembre de 2025

Simbólico y explícito (20N*50)

 


Hace unos días, cuando pensé que la fecha de hoy podía merecer una entrada extra a este blog, no se me había pasado por la cabeza ni que la sentencia fuera tan rápida ni que fuera condenatoria. No quería creer que “el que pueda hacer que haga” ni mucho menos “el fiscal va p’alante” podrían desembocar en donde lo han hecho hoy ¿casualmente? 20 de noviembre de cincuenta años más tarde.

A principios del verano pasado escuché en directo a Baltasar Garzón, en la acera de la calle Tantín, con un pequeño grupo de asistentes al acto organizado por Desmemoriados y la Fiscalía de Derechos Humanos y Memoria Democrática  de Cantabria, le escuché –más o menos textualmente- que de la sala segunda del Tribunal Supremo cabía esperar lo inesperado. Parece que conocía de cerca de qué hablaba.

Mientras preparaba la comida he escuchado a un jurista solvente y probadamente democrático decir que hay que esperar, para una valoración firme, a conocer el conjunto de la sentencia. Yo no soy jurista, tampoco me voy a precipitar. Eso queda para dirigentes neofranquistas. Que haya dos votos particulares cuando desde el inicio del juicio se sabía que dos miembros del tribunal, mujeres ambas, están  adscritas a un perfil progresista mientras los otros cinco cojean de la otra pierna…Es posible que sea tan casual como la fecha elegida.

Escribir hoy hace ineludible esa entrada pero mi compromiso era otro ¿qué hice yo tal día como el de hoy en 1975? Entre los recuerdos directos, una trasnochada más la noche del miércoles, esperando el último “parte” del “equipo médico habitual”, frente al televisor, al lado de mi hermana y esperando a mi cuñado. Salida temprana de casa, sin poner la radio para no despertar a nadie. Mis clases empezaban a las 8. En mi doble calidad de estudiante y trabajador, mi jornada era larga. Empalmaba la facultad con el turno de tarde en la fábrica, con una hora escasa para comer junto a la gasolinera del Paseo de la Zona Franca.

Como empleado de una empresa automovilística había tenido facilidad para adquirir mi propio vehículo. Eso me facilitaba enormemente el triángulo de desplazamientos: Casa-> Zona Universitaria-> Zona Franca-> Casa. El transporte urbano estaba bastante peor que ahora. No debía tener radio en el coche en aquel momento, pero seguramente observé menos tráfico en la calle Aragón y en la Diagonal y la confirmación de la noticia entre los pocos alumnos que estaban en la puerta de la facultad, cerrada a cal y canto. Uno de ellos era de Santander, Ramón, teníamos amigos comunes. Tenía que entregar un trabajo y parecía que ya iba con retraso. No sé cómo consiguió o ya tenía, el teléfono de la profesora. Me ofrecí a acercarlo a donde había quedado con ella. Mientras le esperaba en un bar –no tenía nada mejor que hacer- apareció en la pantalla del televisor el presidente del gobierno en aquella famosa intervención, con la lucecita de El Pardo ya apagada…

Puede ser una fantasía generada posteriormente pero creo que la clientela del bar, cercano al límite entre Barcelona y L’Hospitalet, no aparentaba ninguna tristeza. Tampoco algarabía. Esa llegó en el descanso del turno de tarde y al final de la jornada, en la bodega de la esquina: calle Huelva con Trabajo, muy cerca de donde pocas semanas antes, en un rifirrafe poco conocido y menos explicado, murieron dos agentes de policía por disparos de sus compañeros, de guardia en el cuartel de la calle Guipúzcoa. Y en aquella bodega sí, corrió el cava aunque por primera y única vez en mi vida, yo ya había bebido alcohol antes de la hora del Ángelus.

No he sido capaz de encontrar la publicación –de esta misma cabecera- que denominaba al nuevo Jefe del Estado, hoy emérito, como Juan Carlos el Breve pero creo que la que reproduzco era la que circulaba aquellos días, en mi fábrica y en mi facultad casi como si tuviese depósito legal.

 

Gaza, vergüenza de la humanidad; Gaza, siempre en la memoria

domingo, 16 de noviembre de 2025

Dress code. Volver a prohibir


Me vuelven a la memoria siempre que escucho algo sobre lo apropiado o no de algunas formas de vestir, de aparecer en público, dos anécdotas de mi vida pasada. La primera en los alrededores de Fort Worth, Tx. durante el curso 1999-2000, el del efecto 2000 que se pronosticaba como un ensayo del fin del mundo y resultó un Apocalipsis de opereta.   Conviví bastante tiempo con el sistema educativo del distrito escolar de Fort Worth. No es la única ni seguramente la principal, pero una sorpresa era el código que aparece en el titular. Perfectamente reglamentado, cómo profesores/as y alumnos/as debían asistir a los centros escolares. Lo que estaba permitido y lo prohibido. Y las excepciones, por ejemplo los viernes todo era más laxo. No en los escotes ni en el largo de las faldas. Pero era posible llevar jeans, tejanos, vaqueros, prohibidos de lunes a jueves. Una manera de adelantar el weekend.

La segunda anécdota que recuerdo cuando

se habla de prohibir prendas de vestir me ocurrió en Francia cuatro años más tarde. Estaba en un curso en la Universidad de Burdeos. Un mes de septiembre muy diferente al de mis compañeros gracias a una beca del programa Comenius. Una tarde, después de los dos o tres primeros días, un grupo de mi clase decidimos ir a nadar a la piscina municipal de Pessac. Otro compañero de Cantabria y tres alemanes más jóvenes que nosotros. Mi compañero, de Educación Física. Yo, con mi espalda necesitada. Los alemanes acabando sus licenciaturas en Economía. Solo entramos a nadar los dos cántabros. Los alemanes ni llevaban bañador adecuado, ni estaban dispuestos a comprar uno por menos de 5€. Los denominaban "spidos" con algo entre el asco y el desprecio. Era 2003 y a esos jóvenes de menos de 25 años  les preocupaba marcar paquete. Obligatorio en las piscinas públicas francesas por razones de higiene. No entrar al agua, certificada desde el punto de vista sanitario, con un pantalón corto que se ha podido llevar a la playa o por la calle...

Años más tarde, en Berlín, en la calle de al lado, en una piscina en la que en determinados días y horas se puede nadar literalmente en pelotas, en la calle de al lado me asustó lo que podía ser un animal marino y solo era una chica con burkini... Para todos los gustos.

Ahora, cincuenta años después del "hecho sucesorio", los herederos políticos del dictador quieren prohibir el burka, y el nicab, y el hiyab... ¿Y la mantilla no? ¿Y un pañuelo como el de Audrey Hepburn? Y la boina o el sombrero en espacios cerrados. Y las capuchas, gorras de beisbol, pañuelos de firma... Y podemos volver al largo de las faldas o la amplitud de los pantalones. Puestos a prohibir... Esto, en un país en el que habíamos batido records continentales de libertad y tolerancia.

Hay otros aspectos mucho más preocupantes en el revival que los neofachas están promoviendo pero yo estoy unos días fuera de casa, en una ciudad que también es mi ciudad y me puedo permitir ocuparme de asuntos de pacotilla. Puede que de aquí al jueves 20 recupere el seny y me ocupe de algo de eso más serio, o al menos contar qué hice aquel día, hace 50 años. 

Gaza, vergüenza de la humanidad; Gaza, siempre en la memoria

domingo, 9 de noviembre de 2025

370 y 230

 

370 días después ha aparecido la víctima número 230. Eso cree ser el president en funciones. No puede más. Ha podido 365 días pero los últimos cinco –se admiten rimas- se le han hecho tan cuesta arriba que ya no sigue. Y no es el único culpable y el otro, el que estaba informado puntualmente por algún instrumento de telepatía, ese todavía sigue. Y muchos más. Esta entrada podía haberse titulado “Más madera (2)” porque sigue el patio muy alborotado y como éramos pocos, de nuevo ha parido la abuela, con amenaza de dejar viuda a la presidenta madrileña por suicidio del delincuente confeso. Pocos guionistas se hubieran atrevido a tanto ahora que las series tienen en algún limbo a la mayoría del personal.

Tampoco está nada mal descubrir que una fiscal miente. Una de las dos altos cargos de la fiscalía. Se supone que una más amiga del fiscal general y otra mucho menos, casi enemiga se podría decir. Una dice que don Álvaro dijo algo y la otra lo niega expresamente y además dice que la una le tiene animadversión manifiesta al fiscal general. A ver si no es para afirmar que “cómo está el patio” con todos los signos de interjección que nos quepan.

La otra cara la ofrece esta semana Nueva York. Hace más de treinta años que un joven padre de familia, que no había terminado la secundaria obligatoria, me dijo muy seriamente que Nueva York no era América. Me costó entenderlo. Era mi segundo viaje a Estados Unidos y en el primero solo había estado en Nueva York y Washington. Ese segundo era muy al sur, casi en la latitud de Cuba, con caimanes que aparecían de vez en cuando por los jardines de las urbanizaciones… Aquel verano una turista alemana solo dejó como rastro el bolso.

Viendo mapas electorales detallados se entiende mejor lo que algunos allí no consideran América, que solo algunas veces nombran como los “States”. Es una forma de apartheid aparentemente más limpia. Si la mayoría vota distinto, diferente a nuestros gustos entre conservadores y reaccionarios, les hacemos un bantustán aparte. Nueva York esta semana les ha dado la razón. Han votado mal, como decía un difunto premio Nobel de Literatura. Si votas lo que a mí no me gusta es que votas mal.

La lección, como alguna bendición papal, debería ser para la ciudad y para el mundo, urbi et orbe. A veces se pierden las batallas antes del inicio, por ejemplo eligiendo en el interior del partido al candidato o candidata menos adecuado/a. Pero Nueva York esta semana ha rizado el rizo. La disputa electoral no era entre un candidato demócrata, con todas las de ganar en la ciudad, y uno republicano. El enfrentamiento era entre un demócrata moderado o conservador y uno abiertamente socialdemócrata que en los EE.UU. es la frontera con lo inconcebible. Comunista sin remedio para Trump y medio país.

Cuando yo era muy pequeño, tuve la oportunidad de escuchar, en plena dictadura en España, cómo discutían de política dos adultos norteamericanos. Él era hermano de mi padre y en 1960 llevaba más de 30 años en California. Ella era su mujer, de procedencia vasco-francesa cuando todavía no sabíamos lo que era Iparralde. Sus hijos, mis primos, combatieron a los japoneses en el Pacífico. El pequeño, Frankie, tuvo que falsificar la edad para poder enrolarse. Aquel noviembre el tío Ángel votó a Kennedy y la tía Grace a Nixon. Y aquel verano pudimos escuchar las diferencias que ellos se lanzaban apoyando a sus candidatos. Kennedy, 16 años antes del 200 aniversario de la Independencia, fue el primer presidente católico en los EE.UU. Zohran Mamdani además de socialdemócrata es musulmán, claro que todavía no es el presidente. Solo el alcalde de la ciudad más grande de aquel país. En pocos meses se celebra el 250 aniversario de la Independencia. No va a dar tiempo. Además Mamdani, por no haber nacido allí, nunca podrá ser presidente...

 

Gaza, vergüenza de la humanidad; Gaza, siempre en la memoria

domingo, 2 de noviembre de 2025

Más madera

 

La locomotora requiere cada vez más vapor, más temperatura, hasta que algo explote. El final de octubre no solo era este año el recuerdo de los muertos en general, las locuras del carnaval de otoño en que se ha convertido la fiesta de los difuntos reimportada desde Norteamérica cuando aquí teníamos bonitas tradiciones asociadas a la recogida de las últimas cosechas, las castañas, los dulces prenavideños… Este año era también el primer aniversario de un par de centenares largos de difuntos que lo fueron en buena parte por negligencia, en Valencia casi todos ellos. Al aniversario de aquella dana mortal, me ha tocado sumar un accidente mucho más cercano en el tiempo y bastante cercano en lo familiar, de tal manera que en la tarde-noche del truco o trato me encontré en un funeral.

Las convenciones sociales hacen que asistamos a ceremonias religiosas muchos que tenemos muy abandonadas esas prácticas. Hace tiempo que en esas circunstancias y manteniendo todo el respeto, trato de recordar el latín que aprendí en aquel tercero de bachiller de mitad de los años sesenta. Rosa, rosae y templum, templi. Dativos, acusativos y genitivos… El pater noster me sale tan bordado que al día siguiente lo recité de corrido en un panteón del cementerio de Segovia, en recuerdo de mis segundos suegros. Hace poco ya he comentado que tengo la suerte de tener tres familias.

Pero la semana, además del bochorno de que al funeral de Valencia asistiera el desalmado president de aquella Comunitat, tenía otra cita de esas que nos preparan quienes parece que no se enteran del desaguisado que se traen entre manos. Sobre el papel que ha adquirido el Senado en esta legislatura, ya  anticipé mi opinión el 31 de agosto en este mismo blog y el 3 de noviembre del año pasado una mera cronología del contraste que está a punto de oficializarse y desenmascara al gran mentiroso, ese que día sí y día también acusa de mentir a todos demás: Estuvo informado -por el que no cogía el teléfono- en todo momento, “de primera mano”. Y empieza el juicio contra el fiscal general, un “pasen y vean” de primicia mundial…

Y el cansancio enorme ante el rifirrafe que solo engorda a quien no hace nada y le importa un pimiento la democracia; y descubrir qué individuos andan por ahí ganándose sueldos espléndidos por hacer algo muy parecido a una gamberrada. Por ejemplo, un senador por Cuenca de cuyo nombre no me da la gana acordarme y de apariencia digna de novelas del siglo XIX.

Además, las novedades del tema del Sahara Occidental a modo de “éramos pocos y parió güela”. Pero ha sido en la sección local donde me ha explotado la cabeza esta semana que acaba ahora mismo.

La deriva de la presidenta Buruaga, que parece que tiene formación en Derecho y que ha reaccionado igual que la alcaldesa Igual, de la que se desconoce su formación,  aunque durante años pretendiese tener un título universitario. Al margen de las diferentes formaciones, ambas tienen poca y mala memoria. Se comportan como señoras de la derechona menos cultivada, hablando de oídas y sin ningún rigor científico… y así, reaccionan a la propuesta de declaración como lugar de Memoria de la Magdalena, en recuerdo del primer campo de concentración creado por el régimen franquista, oponiendo la cantinela de los arrojados por el faro… ¿dónde encontraron los cadáveres? ¿No saben todavía que la propia causa general franquista desmintió el hecho? Seguimos con mitos interesados y arrimando ascuas a sardinas propias, pues deben considerarse parte de un bando. Las víctimas del “Alfonso Pérez” son buenas pero las del bombardeo nazi no merecen más que el olvido. Eso es mantener las heridas, precisamente eso. Situarse con las víctimas, en el lado de las víctimas, de todas las víctimas, es lo único sano. Lo contrario es lo que nos obliga a movernos entre la vergüenza y el asquito.

 

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domingo, 26 de octubre de 2025

Del lawfare al law fair

 

Y tiro porque me toca. El candidato a presidente del gobierno no ha tenido tiempo de adquirir un cierto nivel de inglés. No digo pasar un examen como el que él quiere imponer –de castellano- a los aspirantes a ser ciudadanos españoles, que hasta ahora parece que esa ciudadanía se estaba regalando y hay cientos de miles que no se han enterado y siguen haciendo colas interminables en las oficinas de extranjería o comprando citas, con el dinero que no tienen, a alguna mafia que se aprovecha de los más necesitados.

El caso es que la utilización de la ley como arma política –lawfare- cuya existencia se discute en muchos rincones del planeta y en las cuatro esquinas de esta Península nuestra, ha saltado en las últimas horas a una feria de la ley –law fair- con el desnudo integral  y frontal de la presidenta del Consejo General del Poder Judicial y uno de sus colegas. Ambos supuestamente progresistas. Un gol por la escuadra encajado por el gobierno y su presidente -tan notable como el que puede marcar Puigdemont un día de estos-, después de haber logrado, supuestamente, una ventajilla y hacer que el conservadurismo solo consiguiese bloquear la renovación del citado CGPJ durante cinco años.

Algunos han hecho ya las cuentas. Al margen de las mayorías políticas en las cámaras legislativas que han ido cambiando y se espera que sigan haciéndolo, los conservadores han dominado el CGPJ en los últimos treinta años. Un mundo aparte el del órgano de gobierno del poder judicial. Y vale todo, más que en la guerra –que tenía reglas- quizá más que en el amor. Y ahora nadie se hará una inmolación al estilo tradicional japonés. Y miraremos con extrañeza al vocal que dimita. Dimitir sigue siendo aquí un nombre eslavo. La presidenta supuestamente progresista se apellida Perelló y el vocal aparentemente traidor, Preciado: P y P. Simplemente curioso.  

Hay otro tema que me ha marcado la semana. La semana del lazo rosa, la semana del cáncer de mama. El escándalo de Andalucía está mucho más cerca que los centenares de kilómetros que nos separan de aquella región. El lunes hubo un acto en el Parlamento de Cantabria en conmemoración del día internacional de ese cáncer -19 de octubre- que este año era domingo. La presidenta de la asociación –AMUCCAM-que agrupa a las mujeres con esa enfermedad, Toñi Gimón, intervino en ese acto y denunció que también aquí pasan cosas que no pasaban en relación con esa enfermedad y con su prevención…

A la presidenta regional, Buruaga, le parecieron unas declaraciones desafortunadas o inapropiadas, pero no dijo que no fueran ciertas. Menos mal. En Andalucía, las primeras reacciones han sido de ese calibre. Primero se degrada a las mujeres como si no tuvieran bastante con la enfermedad, para pasar más tarde a reconocer que algo de lo denunciado, o todo, es real y vergonzoso. Como la presidenta Buruaga es muy celosa de la libertad de expresión –lo acaba de manifestar en relación con una querella contra ella interpuesta por un dirigente socialista- yo voy a usar la mía. La empatía, la delicadeza, la sensibilidad de nuestra presidenta está a la altura del papel de lija más grueso, pongamos del número 12.

Y no soy ningún guerrillero pero me considero víctima precisamente de ese cáncer, y mi hijo y mis nietos, que no han conocido a su abuela, que fue vicepresidenta de Amuccam y que falleció precisamente un 19 de octubre. Y no he parado en toda la semana de pensar que el asalto a lo público no tiene por qué ser como el del Louvre. Aquí estamos asistiendo a un asalto mucho mayor, fundamentalmente en dos terrenos básicos: la sanidad y la enseñanza, donde los gobiernos del P.P. no cesan de desviar dinero de todos/as desde lo público a lo concertado. Unos pocos se aprovechan de ello y la inmensa mayoría nos vemos perjudicados. Lo que requerirá más explicación, mayor clarificación, es qué razones llevan a muchos/as que nunca van a poder pagarse un seguro privado ni las cuotas ilegales de la enseñanza concertada a votar  las opciones que les perjudican en sus intereses más básicos.

Gaza, vergüenza de la humanidad; Gaza, siempre en la memoria

domingo, 19 de octubre de 2025

Otro 19

 

En 2008 también era domingo. Con mucha serenidad pero con un recuerdo imborrable y permanente y ya son diecisiete años sin ella. La mitad aproximada, de soledad no deseada y la otra mitad, en una nueva etapa vital. Gracias a todo mi entorno, familias: en plural, tengo tres; y amigas/os. La soledad, que puede ser un tesoro, también es una maldición.

En “Una batalla tras otra” el personaje delirante interpretado por Di Caprio tiene uno de sus momentos más lúcidos cuando habla con la tutora de su hija en el Instituto y  profesora de Historia. La referencia a algunos presidentes de los EE.UU. queda un poco diluida con Roosevelt I, no Franklin D., el otro, Theodore, el que “arregló” en beneficio yanqui la que nos había liado Mac Kinley con el conflicto de 1898, reducido en el film al asunto filipino. Ni mención a Cuba y Puerto Rico o islas menores. La posición de nuestros diestros actuales –para ellos los demás somos zurdos- no se reconoce con el antiamericanismo derivado de aquel conflicto que duró, como mínimo, hasta la visita de Eisenhower a Madrid en 1959. Esa puesta de largo del franquismo no evitó que siguiera latiendo el antiamericanismo mencionado. Tuvo que llegar el acento spanglish de Aznar en el rancho de Bush para que empezara a cambiar ese tema.

El noviazgo entre Trump y Abascal hace que A. N. Feijóo –cornudo y apaleado- intente ser más trumpista que Trump. Parece una vaca sin cencerro la mayoría de los días. Huele a Casado, en versión menos digna, tragando con todo. De hecho, cada vez que ANF dice “cuando yo llegue al gobierno… blábláblá”, empieza a haber aullidos de lobo en sus propias filas, en recuerdo del memorable “Hermano Lobo” del tardofranquismo: El año que viene si Dios quiere.

Una vez dinamitado el viejo orden internacional, ahora un pescador colombiano a la deriva en el Caribe puede ser confundido con un traficante –ni aunque lo fuera- y ser diana de un misil inteligente. Las incertidumbres son bastante mayores que las certezas en Palestina respecto a cuánto puede durar el relativo alto el fuego actual. Y la feria de los fanfarrones: Putin y Trump, Trump y Putin, pronto con Orban de padrino y Zelensky de convidado de piedra. Lo del presidente americano es muy difícil de calificar incluso con lenguas ricas como la nuestra. Si realmente, como empiezan a temer algunos, el zar de este siglo decide atacar alguno de los países fronterizos miembro de la OTAN, ¿dónde se situaría la respuesta de los demás?

La salida tradicional del viejo pacifismo puede no ser de recibo y la guerra generalizada todavía menos, pero la defensa propia está regulada en los códigos de los países civilizados. Después, está la pobreza. Termina la semana dedicada al estudio de la misma y a la propuesta de soluciones. Hace 24 horas los actos celebrados en Santander culminaron con la presentación de un libro de la periodista Lola Hierro. Especialista en África; una enciclopedia acumulada a lo largo de diez años de análisis y viajes por el continente vecino. Abrió el coloquio un señor aparentemente mayor que yo mismo que había dormitado una parte notable de la hora completa que duró la presentación.

No tuvo dudas, o eso me pareció, en bordar el discurso de “primero los de aquí”, que también hay pobres aquí. Siendo eso verdad y cada vez mayor, es una ignorancia notable comparar los ámbitos de la pobreza allí y aquí. La propia Lola ya había comentado que pese a la falta de futuro, el inestable presente de quienes han alcanzado plaza en un campo de refugiados, -los hay mayores que muchas de las grandes ciudades españolas- ya les supone formar parte de una élite de los desheredados. Porque Lola ha acuñado un término para los que no pueden alcanzar ni un campo de refugiados –que no es el Hilton-: Los intemperiados. Despojando algunos discursos de todo atisbo de maldad, dejándolo en ignorancia, se revalida el viejo aforismo: la madre del atrevimiento.

 

Gaza, vergüenza de la humanidad; Gaza, siempre en la memoria