domingo, 22 de marzo de 2026

Nunca más, de nuevo

 

Es lo único que se ha gritado hoy en la plaza del Ayuntamiento. Nunca más. Seis víctimas mortales y una gravemente herida. Solo la Justicia aclarará las responsabilidades, civiles y/o penales. Las políticas son otro cantar. Ya se sabe que dimitir en nuestra lengua suena a nombre ruso.

Me gustaría saber exactamente cuántas veces he visto “La gran evasión” (The great escape). No tengo ninguna duda de que es la película que he visto más veces. Siempre encuentro algo que me había podido pasar inadvertido las veces anteriores. Ayer, en la Filmoteca de Cantabria, he podido verla en versión original. Esa ya ha sido una novedad. Otro aspecto que tenía olvidado es la celebración del 4 de julio por parte de los tres prisioneros estadounidenses que dan de beber a dos centenares y medio de británicos. Uno de los jefes británicos bromea sobre un “¿cómo les va sin nosotros?” Y uno de los estadounidenses proclama que no pagará impuestos sin elegir a sus representantes. En síntesis, lo que ocurrió hace ya un cuarto de milenio. Lo nuestro con México es ligeramente menos antiguo pero tiene todavía un tono más ácido.

Todo lo relacionado con la II Guerra Mundial atrajo mi atención desde muy niño. Recientemente he hecho memoria de mi temprana afición a la lectura del periódico. Había un momento, al mediodía en casa de mis padres, en que nadie me lo disputaba. Mi madre estaba ocupada acabando de preparar la comida y los demás no habían llegado todavía. Las noticias nacionales eran escasas y las internacionales podían ser mucho más atractivas. Mis recuerdos de las crisis de 1956 –Suez, Hungría-no son del momento exacto.

De la revuelta húngara recuerdo una película con Yul Brinner de protagonista, “Rojo atardecer”, la cual vería con diez años más o menos. A esa edad también seguí con interés los disturbios en Chipre que acompañaron la independencia de la isla. Pero de lo que no tengo duda es de haber leído a diario los incidentes en Líbano en 1958, la intervención de los EE.UU... Esta misma semana, antes del consejo de ministros del viernes, he tenido una conversación con mi nieta. Todavía no ha cumplido diez años. Escuchábamos la radio y el núcleo de la conversación era sobre las consecuencias de las guerras, las víctimas en primer lugar pero también la desgracia económica, las alzas de los precios… Me hizo pensar después aunque quise protegerla de esa duda: ¿Nos importan más las víctimas o los inconvenientes económicos?

Volviendo a la película del principio, de escapismo también va la cosa en esta ciudad. La entrada a este blog de hace dos semanas se titulaba “Víctimas, locales y globales”. Esas víctimas locales, van a seguir haciendo correr tinta y lágrimas. La alcaldesa de mi pueblo tiene bastante menos ilustración que aquel colega que sabía tocar el chistu y el acordeón. Hace unos días se descolgó con una parábola sobre tener o no tener hijos y lo más caritativo que se puede decir es que no venía a cuento. En el pleno extraordinario del jueves no ha dado la cara y le ha encargado el marrón a una concejala con fama de ser técnicamente solvente lo cual no quiere decir que lo sea políticamente.

De hecho, si la oposición saca alguna punta al tema, el equipo de gobierno del PP en el Ayuntamiento de Santander, con mayoría absoluta, ha colocado a las administraciones del PP, local, autonómica y estatal de 2014  -las tres con mayoría absoluta entonces- en la diana del embolado. Si la construcción se realizó con una baja temeraria, fue con Íñigo de la Serna, alcalde entre 2007 y 2016 y ministro del ramo posteriormente hasta el final de la etapa de Rajoy. El Ayuntamiento ha promocionado la senda costera por tierra, mar y aire ¿de verdad a alguien le parece medianamente serio escaquearse ahora? Es un momento en el que cada palo debe aguantar su vela pero si el anterior alcalde sigue en nómina en la calle Génova es muy probable que no le haya gustado el pleno extraordinario celebrado el día del Padre.

En su etapa como alcalde, en 2015, perdida la mayoría absoluta, el escapismo, sin llegar a una gran evasión, también se hizo presente en Santander e Íñigo se marchó. Hasta hoy.

 

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