Me había llamado la atención esta semana un conflicto, España-Nicaragua, por si no hubiera ya bastantes, resuelto de momento con las expulsiones de diplomáticos aquí y allí. Mi hijo pasó el curso 96-97 en los alrededores de Boston. Su familia americana nos invitó a pasar las Navidades con ellos. No nos pareció prudente estar allí, como invitados, dos semanas y el 26 de diciembre volamos a Panamá. No sé si mi familia se sale mucho de la norma. Mi padre era el pequeño de once hermanos, siete varones. Cuatro de ellos y una de las hermanas emigraron a distintos lugares de América. La hermana a Panamá y con parte de su descendencia manteníamos relación. Ese final de año, entre el Caribe y el Pacífico, figura en la historia personal con todas las estrellas posibles y alguna imposible.
En una cena con muchos miembros de la familia panameña, en un restaurante de la Ciudad de Panamá, uno de los primeros días de 1997, algún primo advirtió que había entrado Daniel Ortega. Por una de esas cosas no muy fáciles de explicar, el entonces ex presidente de Nicaragua y nosotros teníamos un amigo común y pese a que los comentarios de mis familiares no eran muy favorables, estuvimos atentos y nos acercamos a saludarle cuando abandonaba el restaurante… Una prima de una amiga había muerto en la ofensiva final de los sandinistas… Hoy, casi treinta años después, no me cuesta darles la razón a mis parientes panameños.
No quiero olvidar todo lo
relacionado con los ferrocarriles que lleva un par de semanas abriendo las noticias.
Esta región nuestra no tiene AVE. Probablemente no lo tendrá nunca, y las
Cercanías son tan dudosas como las que más. El ferrocarril aquí tiene una enorme tradición de uso como arma
arrojadiza…Desde el final del franquismo, con algún intento de revitalizar el Santander-Mediterráneo,
pasando por los dos Aves- Madrid y Bilbao- de Revilla y Pepe Blanco, a
las cercanías de ancho métrico que nadie ha pedido transferir, modernizar, como
casi todas las demás comunidades excepto Asturias…Incluso hemos tenido un
nativo como ministro del ramo… Con el mismo y nulo resultado. En el futuro
seremos una isla.
En el tema de las migraciones nos
comportamos como los nuevos ricos. Hemos pasado, muy deprisa, de ser una
sociedad de emigrantes a una de acogida y es un tema muy manipulable porque no
es nada sencillo. Circula una foto con las posibles calificaciones de Abascal en algún curso de EGB. No sé si
son verdaderas, lo que no son es nada buenas. Lo que él certifica a diario es
que sus profesores de Historia lograron muy poco, casi nada, con sus
explicaciones. Esa vuelta al 711, sobre la que ha disertado esta semana en
Aragón, califica su ignorancia sin necesidad de mucho detenimiento. Es curioso
que un señor que no ha dado palo al agua se convierta en defensor de los
madrugadores –aquí levanto mi mano. Con muchos años de despertador a horas
imposibles y, como hormiga, no voy a enamorarme del insecticida- La comparación
no es mía. Se la he escuchado en la radio a un defensor de los derechos humanos
en Badalona,,, Abascal, Albiol y …
Cartes.
La migra aquí no lleva uniforme. Pero el veneno ya ha llegado. Un municipio de la corona urbana de
Torrelavega, con mayoría absoluta del PSOE, distinguido hasta ahora por su
árbol de Navidad y su casco histórico, pasa al mapa del odio. Con El Ejido,
Torre Pacheco, Badalona… La herencia del bipartidismo tiene más ramas que un
árbol. A los menores acantonados en
Canarias nadie quiere buscarles alguna solución digna y, como menores, tienen
derechos ineludibles. Hay quien tampoco quiere soluciones dignas para los
inmigrantes mayores de edad en situación irregular. Aquí el panorama es todavía
más confuso, con un P.P. tratando de rebasar por la derecha a Vox. El arzobispo
de Oviedo, todavía sin camisa azul que se sepa, con un discurso de bombero
gasolinero. ¿Cuánto sabe monseñor de nuestra realidad demográfica? ¿Y de
nuestra densidad de población? ¿Cuántos cabemos aquí? Ha habido momentos, más
de uno, de nuestra Historia en los que se decidió que los que no cabían eran
algunos clérigos. Esta diócesis desde la que escribo forma parte de ese
arzobispado… Lo que sin duda no ha olvidado el arzobispo de Oviedo es aquello
del Eclesiastés: “Los ríos van al mar pero el mar nunca se llena” Aquí cabemos
muchos más, monseñor. Estar leyendo “El fracaso de la república de Weimar”, de Ullrich Volker, no ayuda a aumentar mi
optimismo histórico.
