domingo, 4 de abril de 2021

Peatones de la H(h)istoria

 

Esta entrada iba a titularse: El periodista psicópata o El progreso y la modernidad del pasado. Todo a cuenta del libro del que acompaño la imagen de portada. Otra vez impresionado por mi lectura más reciente, ventilada en poco más de 48 horas de esta segunda Semana Santa atípica. Y así ando ahora dando vueltas al pasado común  de la Corona de Aragón y muchas regiones italianas. Algo que Amat no hace. Los genéricos Mafia y Cosa Nostra, los específicos Camorra, Ndrangheta calabresa,  Anónima sarda…tuvieron siglos de incubación comunes. Ahí se podría enmarcar mejor todo lo relacionado con, al menos, tres generaciones de los Pujol. El abuelo, Florenci; el padre de la Patria, Jordi; y los siete enanitos. En la página 140, y en relación con la compra de Quintá para dirigir TV3, se dice que Pujol conoce que el comercio de los hombres es la verdad profunda de la política.

 

Porque El hijo del chófer va de eso, de una fina disección forense del que pudo ser el periodista más poderoso de Cataluña y que acabó en el horror absoluto de los asesinos suicidas que no acertaron a invertir los términos. Suicidarse en primer lugar hubiera dejado viva a quien tanto le padeció. Por el camino, como en pinceladas puntillistas aparece, por ejemplo, el rey padre. Colateralmente, pero en la jaima, de intermediario de los vendedores de armas a Arabia. Mi vida barcelonesa también se cruzó, muy poco, con el individuo.

El mundo del silencio que al otro lado del mar de la citada Corona creo que llaman omertá, hace/hizo que buena parte del elenco permaneciera callado. Un escritor de referencia como Josep Plá, con su olvidado pasado de colaborador con el franquismo, fue chantajeado por Quintá a la temprana edad de sus 16 añitos. Así venía el elemento. Y con Plá, Tarradellas y Vicens Vives y algunos más sufrieron embates de Alfons cuyo padre era el que les hacía las tareas de conductor. Un padre con doble vida y doble familia, que dejó marcado al Quintá niño incluso físicamente, con la hebilla de un cinturón. Imposible olvidar a los fiscales del caso Banca Catala, Mena y Jiménez Villarejo que empeñaron su carrera contra el poder a modo de quijotes contra molinos de viento.

Barcelona a mitad de los 70 se debía parecer al Tánger de los 40, un hervidero de espías…La posible relación de Quintá con la CIA, aparece en el libro en más de una ocasión. El Quintá tempranero, con inquietudes revolucionarias, parece que quiso entrar en el PSUC, que no se fiaron de él y que fue poco menos que vacilado por alguien con mucha callosidad como Solé Barberá, cuyo despacho laboralista del Paseo San Juan era como una sede oficiosa del partido.

Al final de la etapa clandestina, mientras Quintá guardaba inquina hacia el partido de los comunistas catalanes, hubo quienes desde dentro le soplaban… y en el marco de la crisis de la empresa Seat, que se resolvió con el abandono de Fiat, es cuando se produjo una alusión personal, con nombre y apellidos a otros dos compañeros y a mí,  que según los informadores de El País pertenecíamos a la línea blanca, (textual) pese a no trabajar en el sector de los electrodomésticos. Leído en la cumbre de la semana Santa, El hijo del chófer me ha ayudado mucho a relativizar. Incluso a pensar en la suerte que tuvimos de que un enfermo como Quintá no la tomara con nosotros.  


La relación de Quintá con las drogas aparece nítida en el libro, pero no puedo precisar si en 1978 ya era un colgado o eso vino más tarde. Otros periodistas, de otros medios, aseguraban entonces que quien tenía relación con la embajada soviética era algún informante de Quintá. La guerra fría pasaba por Barcelona y mis amigos y yo, peatones de la (H)historia, entonces con cabellos más abundantes, no tuvimos a mano un simple burladero. A mí, me pilló el toro lo suficiente como para decidir cambiar de profesión.  Y como ni  Alfons Quintá, ni su señorito de entonces, Cebrián, ni el padre padrone, Polanco, tuvieron a bien admitir la rectificación que enviamos a vuelta de correo, cuarenta y tres años más tarde, dejo constancia  en la entrada 546 de este blog.

 

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