lunes, 3 de noviembre de 2014

Pringaos

¿Coleta o harakiri? La revuelta de los pringaos parece que ya está en marcha. Hemos dicho basta y echado a andar. Era parte de un estribillo del folklore revolucionario chileno asesinado por Pinochet y sus secuaces. El término pringao, con la “d” caída, no aparece todavía en el diccionario de la RAE, pero a su vez es muy difícil llamar pringado, con todas las letras,  a una persona que se deja engañar fácilmente. Nos engañan, está claro. Nos hemos dejado engañar.

 A mi creo que no me han llamado pringao muchas veces pero recuerdo con nitidez la primera. Era en El Astillero, a la puerta del Instituto del que yo era jefe de estudios. Finales de los 80 o primeros meses del 90. Un chico rondando la mayoría de edad, amigo de un alumno que claramente andaba en malos pasos… un marco de crisis económica, reconversión industrial con especial incidencia en el sector naval y desencanto político con las mayorías absolutas socialistas…


La primera huelga general había sido un éxito sindical rotundo y Felipe González se envainó parte de algún proyecto legislativo… todo repetido. Cansancio eterno. Juan Guerra ya tenía despacho en la Delegación del Gobierno en Sevilla y Roldán debía estar llevándose los centros florales de las inauguraciones de casas-cuartel de la Guardia Civil. Tampoco empezaría, digo yo, llevándoselo a espuertas. Un tal Naseiro había salido mucho por la prensa y unos meses más tarde llegó a la alcaldía de Benidorm Zaplana, de manera poco limpia, tránsfugas y tal y del que se conocía o se conoció más tarde, que estaba en política por la pasta.

Roldán no llegó a cambiar la leyenda de la entrada de los cuarteles. Pero esa es la realidad. Todo por la pasta. Y los más necios de cada lado siguen intentando que creamos que es el otro el que tiene más lío en este asunto. Pero la pasta es la nuestra, la de todos. Y se la han llevado. A Andorra, a Suiza, a las Caimán,… Yo he llegado a discutir acaloradamente con un amigo que hace mucho tiempo que decía que eran iguales, los dos grandes partidos. En un alto porcentaje reconozco ahora públicamente que mi amigo tenía más razón que yo. A la vez que se puede seguir afirmando que la inmensa mayoría de los representantes políticos no ha participado en el asalto.

Ha dejado de importarme lo cuantitativo. Es cierto que hay más detenidos de un partido que del otro, pero eso no es lo esencial. Y finalmente se abre paso el grito desde el propio seno de los dos grandes. Pero seguramente es tarde. Puede ser el final de un sistema. Lo cual no garantiza que venga necesariamente otro mejor. En Italia tienen alguna experiencia en esto de la corrupción de los políticos. No tengo la menor idea de si a Rajoy le espera un camino parecido al que siguió Craxi, aunque no necesariamente sea Túnez el destino de la fuga. Marruecos está más cerca en nuestro caso. Pero eso, que no se si Italia está comparativamente mucho mejor que en 1992. Y por el camino ha pasado nada menos que Berlusconi.

Es muy probable que sea todo el marco de lo que históricamente se denominó la socialdemocracia lo que haya llegado a su punto final. Entendida como un modelo de gestión amable, y rentable para los menos favorecidos, de un sistema que sigue siendo brutal, que ha renunciado a generar riqueza desde la producción en buena parte de Europa y se dedica a asaltar los servicios públicos y a gorronear los presupuestos públicos. Con una cubierta ideológica de pacotilla y supuestamente liberal, lo que tenemos, rascando mínimamente, son auténticas bandas de ladrones.

¿Coleta o harakiri? ¿Susto o muerte? Los nervios ya están instalados en quienes hasta hace muy poco, escandalosamente poco, han creído ser dueños de toda la barraca y no necesitaban dar ninguna explicación y eran y querían convencernos, más listos que nadie. Ahora están también más asqueados que nadie. No señor Rajoy. No señora Cospedal. Dejenme al menos tener más asco que ustedes.

La salida interna, en cada formación, no es fácil. El PSOE acaba de apostar por un equipo dirigente que podía estar igualmente tratando de vender vehículos de ocasión o artículos textiles en la tercera planta. Y el PP, cada vez más rodeado por la Justicia, no tiene referencia de cambio interno fuera de la designación digital. No sirve en este momento y no tienen tiempo para ensayar algún tipo de elección primaria. Así, la tribu de la coleta, llena de expertos en ciencia política, avanza a un ritmo imparable. Personalmente nada que objetar. Se lo han ganado a pulso.

1 comentario:

  1. El invento llamado "democracia" (al que suele añadírsele la coletilla "representativa") no deja de ser una experiencia histórica muy reciente. Más aún, el que lo ejerza una población mayoritariamente desasnada, esto es formalmente instruida en instituciones ad hoc, con "pleno" conocimiento de causa, es tan, TAN reciente que ni siquiera ha sucedido nunca. No ya en España -cosa muy lógica-, sino en muchos otros territorios del mundo supuestamente civilizado.

    La consecuencia más inmediata es que la "política" funciona AL MARGEN de gran parte de la sociedad, bien porque ésta carece de formación suficiente (y el político se arroga las decisiones con formato tiránico), bien porque los más listucos "pasan" del asunto (porque en su cabeza hay asuntos más importantes). Por lo tanto, en el teatro aparece un Berlusconi, o un Aznar, o un Giscard d'Estaign, o un Felipe González, o un Zaplana, o un Arzallus, o un Bush, o un Anguita, o un Obama... Y todo sigue igual y a la vez es distinto, y nadie está seguro de por qué. Naturalmente, tampoco sabe nadie quién será el siguiente ni cómo lo hará.

    ¿Pablo Iglesias? Puede. ¿Otra vez Rajoy? Puede. ¿El nuevo pinturero del PSOE? Puede. En lo que me concierne, quizá lamentablemente, pero así es, me da lo mismo: no veo grandes motivos para albergar una ilusa ilusión.

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