lunes, 11 de noviembre de 2013

Ir y venir




Volver. Estos verbos de movimiento que confunden en algunas lenguas hasta el punto que nunca se sabe si van o vienen. Algunos. Algunas. Irse de la lengua. Irse, en otro sentido, no apto para horario infantil, que también en algunas lenguas es venirse, incluso en la nuestra, entre algunos de sus hablantes. Los expresidentes de gobierno se van, de la lengua, sin duda. El resto no me consta. Aznar ha tomado nota, se ha quedado con las caras de los suyos. Ya no le quieren. González cree que Rubalcaba es el mejor y de la misma le deja desarmado. Y claro, Alfredo anuncia que vuelve. Dando la razón a todos los que habíamos observado que se había ido, que no habían estado. Y de paso, advierte que quien compitió con él la última vez no es muy lista.

El otoño se va calentando en el sentido metafórico a la vez que se enfría en el real. En Valencia saltan chispas en torno a uno de sus focos más señalados en lustros. La televisión pública, emblema de la propaganda política del gobierno regional, campeona e iniciadora de la telebasura en los espacios públicos, se viene abajo. Arruinada. Con una plantilla que ha crecido de forma tumoral. Pagando favores, pagando muy bien. Creando empleo ficticio. Hasta el final.

Ahora, trabajadores de ese medio confiesan de que forma han  trabajado, manipulando la realidad, obligados a manipular la realidad. Hasta el punto que un accidente de metro con decenas de muertos no existió en ese medio. Oigo a dos periodistas de prestigio, de un mismo medio, discrepar sobre si el periodista debe ser un héroe en su trabajo. Son cosas de las que no se discute cuando se habla de un médico, de un arquitecto, de un camarero, de un funcionario de cualquier departamento… Comportamiento profesional. Si eso es heroísmo, heroísmo para todos.

Y luego, en el plano regional, Torrelavega aparece una semana más en la columna de hecho desgraciados. La ciudad vive una situación excepcional y toda la comarca. Y saltan chispas a diario. Y el alcalde, que ya ha demostrado que políticamente, el resto a mi no me importa mucho, no es el más listo de la ciudad, sigue apuntado al papel de bombero pirómano. No es el único entre los de su profesión. En este humilde blog hace solo un par de semanas ya dije que a “alguien le va a pillar la revolución intentando un bonito juego de palabras que merezca unos segundos en Telecantabria”

El alcalde de Torrelavega, quizá todo el PP de esa ciudad, está apuntado a eso. Cita a su posible sucesora con una rima fácil, alcaldesa por sorpresa. Cuando se es alcalde de un municipio sociológicamente no muy favorable, en Torrelavega los conservadores necesitaron 32 años para acceder a la alcaldía, y eso se hace en minoría, 10 frente a 15 concejales de la oposición, hace falta algo más que cierta afición a la poesía para gobernar. Después encontramos la fractura de los socialistas. No sé si alguien puede garantizar ahora mismo que los 8 concejales del PSOE puedan votar la moción de censura si finalmente se llega a presentar.

He abrazado mi hospital, Valdecilla, el sábado pasado junto a miles de ciudadanos. A algún diputado del PP le contaría, ante un café y sin un milímetro de crispación las razones por las que lo he hecho. No creo estar manipulado por nadie. Vivo de mi pensión pública. Nunca he vivido de la política. Cuando tuve relación con la política activa, hace más de 30 años, eso costaba dinero y algo más. Espero tener, al menos, la misma credibilidad que el, que ellos. Más credibilidad democrática que algunos políticos del partido gobernante, quizá también de algún otro partido, que tienen fotos brazo en alto muchos años después de morirse el dictador. En el valle de los caídos o en otros lugares.

Y me parece que si especialistas en economía de la salud afirman que la política, los políticos, están agravando la situación del sistema nacional de salud, debo prestar algo más de atención a esa afirmación que a la de un político interesado en que le salgan las cuentas a su partido y que antes de las próximas elecciones puedan cortar una cinta sin pensar demasiado en lo que ocurra después.

Más que todo lo anterior me duele hoy Filipinas y todo su dolor de hoy, más que esa dolorosa imagen de ayer, de un ciudadano ruso desnudo, con sus testículos clavados al suelo en Moscú. Como si desnudarse en Moscú, en noviembre, no fuera suficiente dolor. El alcalde de Torrelavega, el PP de Cantabria, todavía no se ha enterado de lo que es una protesta radical.


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