viernes, 25 de enero de 2013

Amy Hamlet




El 3 de abril de 1979, con la Constitución recién aprobada, se celebraron en España las primeras elecciones municipales en más de cuarenta años. Yo todavía era metalúrgico y no había decidido, o lo decidí justo ese año, dedicarme a la enseñanza. Un resultado electoral, en el que la suma PSOE-PCE superó en más de un millón de votos a la de UCD-AP, más un esfuerzo negociador que se podría personalizar en Santiago Carrillo y Alfonso Guerra, hizo que el mapa de España se tiñera de rojo. Muy pocos municipios de más de 50.000 habitantes tuvieron un alcalde conservador. 

En muy pocos meses estallaron escándalos de corrupción que afectaron a los nuevos gobiernos municipales. En L’Hospitalet de LLobregat, la mayor población española fuera de capitales de provincia, un concejal del grupo mayoritario, socialista,  adjudicó a su esposa un vehículo del depósito municipal sin subasta previa. En 1980 tuvo que dimitir- qué tiempos! Años más tarde el mismo personaje fue contratado temporalmente por el mismo Ayuntamiento…

En aquella misma primera legislatura municipal, algún concejal del equipo de gobierno del Ayuntamiento de Barcelona disponía de su tarjeta visa-oro, con cargo al Ayuntamiento, como si no hubiera hecho otra cosa en su vida. Personas que se habían jugado lo poco que tenían, vida y puesto de trabajo, en los últimos años de la Dictadura, en pocas semanas se habían acomodado a un nivel de vida que escandalizaba a la mayoría de sus votantes.

Después del arrollador triunfo de 1982, de la incorporación al PSOE de más de un oportunista, se conocieron más y más casos. Espero no defraudar a ningún lector habitual. Sigo creyendo que la mayoría de políticos es honrada. No creo que haya mayor corrupción en la izquierda política, al contrario. Todavía creo que la derecha es más corrupta. Pero es que los términos del debate ya no pueden ser esos, aunque algún dirigente siga empecinado en esa comedia. He señalado los dos primeros ejemplos, conocidos personalmente de muy cerca, por ser anteriores a la entrada de los socialistas en el gobierno de España. Hubo prácticas irregulares desde el minuto cero en que se tocó poder. La derecha nunca ha dejado de tocar el poder. Parece que el poder es así, al menos en el sur de Europa.

Lo que me parece inaudito después de tres décadas largas es que no se hayan tomado medidas preventivas. Con ninguna otra enfermedad se obra así. El SIDA que apareció en aquellos tiempos, está infinitamente más controlado que la corrupción política. La financiación de los partidos, de los que tocan poder, en el gobierno central o en los locales, no ha dejado de tener divertículos ilegales. Que los encargados de recaudar para los partidos distraigan cantidades para su bolsillo es, seguramente, natural. Desde el caso Naseiro al FILESA, con resultados judiciales dispares, ha llovido mucho. Y sigue. A veces, como ahora, llueve sin parar, era el título de la anterior entrada en este blog.

Que el día que Montoro y nuestra diputada Madrazo, tienen que poner la cara en el Congreso para tratar de explicar lo de Bárcenas, que no digo yo que sea fácil, a los otros les salga la burbuja Amy desde la mismísima cúpula de su laboratorio ideológico, es más que una casualidad. Es una analítica detallada y un diagnóstico electrónico y nuclear. En España huele mucho peor que en la Dinamarca del príncipe hamletiano. Y faltan todavía los destinatarios de los sobres de Bárcenas.  

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