jueves, 19 de enero de 2012

Teka


Me siento obligado a titular así esta semana aunque directamente sólo conozco a dos trabajadores de la empresa, antiguos compañeros de alemán en la Escuela de Idiomas. No es por tanto un compromiso de amistad. Pero vivo cerca de la fábrica. He pasado por delante de la misma miles de veces, en bici, andando, en coche y autobús.
Cuando mi momento de paso coincidía con el de descanso de los trabajadores, y mucho más si acompañaba el buen tiempo, esa salida a la puerta de la factoría a comer el bocadillo, a fumar, a intercambiar opiniones con los compañeros  sobre los dioses y los mundos, me transportaba automáticamente a otro tiempo y otro lugar en el que el metalúrgico era yo. Un yo mucho más joven. Si, uno ha sido metalúrgico antes que… bueno no, fraile no he sido nunca.
Al pasar por ese lugar, también se me ha aparecido la poderosa imagen de los trabajadores de la construcción del Rockefeller Center en el Nueva York  de 1932, saliendo de la gran depresión aunque era el año en el que el índice del Times – no había todavía Nasdaq- marcó los valores más bajos.


Mi fregadero es Teka, y mi cocina y mi horno. Y lo eran los anteriores, y los anteriores a los anteriores, lo cual me lleva a la primera casa de mi propiedad y de eso han pasado ya treinta años. Pero Teka era también nuestro Racing y el glorioso balonmano que hubo una vez en esta ciudad y que nos hizo ser conocidos y respetados en todo el continente del balonmano, quizá en todo el mundo. 
¿Y ahora? Deslocalización. Irreversible. Se que alguna vez se lo he debido explicar bastante bien a mis alumnos pues alguno de ellos ha respondido muy bien en alguna prueba de evaluación. Pero eso es teoría. Ahora la deslocalización se cuela en mi barrio y va a dejar a doscientas familias –para empezar, quién sabe a cuántas más- en la cuneta ¿de la crisis? No, esto es otra cosa. Es como lo de los ataques preventivos o los golpes de estado preventivos.
Espero que nuestras autoridades, ahora todas del mismo equipo, en todos los niveles de la administración, jueguen, por una vez, el papel que les toca. Como mínimo sin facilitar nada, lo que se dice nada, el ERE que se anuncia. Y algo más que va a continuación. Para cualquier visitante a la ciudad, para los que aparcan frente a esas instalaciones, pongamos un día de toros, el emplazamiento de la factoría es bastante difícil de explicar. La localización industrial tiene, a veces, caminos tan poco claros como se dice que son los de alguna Providencia.
Hace cincuenta años la ciudad se acababa en Cuatro Caminos. Después estaba la Ciudad Jardín y el Hospital, y la fábrica de cerveza, y las viviendas de Renfe, y llegar a donde hoy está el cuartel de la Guardia Civil parecía una excursión. Por edad, uno tiende a ser mal pensado. Al lado de las instalaciones, en el terreno del antiguo matadero frigorífico hay un plan para edificar viviendas de lujo y se dice en la zona que algún alto cargo del PP está entre los promotores.
Ya en la campaña electoral de 2007 hubo pancartas de los vecinos que molestaron mucho en Becedo. El plan se retrasó y llegó la crisis pero puede que algún día se materialice y… probablemente, los propietarios de viviendas de lujo a diez minutos a pie del Hospital, es posible que no quieran una fábrica en la vecindad. Pero sólo es eso, un mal pensar por mi parte con una muy fácil solución.
Seguramente el Ayuntamiento y el Gobierno regional no tendrán ningún problema en garantizar a los trabajadores de Teka y a sus representantes, que nunca, y nunca quiere decir nunca, pese a que ahora el lenguaje está batiéndose en retirada –esta columna se podía haber subtitulado Murphy 2, pero me ha parecido excesivamente pretencioso. Al fin y al cabo, la semana pasada yo todavía no era amigo del Comité de Teka en el Facebook – a lo que íbamos, que nunca se van a recalificar esos terrenos y que seguirán siendo productivos y no residenciales. Por siempre jamás.

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