lunes, 6 de agosto de 2018

Un Plan Marshall negro [Para Olivia (12)]


Hoy cumples 23 meses. Sé que es una cifra poco celebrada. Te falta solo un mes para cumplir los dos años que dices ya que tienes, pero antes llegará Diego, tu hermano pequeño. Eso es suficiente, más que suficiente, para un abuelo que babea cuando en mitad del Muelle te paras, solicitas los brazos de tu Abu y parece que eres víctima de un ataque de amor, aunque solo sea un ataque de pereza o de cansancio.

Y sin embargo tu Abu, Olivia, no tiene bastante con eso. Está preocupado,  espero que algún día lo entiendas, con muchas de las cosas que nos rodean y entre todas ellas estoy  muy preocupado con todo lo que se relaciona con los procesos migratorios. Algo ha pasado en los últimos años para  que un problema muy serio, que afecta a solo un 1% de la población mundial, aparentemente no tenga solución.

En lo que se refiere a nuestro continente la ceguera absoluta parece guiar las políticas migratorias.  De la Unión y de todos y cada uno de los estados miembros. Se entiende mal que el miedo al mestizaje étnico, cultural, especialmente religioso, no se neutralice con la evidencia de que el comportamiento demográfico de la sociedad europea lleva, a muy corto plazo, a una sociedad anciana y pobre.

En 1981 la revolución del África negra fue el  tema que elegí desarrollar en la primera parte de mi oposición para profesor agregado de bachillerato. Se llamaba así entonces. El tema me lo había preparado con fuentes primarias y tuve suerte de que fuera una de las opciones que el azar me propuso. Sé que si busco en este blog que tiene ya más de 400 entradas, hay alguna referencia a ese ejercicio. Entre otras cosas porque aquel año Robert Mugabe tenía un significado muy distinto al que ha tenido últimamente. La declaración unilateral de independencia de Rodesia del Sur nos acerca a problemas actuales de  una manera insospechada… Llevo muchos años pendiente de África y de la ceguera de Europa en relación con ese continente vecino.

El pasado sábado, en el programa radiofónico más escuchado del fin de semana, cuatro voces autorizadas, dos periodistas, un misionero, y un cooperante, me atrevería a decir que ninguna de esas voces profesa ni ha profesado ningún radicalismo ideológico, compartían una visión que pone en primera plana la necesidad de que Europa abandone la fallida política migratoria llevada a cabo en los últimos lustros. Reconocer el error y enmendarlo. Así de sencillo. Y de difícil.

Y el primer dato. Más del 10% de las personas que han llegado a Europa en lo que va de año no tiene su origen en África. La guerra en Siria es la causa. Esa guerra que con la inestimable pasividad de occidente está a punto de ganar el tirano y su padrino ruso. Estamos jugando con fuego real. Ya se ha producido un episodio muy violento en  la valla de Ceuta. La desesperación puede hacer entender, pero no justificar, el uso de la violencia para una  entrada irregular en un territorio extranjero. Cualquier estado va a rechazar esas formas que operan a corto plazo contra los intereses de quienes pueden parecer beneficiados ese día.

La manifiesta incapacidad, intelectual en primer lugar, de la mayoría de nuestros políticos, en el conjunto del continente, va a hacer que veamos lo que hasta hace poco nos podía parecer aberrante e imposible. Italia… nuestros jóvenes dirigentes de la derecha. Y sí, hace falta algo parecido a un plan Marshall para el continente negro, pero la falta de credibilidad de quien se cepilló absolutamente las ayudas a la cooperación, hace necesario que esa propuesta venga de otro campo.

No hay ya muchas más opciones. Una Europa mestiza. Una Europa anciana y pobre o una Europa más o menos mestiza y más o menos anciana que se compromete seriamente con lo que en Estados Unidos llamarían nuestro patio trasero. Y no por buenismo como algún faltU anda diciendo por ahí. Por puro egoísmo y pragmatismo.

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