lunes, 13 de noviembre de 2017

La corrupción: Ese sector de actividad


Nunca me he sentido cercano a las teorías conspirativas que encuentran siempre un culpable para todo, aunque tenga que ver con el aleteo de una mariposa en otro hemisferio. Pero la situación de las últimas semanas/meses en España puede colocarse con mucha facilidad en algún segmento de esas teorías. Escucho en una emisora local a la abogada Pilar de la Hera decir que la corrupción es un sector de la actividad económica. Añado que, con cifras oficiales, tiene más importancia que el sector primario.

No creo que en ningún otro país, civilizado o no, un alto cargo de la investigación de la mayor trama corrupta que nos ha asolado, que quizá nos sigue asolando, afirme en el Parlamento que los indicios apuntan a que el presidente del gobierno y toda su banda han cobrado sobresueldos en dinero negro, opaco, oculto, y que ninguno de ellos dimita ni se sienta obligado a mejorar alguna explicación anterior. Añadiendo que su mayoría parlamentaria es la más precaria en cuarenta años.

Desconozco si han pactado con el segundo partido más corrupto de la Península Ibérica, el del ex presidente catalán, en situación legal confusa en Bélgica, para a través de sus declaraciones simbólicas aplicar la táctica del calamar a lo suyo, de ellos, de los unos y los otros. Mientras el tercer partido más corrupto de la misma península no se sabe si va, viene o regresa. De momento, en otra finta propia del momento, les han expulsado del equipo de gobierno del Ayuntamiento de Barcelona. Aquí se aprestan a la batalla final (*)

Hay mucha boquita caliente, algunas de ellas pueden ser incluso boquitas pintadas como las de Puig, ojo que no hablo del nuevo manneken pis. Algunos de sus colegas, los que no hablan francés ni flamenco, han cantado auténticas arias inmortales la semana pasada, en el Supremo y en la Audiencia Nacional, con mejor suerte para unos, una, que para otros…el dislate jurídico-político de este final de año necesitaría un fortasec ejemplar que todavía no existe, el de un tratamiento para la diarrea mental.

Esa doble coartada que se dan los corruptos del centro con los de la esquina no es gratis para ninguno de los otros cuarenta y cinco millones. Nada va a ser igual, al menos para los que tenemos una edad. Hay cicatrices que toman su tiempo, que cuando repasas los alrededores, años más tarde, notas todavía un cierto acorchamiento. Amigos, familiares, que han abrazado la causa que te rechina y se regodean en ella y te bombardean con imágenes supuestamente heroicas… No. No va a ser fácil. Los miles de muertos en Yugoslavia, en Siria, en tantos otros lugares, tuvieron aperitivos más discretos.

Si todo va bien, si acabamos sin víctimas mortales, cómo pondremos cascabeles a los distintos gatos corruptos?. El empobrecimiento global de nuestra sociedad mientras algunos de sus dirigentes políticos dejaban pálidos a piratas históricos… cómo nos lo vamos a contar?  Valor, coraje, lo que hay que tener, no es fácil regalárselo a  ninguno de los líderes del proceso de la esquina, ni a los del partido corrupto del centro, ni a ningún otro.


He tardado en llegar hasta aquí, llevo años rozando esta cuestión que nunca me había acabado de creer plenamente. Hay algo entre el dolor y el escozor por el papel de algunos conocidos. No hablo de los amigos. Esos tienen otra bula, incluso cuando juzgamos que se equivocan. Simplemente conocidos. Que alguna vez coincidieron en una reunión, en una fiesta. Que ya eran/estaban o creían ser o estar de vuelta de casi todo, por encima de casi todo. Uno de ellos estuvo a punto de comprarnos nuestra última casa en Barcelona. Ex de una amiga. Padre de una chica algo más joven que mi hijo. O el hijo de otro compa, bueno entre buenos con fama de bueno, el padre. Que nos prestaba su despacho en un Escuela Universitaria para realizar nuestras reuniones clandestinas… y algunos más. Dolor, escozor. O ambos.

(*) Primarias locales en el PSC/PSOE. Previsiblemente encarnizadas en Santander. Continuará

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