lunes, 28 de abril de 2014

El talón de Rajoy




Alguna vez se puede uno permitir empezar con una buena noticia. Desapercibida hasta ahora, creo, para los medios de comunicación locales. Mi amigo Borja Rodríguez ha obtenido el premio de narrativa 2014 de la Universidad Complutense con su obra La única carta. El último premio Cervantes, Elena Poniatowska, entregó los galardones en un acto académico el pasado viernes. Mi enhorabuena a un tipo de los que quedan pocos. Hace ya cinco años que publicó otra novela, El traidor de la Corte (Rocaeditorial) Capacidad de trabajo bastante fuera de lo común. No voy a seguir. Ya he dicho que es mi amigo, pero juzguen ustedes/juzgad vosotros. Borja dirige un Instituto de Secundaria, dónde imparte clases de Lengua y Literatura Castellana. Además imparte docencia en la Universidad de Cantabria. Tiene su vida propia, que incluye alguna caña de vez en cuando con sus amigos y en los ratos libres, escribe. Desgraciadamente, hay pocos ejemplares como él.

Menos mal. Gracias a Borja esta entrega semanal no ha empezado con nota necrológica. Demasiado abundantes en las últimas semanas. Pero ni el maltratado por la ley americana, Hurricane Carter, ni Tito Vilanova, son merecedores de olvido. Son desapariciones, ya lo he comentado anteriormente, de esas que sin haberlos conocido personalmente en vida, se sienten como algo muy cercano.

Después de una semana llena de acontecimientos y aniversarios, el fin de semana ha ofrecido muestras de la dualidad que se ha implantado en la sociedad. Una parte de la ciudad, y de la región se había centrado en un acontecimiento realmente novedoso, la llegada a la final de la copa del Rey de rugby de un equipo cántabro. Al margen, unos miles de ciudadanos, y el ex presidente Revilla, reivindicaban en Laredo la permanencia del hospital comarcal con todos los servicios, como en la actualidad. Y a la vez ha habido una especie de revoloteo fantasmal de representantes del estamento político antiguo. Los que todavía gobiernan o aspiran a hacerlo.

Cierto es que estamos en precampaña electoral. Menos de un mes para las europeas del 25 de mayo. Pero la aparición del presidente del gobierno, Rajoy, en nuestra capital, con un talón virtual de 28 millones de euros para el desfase presupuestario del hospital Valdecilla, ni se ha explicado medianamente bien ni, lógicamente, se ha entendido. Rajoy y Aquiles no se parecen en nada. Menos mal. Después de otorgar el final de las obras a una empresa privada, a cambio de un canon anual fastuoso y una entrega a sus intereses privados por 20 años, la llegada de dinero de los presupuestos generales del estado solo se puede entender como un regalo añadido a esa empresa. Lo siento. Me gustaría equivocarme. Pero el descaro con el que últimamente se emplean los dirigentes políticos con el dinero de todos, no me deja margen.

En la campaña también se ha estrenado el todavía ministro Cañete. El discurso no podía ser más anticuado. La herencia y tal. Al aspirante popular le acompañaba el número dos. Pons se llevó un huevazo. En Valencia se celebra mucho la Pascua. El socialista catalán, Navarro, se ha llevado algo más duro que un huevo, y es que no está el horno para… Otra vez habrá que aburrir con el tema de la violencia y su condena. Pero en algún momento se establecerá que hay violencias de muy distinto signo y que como en la ley del embudo, no se aprecian todas por igual. No es posible por otra parte.

Los socialistas cántabros también han tenido acto de fin de semana. Habiendo renunciado previamente a movilizar ciudadanos con unas primarias abiertas, la proclamación de la candidata para las autonómicas del año próximo, Diaz Tezanos, aun contando con la presencia del número tres del partido, Oscar López, no ha dejado de ser un acto de poco eco. También he escuchado en la radio al candidato López de Uralde, número uno de la única coalición de izquierda que ha tratado de integrar a más de una fuerza de las que se reclaman de ese espacio electoral. Pues eso. En campaña. Otra campaña. Con pocas perspectivas de que sea una campaña novedosa.


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