Con
pocas horas de intervalo he visto, ya de vuelta en casa, un par de obras
cinematográficas que por distintas razones me han impresionado, entusiasmado,
emocionado … y tal y como van las cosas, no se puede pedir más. Ya lo decía
Aute, más cine por favor. El Lincoln de Spielberg me ha gustado y
parece una buena reconstrucción histórica que habrá asombrado, en primer lugar,
en su propio país, tan dado a olvidar lo que no convenga.
La
abolición de la esclavitud es, sin duda alguna, una de esas pocas veces en que
los seres humanos nos podemos sentir orgullosos de serlo. Las dificultades de
hace 150 años para llegar a aquella enmienda constitucional están mucho más
claras si se tiene en cuenta todo lo que tenía que llegar más tarde hasta
alcanzar una cierta igualdad. Todavía en los EE.UU de hoy, un negro tiene el triple de posibilidades de morir
ejecutado en aplicación de una sentencia judicial…
Ni
una semana había pasado desde que le otorgaran el premio Goya al mejor
documental del año, cuando hemos podido ver en Santander, en una sesión
semiclandestina, en un colegio público de primaria, el documental Hijos
de las nubes. Longoria y Bardem han logrado un más que meritorio apunte
que destaca por su valor didáctico. Los que tenemos cierta edad, y hemos vivido
ya acontecimientos sin duda históricos, podemos caer a veces en la idea de que
todo el mundo conoce esos acontecimientos en detalle. Y no es así.
Cuando
concurren tantos elementos dispares como los que se dan en una de las mayores
vergüenzas que mantenemos sin resolver
en nuestra historia, como el abandono precipitado, en 1976, del territorio que
España ocupaba en el África Occidental, y de sus habitantes, súbditos españoles,-no
existía la categoría de ciudadano español bajo la dictadura franquista-, en
manos de Marruecos y Mauritania y de sus sistemas políticos autoritarios,
cuando tenemos todo eso en presencia, no es fácil hilar una narración que ayude
a entender el problema, su origen, su desarrollo y sus posibles soluciones.
De
las muchas personalidades entrevistadas en el documental quiero destacar tres
por muy diferentes motivos, aunque seguramente son más sonoras las ausencias
que las presencias. Un testimonio muy valiente es el del antiguo embajador
estadounidense ante la MINURSO, Frank Rudy. No se corta en su
testimonio que iguala las tácticas de Marruecos a las de la mafia, -explica un
caso concreto de intento de soborno a él mismo- y la impotencia de la ONU
cuando dos países miembros permanentes del Consejo, como Francia y EE.UU, no
quieren una solución que deje en algún desaire a la monarquía alauita.
El
Goya al político cínico no tiene duda, el propio Roland Dumas reconoce que
su postura es cínica, algo así como “a veces la solución es que no haya
solución” Diez años al frente de la política exterior francesa en gobiernos
supuestamente progresistas, para alcanzar el dudoso título de valedor máximo de
la posición del padre del actual rey marroquí. También pasa por la pantalla, al
menos en un par de ocasiones, Felipe González, que parece que era
el bedel de La Moncloa y no el presidente del gobierno de la antigua potencia
colonial. No parece que tenga nada que ver en este tema. Un asunto de Argelia y
Marruecos… No llega ni al cinismo del francés, que al menos lo reconoce y
asume.
Pese
a Aute, no todo en la vida es cine. El sueño saharaui es real y los españoles
tenemos mucho que decir para que ese sueño deje de ser una pesadilla.
No hay comentarios:
Publicar un comentario