domingo, 17 de julio de 2011

Platino o diamantes


Entrada publicada hoy en Aquiconfidencial.es

No estoy seguro de cómo se celebran los 75 años de algo,  platino o diamantes o alguna otra piedra preciosa, y no pienso buscarlo. Así se queda, en la duda. La misma duda que me asaltó ayer al mediodía, mientras la procesión de la Virgen del Carmen, la marinera, volvía a puerto. La otra procesión, la de tierra, al atardecer, colapsando el centro de la ciudad, debería tener alguna otra salida.
La duda era ¿Se celebró la procesión marinera hace 75 años? O el horno ya no estaba para bollos. Tengo una referencia familiar clara y concisa sobre la noticia. Les llegó mientras bailaban en el Corro. Eran las fiestas del Cristo, exactamente igual que ayer y que hoy. Los altavoces, en un momento, en vez de la música de la época, hicieron una referencia a la situación en Melilla. La casa de los abuelos estaba, y está, a tres kilómetros de Comillas. De creer la noticia tal y como se difundía, pongamos veinte años más tarde, mi madre, 17, y mi tía, la segunda de las cinco hermanas, 16, y todas sus amigas, entendieron al primer bote que eso era la guerra y se fueron para casa.
Muy probablemente la fiesta continuó incluso al día siguiente, cuando ya se sabía que lo de Melilla no sólo había pasado en Melilla y que el alcance era realmente serio. El Cristo sólo llega y llegaba, una vez al año y era la gran fiesta en toda la zona, sólo la Folía y la Barquera podían hacerle sombra. Mi abuela, con un marido marino, como casi todos los hombres de la comarca, a punto de llegar a Barcelona, empleado en la Compañía. No hacía falta más. La Compañía, veinte, veinticinco años más tarde todavía era la fundada por el Marqués. Había otras compañías, pero era a las otras a las que se citaba con apellido.
Marido lejos y cinco hijas, en los tiempos que empezaban no era una situación para envidiar. Tuvieron suerte. Sobrevivieron. El abuelo regresó acabada la guerra. Había estado en Odessa y en Moscú y él, que ya conocía La Habana y Veracruz y New York –en la comarca, la gente de edad no pronuncia Nueva York o Nueva Orleans, hacen un “neu” que se aproxima al “new”. Cosas de la mar.
Mi abuelo, que había naufragado en las Bermudas sin haber escuchado, creo, lo del triángulo, y que como marino era hombre de mundo, abierto, puede que librepensador y más republicano que monárquico, estaba fascinado por el recibimiento que la URSS de Stalin les había tributado y se lo contaba a sus nietos, ya jubilado, en el poyete de entrada a su casa, desde el que se divisa la Pontificia y la ría, a finales de los 50, cuando volvía de echar la partida con sus amigos y vecinos, ex-marinos como él.
Era una de las pocas licencias que se tomaba en relación con la guerra. Las estaciones del metro de Moscú, la ausencia de delincuencia,… del resto ni palabra. Poco más de trece meses más tarde de aquellas fiestas del Cristo, la ladera de Trasvía se llenó de boinas rojas que allí hicieron noche…
Por medio había pasado de casi todo. Desde vacas que cambiaron de dueño a “desapariciones” diversas. Pero lo tremendo es que la página, en parte, 75 años más tarde, sigue abierta. Y ayer había mucha gente al atardecer en la esquina de “General Mola” esperando a la Virgen del Carmen terrestre. Pese a haber nacido aquí no conozco el equivalente en el callejero a nombre de Gamir Ulibarri o Llano de la Encomienda. Sólo una pequeña muestra de mucho más… y así seguiremos, en espera de otro aniversario redondo, para ver si ya se nos ha arreglado el asunto o ya hemos desaparecido todos, los que lo vivieron y los que tenemos testimonios directos.

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