lunes, 7 de noviembre de 2016

¿Halloween o Thanksgiving?


En tres días ha llovido, y va a seguir, más que en los tres meses anteriores. Pero a uno de nuestros ciudadanos ya no le moja la lluvia de esta ciudad. La quiniela que hacía ministro al alcalde de Santander, Iñigo de la Serna, ha obtenido ya el pleno al 15. Ya es ministro. De Fomento. Tiene formación inicial y continua adecuada para el cargo. Ahora, de todo corazón, le deseo más suerte que en la alcaldía de mi ciudad, que es la suya. ¿Qué ha premiado Rajoy en este caso?

Estampa y edad o un PGOU tumbado por el Tribunal Supremo?  Lo de la estampa ya ha saltado a la prensa nacional en términos poco usuales. Los fracasos de gestión de diez años ya se irán conociendo más allá de nuestros nevados puertos de montaña. Esto acaba de empezar. Parece que ya hay quien le ha situado en el puesto número uno del delfinato popular. Estampa y edad a su favor. Lo demás, todo lo demás, a demostrar.

Una red social me recuerda con cuánto interés me he ocupado de otros procesos electorales en los Estados Unidos. Hace cuatro años publiqué en esa red la alegría que me producía escuchar a una amiga que, desde Bruselas, opinaba sobre el proceso en un programa de radio local. Hace ocho años yo mismo opiné en otra radio local en un momento de mi vida especialmente duro. No tengo grandes dosis de acierto en mis profecías, pero algo me hizo ver que el fervor por Obama iba un poco de vacío. Ocho años más tarde me reafirmo. Los dos mandatos de Obama no han servido para mejorar de manera apreciable la causa de los más desfavorecidos. Aquellos de los que se ocupa, teóricamente, el partido demócrata. Su premio Nobel de la Paz nada más llegar a la Casa Blanca tampoco presagiaba nada bueno. Mosul se ha unido a Aleppo en la lista de los horrores...

Pues todo pasa. Habrá muchas causas, pero lo de mañana, primer martes después de un primer lunes, noviembre y año bisiesto, no es que no me importe pero bastante menos que otras veces. Muy niño, diez años, ya viví con interés el proceso electoral de los EE.UU. Era 1960. Resultó elegido Kennedy y aquel verano de primarias estaban por aquí, de vacaciones, un hermano de mi padre, el tío Ángel, ciudadano americano votante demócrata y su esposa, la tía Grace, de ancestros vascofranceses y que había aprendido muy bien nuestra lengua. Ella prefería a Nixon. Y a veces discutieron en nuestra presencia, en aquel verano en el que a nuestro dictador le quedaban todavía tres lustros en el Pardo.

De aquel niño de diez años no puede quedar mucho y mi interés por el proceso electoral americano ha quedado muy disminuido. No deja de ser parte de algo que allí hacen como en ninguna parte del planeta. El negocio del espectáculo que en este caso necesita la fuerte armazón del bipartidismo. Pero ni hay tanta diferencia real entre los candidatos ni ninguno de los dos me provoca una simpatía especial.    

Una ciudadana americana, que ejerció de madre de mi hijo durante un curso escolar, confiesa en la misma red social que por primera vez en su vida no votará demócrata. Audrey, cielos! Susan Sarandon, la Louise amiga de Thelma, una de las actrices más interesada en las causas que me pueden motivar a mí, si no ha cambiado de opinión en las últimas horas, tampoco votará a ninguno de los dos…


De haber tenido derecho a voto, cómo a veces  he reclamado medio en broma, me hubiera resistido yo mismo a votar a la contra? Clinton, con su pesada mochila, contra el monstruo. Sinceramente no lo se. Yo también he roto con el bipartidismo. Ni Halloween ni Thanksgiving. Ni calabaza ni pavo. 

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