lunes, 28 de noviembre de 2016

Fidel [Para Olivia (1)]


En muchas entradas de este blog hay referencias a personalidades en el momento en el que fallecen. Podría ocupar esta semana ese lugar la anterior alcaldesa de Valencia,  como la semana pasada hubo una nota para Leonard Cohen. Las simpatías o antipatías que se les ha tenido en vida considero que se pueden mostrar el día después, pero con respeto. No conozco ninguna cultura actual o anterior que no haya tenido respeto a los difuntos.

No hablo de culto a los muertos, y hay numerosas muestras en el pasado y el presente, ni hagiografías que hacen bueno al difunto o difunta en el mismo momento en que fallecen. Con Rita Barberá ha habido capítulos deleznables, antes y después de su muerte. En buena medida ella ha sido la protagonista de esos capítulos y de los demás de su vida. Fijé mi posición personal en ese asunto hace una par de años con ocasión del fallecimiento del presidente del Banco que lleva el nombre de mi ciudad. Pero esta semana también ha muerto Fidel Castro y quiero tratar su fallecimiento con el rigor con el que alguien que tiene algún conocimiento de la Historia se dirige a su nieta, que todavía no ha cumplido tres meses. Puede que algún día lo lea y quiero ser sincero como siempre y como nunca. Como siempre.

Tu abuelo, Olivia, supo de la existencia de Fidel Castro antes de que los barbudos entraran en La Habana en el amanecer de 1959. El tío Pepe, hermano de mi abuela, que se había escapado de alguna guerra en África y, quizá, de algún embarazo no deseado y se había instalado en Cuba, se quedó viudo en 1957. No había tenido hijos con Rosa, su esposa legal. Era ciudadano cubano pero arregló sus cosas y a bordo del Guadalupe, con escala en Nueva York, volvió a casa. A la casa que sus padres, mis bisabuelos, los tatarabuelos de tu padre, habían construido en El Tejo, Valdáliga. El 8 de abril de 1958 o era Semana Santa o me libraron de ir al colegio pero yo estaba en el muelle viendo como desembarcaba mi tío.

Aquella Nochevieja, en mi casa, en la casa de mis padres, en la que yo mismo había nacido y que, casualidades, estaba entonces en la calle de La Habana, hoy Isla de Cuba, en aquella casa, bastante parca en aquellos tiempos, aquel fin de año la sidra el Gaitero se sustituyó por cava. Y yo brindé, el más pequeño de todos, me faltaban tres meses para cumplir nueve años, por el triunfo de la Revolución. Y mi familia era lo que entonces se denominaba de orden. ¿Qué nos había contado el tío Pepe de Fulgencio Batista? Auténticas perrerías. Y no temía por sus cosas. Una pensión de jubilación y unas rentas de unos inmuebles alquilados que percibió durante algún tiempo. No pensaba que la Revolución pudiera operar contra sus intereses personales.

¿Qué lugar ocupan las pruebas y testimonios personales en la construcción de la Historia? Tengo otra prueba, Olivia. Conservo el pasaporte del tío Pepe. Incluyo foto. En las solapas de ese pasaporte hay una carta que Vale, una amiga, le dirige al tío. Está fechada semanas después del triunfo de los fidelistas y comenta que le echaron en falta para festejar el triunfo de la Revolución y que no se crea las mentiras que ha empezado a publicar la prensa en todo el mundo sobre los tribunales populares y la cantidad de penas de muerte que están aplicando. Se confiesa revolucionaria y miembro de la Acción Católica y expresa textualmente “este movimiento revolucionario no es comunista”



Hay otra cuartilla firmada por Aquilino Sánchez Díaz en la que declara que las escrituras de las propiedades de mi tío, incautadas por el gobierno cubano en octubre de 1960, están depositadas en casa del hermano de Aquilino, Ernesto, en la calle Obispo. Eso es en Habana Vieja, Olivia. Lo sé porque he pasado por allí varias veces en las dos ocasiones en que he visitado La Habana. La primera, en noviembre de 2002 con tu abuela. La segunda con tus padres, en el final del año 2009. En ese amanecer de 2010 hay una bonita foto, que hizo tu madre, en que tu padre y yo posamos sentados en el Malecón, junto al hotel Nacional…

No sé si seré capaz de seguir con este detalle, pero por si la pereza vence te digo, querida nieta, que creo que nadie con quien yo haya coexistido, desde que tengo memoria, haya resultado más controvertido. Ha juntado el bien y el mal; el si y el no, el blanco y el negro; la luz y la oscuridad; el pro y el contra como nadie. Un día de éstos, cuando sus cenizas viajen de la Habana a Santiago en un camino contrario al del cadáver de la película Guantanamera de Tomás Gutiérrez Alea, con millones de cubanos muy tristes, otros lo estarán festejando en Miami. Con muy poco respeto para los difuntos, lo cual sin duda apenará mucho a quienes aquí…

Acabo por hoy, Olivia. La geografía, la posición de la isla de Cuba, y la Historia, el momento de enfrentamiento entre los dos bloques surgidos de la posguerra mundial, condicionaron la revolución hasta hacerla desconocida para muchos de sus protagonistas e hicieron que aquel movimiento de los países no alineados no fuera inocente y no pudiera mostrar todo su potencial de superación del mundo bipolar.




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