sábado, 30 de junio de 2012

Velocidad y tocino



Hay otros proverbios en nuestra lengua destinados a la recomendación de no mezclar cosas dispares, relativos al culo y las témporas o a los cojones y el trigo, pero como titular me parece más gráfico el que figura. Los éxitos deportivos empiezan a ser la manifestación, dicen los expertos, del nacionalismo, incluso del más radical. Pues estupendo. Teniendo en cuenta lo que el nacionalismo, los nacionalismos, han aportado a la historia de nuestro continente, podían haber inventado, el fútbol por ejemplo, unos siglos antes. El ahorro, pongamos, en vidas humanas hubiera sido espectacular.

Ahora, cuando en pocas horas, nuestra selección de fútbol puede hacer historia deportiva, en el sentido de ser los primeros en acumular tres títulos consecutivos, continentales y mundial, las reacciones dan para cubrir todos los grados posibles del horizonte. Desde vestiduras rasgadas por lo que cobran los futbolistas profesionales –que parece que algunos no se habían enterado cuando nuestra selección no llegaba más que a cuartos de final- hasta poner unas gotas de licor amargo cuando se compara la situación, al parecer boyante, de Francia con la claramente nada buena que tenemos por aquí.

He estado perdido por el monte unos días y no sé la reacción que ha habido al derrotar a Portugal literalmente por los pelos y ellos no están mejor ni lo han estado nunca. Lo único que sé lo viví en directo en un pequeño pueblo pirenaico. Alegría colectiva, y eso no puede ser malo para nadie. He intentado, en las redes sociales, predicar sobre la propuesta del título. Resultados diversos. Hay mucha amargura por ahí y mucho amargo y amarga. Que no digo yo que estén los tiempos para dulce, pero que tampoco veo yo la mejora que supondría habernos quedado en la fase primera o en cuartos. Y ya, llegados aquí, y siendo los otros, Italia, los que están tan parecidos en todo lo demás, ¿Acertaría alguien a explicar las ventajas de una derrota de Iker y sus amigos?

Luego está lo otro. Pongamos Mariano. Pero él es así. Ha convencido a Monti para ir juntos a Kiev. ¿Qué allí hay algún lío? Miramos para otro lado. Hace dos años sin ir más lejos el presidente del gobierno parece que decidió no ir a la final de Sudáfrica por tener trabajo inexcusable: preparar el debate sobre el estado de la nación. Ahora eso si que está liquidado. Este año la nación debe estar tan jodida que no hay ni que debatir. Aquellos si eran tiempos, cuando algunos que hoy son ministros se dedicaban a decir que esto era Grecia, o peor.

Ahora sin embargo, esta misma mañana lo he escuchado, sin mediadores, Rubalcaba dice que Rajoy lo ha hecho bien en la última cumbre europea. Bueno. Si se quieren se podrían casar antes de que el  nuevo Tribunal Constitucional prohíba los matrimonios entre personas del mismo sexo. Al fin y al cabo la tarea de oposición ya la hace, muy bien por otra parte, un cómico, un actor, un presentador de televisión de apellido Monzón y nickname Gran Wyoming. No suelo hacer esto y menos cuando el video dura casi media hora. Pero ahí va y no me digan que ahí no hay una madera de líder de izquierdas.  Eso es también confundir la velocidad con el tocino.

http://vimeo.com/44577132

miércoles, 20 de junio de 2012

Dakar (SB09)



La llegada al hotel, tras el susto proporcionado por el taxista que me ha depositado en uno distinto al que le indiqué, pero sólo a dos calles, contribuye al inicio del relax. El día ha sido tenso. Muy distinto a los que al volante del Mitsubishi, y detrás de Fran, me han conducido por 4.000 km de carreteras africanas. En cualquier caso, la experiencia de los transportes colectivos es insustituible para quien quiera ver la realidad del continente. Tras un rato de piscina, ya anochecido, me decido a salir en busca de un restaurante que mi guía lonely planet asegura que está muy bien. No parece que esté demasiado lejos. Me decido a probar la seguridad del centro de Dakar. Sin ningún suspense, no hay nada que añadir a ese capítulo.
Sin embargo, en menos de cuatrocientos metros por la calle presidente Lamine, antes de alcanzar la avenida Pompidou, ya percibo una nota común al centro de Dakar: Los innumerables sin techo acampados de forma parece que permanente en las aceras. No hay mucha iluminación y a las puertas de una mezquita el rezo continúa para los que no caben dentro. Son más de las ocho y media y la oscuridad absoluta de la hora y la latitud queda muy poco neutralizada por la escasa iluminación. Otros cuatrocientos metros por Pompidou me revelan una enorme animación y la posibilidad de comprar casi todo lo que se nos pueda ocurrir. Unos doscientos metros más, ahora por la rue Vincens, y el restaurante libanés es tan espléndido como aseguraba la guía. Vuelvo al hotel siguiendo la misma ruta. Son las diez y media, hay menos animación en las calles pero la misma  la misma falta de iluminación. 
 Tras comprobar que el precio de la habitación no incluye el desayuno y que el buffet del hotel, que veo tras el baño mañanero en la piscina, tampoco parece muy atractivo, salgo a desayunar a una pastelería francesa que me ha parecido muy atractiva la víspera. Si algún día hay una revolución en Dakar podría empezar a la puerta de la Royaltine. Son los dos mundos enfrentados a través de una vidriera y un guarda de seguridad. El aire acondicionado, los alimentos impresionantes, el orden y la limpieza a un lado, al otro lo contrario.
 He madrugado. Camino hacia el puerto. El día es muy luminoso, la mañana relativamente fresca. Tomo el ferry de las 10 para la isla de Gorée. En la plaza de la Independencia ya me he tenido que emplear con alguna energía para que un presunto guía busque por otra parte para ofrecer sus servicios. Otro más a la puerta de la estación marítima y otro más en el barco. Sin embargo la isla es un oasis en ese aspecto y los artistas parece que lo son de verdad. Es como un trozo de Mediterráneo trasplantado al Atlántico unos cuantos grados de latitud más al sur.
Los recuerdos del mercado de esclavos - encima grabado del museo de la isla demostrando como se transportaban hasta la otra orilla del océano- dan vida actual al turismo. Las vistas son impresionantes y la temperatura se acerca a lo ideal. Paso una mañana deliciosa. Me encuentro más de una vez con los jugadores de un equipo de futbol americano con los que he entablado conversación en la estación marítima de Dakar y en el barco. Recién terminados sus estudios universitarios, los dos primeros años, andan orientando su vida futura. La isla tiene un tamaño muy pequeño. Es, administrativamente, un distrito de Dakar la cual se ve desde cualquier punto. No debe haber mucho más de tres millas de distancia.
 Me desoriento un poco a la vuelta y doy un largo paseo hasta el hotel. He fotografiado a los tiradores de Senegal, el monumento que preside la plaza de la Estación de los ferrocarriles, junto al puerto. Se inaugura ese día una bienal de arte, Dakart, pero no tengo mucho tiempo. Los recuerdos se me van hacia los ancianos catalanes que conocí de recién casado, en 1977, cuando ellos volvían de un exilio de 38 años y los tiradores senegaleses eran sus severos vigilantes en los campos de concentración de las playas del Languedoc.
 Como en la Royaltine, muy tarde, y descanso un rato en el hotel, con nuevo baño en la piscina. Estoy acabando un viaje a África bastante estricto en el presupuesto como un auténtico pijo. Al atardecer paseo por el centro. Doy la vuelta por la cornisa oriental y descubro auténticos vertederos sobre las playas. Llego hasta la plaza de la Independencia. Estoy a punto de caer en lo que todos coinciden que hay que evitar. Un “artista” que me detecta como español, que ha pasado unos años en Alicante, llega a convencerme para que visite su taller que está “ahí mismo”. Se me encienden todas las alarmas cuando pretende, ya abandonada la plaza, entrar por un más que oscuro callejón. Me planto. Me despido y me voy. Corres el riesgo de aparecer como un bobo temeroso pero quizá evitas un riesgo mayor.
 Tomo una caña en la terraza de Le Viking, en la avenida Pompidou. Me relajo. Es un lugar caro o muy caro. 1000 francos CFA equivalen a 1,50€ cifra muy próxima a un jornal en la región. Pero también hay nativos entre la clientela ¿A qué se dedican? Ceno en un restaurante caboverdiano con música de fondo que podía ser celta. África, este rincón occidental, también es eso. Las diferencias culturales heredadas de la colonización. En muy pocos kilómetros existe la posibilidad de entenderse en las tres lenguas europeas más “colonialistas” Vuelvo caminando al hotel. Los indigentes de Dakar por el momento no son peligrosos.

El domingo, mi último día en África por el momento, paseo a primera hora hasta un café que he visto la víspera. Lo que no había visto es el mercadillo enorme que se extiende por los alrededores. Cometo el error de preguntar a un europeo, con aspecto de residente –lleva las baguettes del desayuno bajo el brazo y la prensa del día- por una parada de autobús. Muy rápidamente se acerca otro “artista” con el que quedo para ver su taller más tarde. Me acompaña a la parada… a la que nunca va a llegar el autobús que quiero. Tampoco visitaré su taller. Preguntando directamente a un conductor del DDD (Dakar Dem Dikk) el transporte urbano encuentro la que quiero. Mucho más eficiente y limpio de lo que cabría esperar. Hago un largo recorrido de más de una hora que me acerca a Yoff, veo el aeropuerto que tengo que visitar necesariamente por la tarde y regreso al centro. Vuelvo a comer en la Royaltine y me dispongo a hacer las últimas compras de recuerdos antes de abandonar el hotel que me ha facilitado gratis un late check out, me lo dicen así, en inglés, hasta las seis de la tarde. Leo en un periódico las buenas relaciones del obispo de Dakar con el gobierno de cara a la colaboración de las escuelas católicas en un nuevo calendario escolar, propuesto por el gobierno, aunque el ministro de Educación recalca que la republica senegalesa es laica … En algunos países europeos todavía no hemos llegado a tanto.

Buscando unas camisetas me alcanza el mayor conflicto del viaje. Dos vendedores contiguos llegan, casi, a las manos. De hecho huyo, pero uno me alcanza y fuera de la vista del otro adquiero tres. Ya compraré alguna chuchería más en el aeropuerto. Es la parte más cansada del viaje. La pelea minuto a minuto con quienes creen que cualquier toubab es su  esperanza del día y se aferran, lo entiendo, pero cansa. Lo mismo que el continuo toque de claxon por parte de los taxistas que no quieren entender que a algunos europeos nos guste pasear o tomar el transporte público.
 En el autobús 8, ya camino del aeropuerto me suceden dos cosas notablemente diferentes. Un chico me cede el asiento cosa que nunca me ha ocurrido en ningún lugar del planeta. Cuando va a descender acompañado de un amigo, le ofrezco un bolígrafo. Se le ilumina la cara. Sin palabras. Por otro lado, el cobrador, encerrado en una especie de jaula, y una pasajera de edad mantienen una más que violenta discusión por causa, creo, del cambio que ella recibe. Debe pronunciar algún insulto muy grueso. Están muy a punto de llegar a las manos. Otros viajeros intervienen. Todos toman parte menos yo. Mi wolof de dos palabras me garantiza la neutralidad. Soy el único que no sabe lo que ha ocurrido con exactitud. En el control de equipajes un policía me saluda y me dice que hemos venido en el mismo autobús. Me ha visto hacer una foto al estadio que lleva el nombre del padre de la patria: Leopold Sedar Senghor.

lunes, 18 de junio de 2012

La prima de Mariano



El presidente del gobierno, ocurrente como pocos, recurrió a un supuesto primo científico para escabullirse en el tema del cambio climático. Pero hoy, es el día de su prima. El riesgo es Mariano. No disfruto con sus errores, vamos en el mismo barco. Si se hunde seguramente pierdo más que él. Puede parecer un poco lelo, pero es el capitán. No quiero que se equivoque, que se equivoque tanto. Si hace siete meses, la prima de riesgo, eso que ya no hace falta explicar, de lo que todo el mundo habla, el chollo con el que Alemania vampiriza a los países más débiles de la zona euro, hasta que se acabe la sangre en el sur y tengan que chuparse ¿? Pongamos la suya propia.

Bien, si hace siete meses la tal prima tenía nombre y se llamaba José Luis Rodríguez Zapatero, en la víspera electoral y cuando llegó a los 476 puntos básicos, hoy exactamente siete meses después, con un resultado electoral en Grecia que parecía favorable a los intereses de los mercados, la prima de riesgo española ha alcanzado los 584 y ha descendido 10 puntitos al cierre, lo que quiere decir que está cien puntos por encima de cuando se llamaba JLRZ ¿Cómo se llama hoy?

Si tuviese alguna relevancia, la prima se podría llamar Nacho Diego, que un año después de tomar posesión como presidente ha conseguido que la Comunidad esté mucho peor en todos los frentes, menos en el suyo. El es el presidente y eso es lo más importante, al menos para él. El resto del tiempo puede ocuparlo en diversos juegos normalmente basados en ideas perogrullescas sin financiación posible en lustros, sin posibilidad de superar evaluaciones ambientales, tratando de hacer parques temáticos de cartón piedra en clima húmedo. 

¿Alguien del gobierno regional ha pisado alguna vez la cumbre del Castro Valnera? ¿Qué desaguisado están dispuestos a cometer en ella para que pueda llegar allí un teleférico? ¿Han contado con la comunidad autónoma vecina? No voy a seguir. Todo lo que van a hacer es jugar, además de recortar, que también es un juego, aunque infantil. De todas formas, que el día que la economía española baja hasta el fondo, conocido, después parece que ya está el abismo, que ese mismo día Nacho Diego consiga titulares a base de hablar de optimismo…

Hoy 18 de junio parece que es un día para casi todo menos para el optimismo, pero seguramente que el presidente recuerda mejor que yo el rock radical de cuando éramos más jóvenes. Si entonces la asamblea de majaras podía decidir “mañana sol y buen tiempo”, él, hoy, puede decidir optimismo, pero a cambio de incorporarse a la asamblea de majaras. Que se lo cuente a sus colegas Montoro y De Guindos.  Mariano intenta hacer ver que esto no va con él. El ya lo arregló todo en una rueda de prensa hace más de una semana, la que le sirvió de coartada para irse al fútbol a unos miles de kilómetros. Él, que prácticamente impidió que el anterior presidente acudiera a la final del mundial de Sudáfrica, se va al primer partido de la Eurocopa.

Y con todo es igual. Ahora sí hace falta la colaboración de todos, cierto, ¿y antes? Ahora, un día de éstos, cuando suba el IVA, ¿alguien le recordará un pequeño porcentaje de lo que largaron en la anterior subida del mismo impuesto? ¿Qué falta por tocar? Las pensiones, por ejemplo.

viernes, 15 de junio de 2012

Gambia (SB08)

Yo no he hecho este viaje por la meta, Gambia. Aunque cada vez me ocurre con más frecuencia creo que todavía no conocía a Kavafis, cuando, al menos algunas veces, me parecía que el camino era tan importante como el destino. Recuerdo haberlo escrito desde Colombia en noviembre de 2010 pero sin darle muchas vueltas. Ahora, pongamos esperando al ferry para cruzar el río Gambia, tengo la sensación que acabo de entrar en un país más serio que los anteriores. Los funcionarios de la frontera dan un recibo en el que consta la tasa que se paga. Yo he llegado sin visado pero no hay ningún problema, al menos en la frontera de Farafenni.
La pista de tierra, después de cruzar el río, se alarga más de lo que yo creía. Es otra de waka-waka. Después de Marruecos hemos encontrado tramos sin asfaltar en rutas principales. De hecho en ésta me encuentro súbitamente con una franja arenosa que casi me hace perder el control del Mitsubishi. Voy siempre detrás de Fran y el polvo me ha impedido verlo.
Llegamos a la costa la atardecer y el baño en la playa de Brufut es glorioso, y la cerveza, y la cena y más cervezas. Es viernes noche y hay cierto ambiente en Senegambia –recuerdo de lo que pudo ser la federación de los dos países, hoy una zona de hoteles y discos- aunque la temporada alta ya ha pasado y la próxima es la de lluvias que todavía no se anuncian. El sábado la compra de pescado recién extraído del mar y su preparación a la brasa en la misma playa y más tarde, con una luna llena que parece que ilumina hasta Centroamérica, una cena en el mismo lugar y, aprovechando que es sábado, otras vueltas por Senegambia.
La diferencia de potencial económico es tan real como la de la electricidad. De otra manera no sería posible ver africanos y africanas esculturales con europeas y europeos mucho mayores, con kilos de más,… pero dos euros es un jornal inalcanzable para la mayoría de los trabajadores. Con diez, veinte, treinta, nos podemos acercar a una mensualidad. La conversación, la compañía, el sexo, se compran y se venden y, me insisten muchos de los españoles residentes, no es exactamente prostitución. Habrá que inventar un término nuevo pero se parece mucho a como lo hemos llamado siempre.
El domingo la experiencia es muy interesante. Conozco a siete de los médicos de la cooperación cubana. Luis y María, de la ONG Sonrisa de África, los han invitado a su casa de Berefet. Comemos también con los Turner, una joven pareja de tejanos de los cuerpos de paz. Los alrededores, incluyendo la visita a un brazo del río Gambia al atardecer, casi enfrente de James Island, el lugar en el que el autor de Raíces situó el hogar de Kuntah Kinteh, me acercan como nunca en todo el viaje a una comunidad rural auténtica.
Un lunes tranquilo de paseos playeros, todo lo tranquilo que se puede pasear por la playa en Gambia, en baja temporada, con todos los dueños y empleados de los chiringuitos a la caza de un toubab que les arregle el día, o la semana… Mi amistad con los twins, amigos de Fran, me libra de muchas explicaciones pero son muchas las que hay que dar de todas formas. El martes visito Banjul. Después de una primera media hora bastante tensa, con innumerables intentos de timos ingenuos, me canso, me aburro, levanto el tono y hago gestos bastante obvios. Yo no escucho ningún tan-tan pero el resto de la jornada no tengo ningún problema. El centro comercial es un tanto agobiante y el distrito administrativo bastante prefabricado por lo que resulta una ciudad de escaso interés. La descarga de la pesca en Tanji y la visita a Verónica Hormaechea, la destinataria de la mayor parte de la ayuda que hemos transportado para la ONG Federación Niños del Mundo, suponen dos buenas medias jornadas de la estancia en Gambia. Habría que añadir más paseos playeros, ratos de comunicaciones con la familia y amigos en España y el arreglo del billete de vuelta.
Quiero publicarlo. A veces Iberia me ha jugado malas pasadas, alguna muy mala. En esta ocasión los dos vuelos, Dakar-Madrid y Madrid-Santander, al margen de un horario poco conveniente (dos horas de madrugada en Barajas), han sido de una puntualidad rigurosa. El problema ha venido por otro lado y parece más extraño que el horario. Uno se puede comprar un billete on-line en cualquier lugar del mundo. Cuando la compra es de un solo trayecto, y de vuelta a España, la moneda que figura en la web de Iberia es la local, francos del África occidental. Bueno, pues ya me harán la traducción. Pues no. Recurro a mi hijo en España. No hay manera. Tengo que llegar a Dakar antes de las cinco de la tarde del viernes para pagar con una tarjeta de crédito en la oficina de Iberia en la plaza de la Independencia … Como estoy casi seguro que puedo llegar más tarde, salvo que decida no dormir el jueves, me busco la vida de otra manera. Una agencia de viajes, a la que Iberia tendrá que pagar una comisión, me ofrece el mismo billete con una diferencia de cinco euros y me lo carga en mi tarjeta de crédito sin más problemas, cuando nunca antes había comprado a través de esa agencia ¿? Esto antes se achacaría a la cuestión de Iberia como empresa pública ¿Y ahora?
El viernes 11 de mayo, temprano, María, que tiene que ir al Ministerio del Interior, me acerca a la Estación Marítima de Banjul. Empiezo la parte en solitario del viaje. Sólo los que hayan tomado un ferry en algún lugar del mundo pobre conocen la sensación. Abarrotado, hasta los topes, nuestra lengua es rica, pero creo que se queda corta para describir la realidad del Banjul-Barra. He llegado hacia las 9.30 y el ferry zarpa casi a las once. Una horita un poco larga de navegación por el estuario del río Gambia, previo rechazo a todos los vendedores del continente, que ese día parecía que habían quedado allí. La megafonía, muy defectuosa, da más mensajes en wolof que en inglés. Ese es el momento en que Mlang se hace mi amigo. Y me dejo. No me gestiona muy bien el taxi colectivo que debe llevarme de Barra a la frontera de Senegal… pero otra vez la diferencia de potencial. El ferry cuesta 10 dalasis, 0,25 € y el taxista me pide 50, 1,25€ Pues le doy otros tantos a Mlang que ese día creerá que le ha tocado la primitiva.
En directo, todo el conjunto es un poco estresante, la verdad. El taxi, nada más abandonar la zona portuaria de Barra, cambia de carril. Falsa alarma, sólo es para inflar una rueda. Pocos minutos más tarde, otra salida de la carretera… Es para repostar. Unos pocos kilómetros más adelante el taxista se detiene y se baja del coche. Todas las alarmas encendidas, pero es para charlar un poco con un colega con el que nos acabamos de cruzar. Creo que hay una cuarta parada antes de la frontera, pero ya se me ha olvidado el motivo. El tramo de carretera gambiano, muy corto, es de excelente calidad. Antes de las dos de la tarde el sept-places está en marcha y  casi no se detiene en las cinco horas de recorrido, salvo una parada de pocos minutos… El resto del viaje hasta Dakar está comentado en la entrada anterior. Cerraré la serie con una dedicada a la capital senegalesa. La crónica me ha durado más que el viaje. Hoy hace un mes que regresé.

martes, 12 de junio de 2012

Senegal (SB07)



Después de una etapa que me ha recordado como ninguna al famoso rally, parece que a última  hora somos nosotros los que estamos de rally. La sensación es que se acaba la luz y estamos muy cerca de Saint-Louis y mañana vamos a madrugar y no serán posibles las fotos… Hay una primera que no me resisto. Durante un viaje que ya rebasa los 4.500 kilómetros, unas cuantas horas de conducción en solitario, es inevitable repasar mentalmente agendas, historias, recuerdos diversos. La primera imagen de esta segunda ciudad de Senegal, francesa antes que Niza en el tiempo histórico, me lleva, cosas mías, a la ría de Treto. El puente que atraviesa el río Senegal es de la misma factura y autores que el viejo puente de la nacional 634 sobre el Asón. Quién me lo iba a decir cuando en el pasado atravesé a diario aquel puente, durante años, para ir a dar clase al Instituto Bernardino de Escalante de Laredo.

 Recuerdos mucho más próximos, de hace un rato, de la frontera y del almacén de la aduana que acabamos de abandonar, me llevan también a todo lo que un día conocí sobre el África negra. De hecho, el tema escrito que bordé en mi oposición a profesor de bachiller hace más de treinta años. La corrupción sin ningún tipo de suavizante, el racismo visto del revés: Dos europeos recogiendo  en el suelo zapatos de niño, apañando se diría en el pueblo de mis mayores, mientras un montón de africanos, de pie, nos miran, quien sabe si sonriendo. El mundo –de hace un tiempo- al revés. No es eso lo malo. Mientras recogemos zapatos destinados a niños de Gambia que nunca han calzado un par, alguien del entorno del oficial de la aduana senegalesa nos levanta un colchón absolutamente nuevo que Ikea ha donado a la Federación de Niños del Mundo. Otro aduanero decide quedarse con dos zapatos del mismo pie dejando, como resultado, inservibles, para él y para el mundo, dos pares. 

 Los muelles de Saint-Louis al atardecer son un hervidero humano con la descarga del pescado y las embarcaciones de un colorido fascinante. Tengo una primera impresión que un poco más tarde, al salir a cenar, ya de noche, confirmo. Hay algo en esta ciudad, francesa en el siglo XVII, que recuerda a otra ciudad que también tuvo su momento histórico francés. Me acuerdo de Nueva Orleans…

 Senegal, las primeras cervezas en diez días. Senegal, otra música, casi imposible de discernir de qué lado del Atlántico. Senegal, los tratados de geografía humana de la escuela francesa reales casi un siglo más tarde. En cuanto amanece recuerdo el Gorou-Papy, el manual de generaciones… Senegal, amanecer en el final de la estación seca. Mercado de Thies. Pistas de tierra rumbo al paso de frontera de Farafenni. Parece que nadie se fía del ferry de Barra que nos llevaría directos a Banjul…

 El ferry de Barra es el que tomo a la vuelta. Como peatón no hay problemas de demoras. Se coge el primero que sale, atiborrado como todos los demás. El asunto se puede volver desesperante con un vehículo. Me dicen que la espera puede superar las 24 horas. Desde Barra a la frontera de Darsilam voy en un mercedes compartido por 50 dalasis (1,25 €) y otro tanto le doy a Malang, el joven que se ha hecho cargo de mi ya desde la estación marítima de Banjul. Y me he dejado. Ahora voy solo y la sabiduría de Fran ya no me protege.
  La vuelta a Senegal me resulta muy simpática. Creo que se me hace más natural hablar en francés. El moto-taxista que me baja a la estación de autobuses de Karang puede que no tenga 18 años, pero ha peleado muy bien ser él, y no otro, mi transportista para ese par de kilómetros. No regateo los mil francos que me pide (1,5 €). Es el momento segundo, el primero se me ocurrió en el ferry, en que bendigo la idea de hacer este viaje de vuelta solo con equipaje de mano. Una maleta hubiera sido una tremenda dificultad. Bendigo a todas las providencias por no tener que hacer más que un uso menor de los aseos de la gare routière, de otra manera se me hubieran conmovido hasta los cimientos.

 La negociación para el precio del sept places me llena de regocijo. Puede que al principio se quedasen un tanto desconcertados con mi respuesta a su primera petición “Voy a alquilar una bici” pero después en un tono muy amigable llegamos rápido a un acuerdo y me dejan la plaza del copiloto, que se muy bien que es la que no quieren. Es muy cómoda, pero los sustos de la conducción temeraria son mayores. Sin ponerse en marcha el vehículo, por la ventanilla, dos vendedoras consiguen colocarme unas bananas y una bolsa de agua. Todavía no se que ese día no voy a comer. Me desquitaré en la cena ya en Dakar.

El recorrido de cinco horas alterna durante una buena parte del inicio, hasta Kaolack, el asfalto y la tierra, después va mejorando y al llegar a Dakar ya es una autovía. Por el camino nueva reflexión que me acerca a casa. Es viernes al mediodía. Si todo va bien el lunes a primera hora en Parayas. Un cartel enorme me anuncia un proyecto de ayuda en un poblado. En francés, el patrocinador, Coopération Madrilenne y el logo del sumatorio y la M. Sin ninguna referencia más. A  mi estas cosas me ofenden muy poco, lo reconozco, pero me resulta inevitable pensar que diría alguno de los grandes defensores de la presidenta Aguirre si eso sucediera con alguna otra comunidad autónoma, preferentemente si ocurriera con Cataluña o el País Vasco. Pues eso.

domingo, 10 de junio de 2012

Mauritania (SB06)



El 2 de mayo salimos del hotel antes de amanecer. Hay que asegurar un buen puesto en la frontera para alcanzar Nouakchott con luz diurna. Parece que nunca ha sucedido nada en la carretera principal que atraviesa el territorio mauritano de norte a sur, más o menos cerca de la costa,  pero evitando riesgos, y uno es conducir de noche, se evitan los peligros. Las enseñanzas de la Compañía de Jesús también sirven en el desierto.

Cuando alcanzamos la frontera, unos 60 kilómetros desde el hotel, en la fila de la derecha tenemos una docena de vehículos por delante. No está mal. A la izquierda los camiones, unos cuantos más. Hace mucho más frío del que se supone que corresponde a la latitud. Mucho frío a secas. Pero por otro lado ese será el primer día en que nos encontremos con un calor importante, camino ya de la capital mauritana.
Hay tiempo para desayunar, pasear, charlar con otros conductores, repostar, la última vez a precio muy subvencionado. Hay tiempo para todo, pero la frontera finalmente se abre. Desde ese momento hasta que conseguimos despachar con los marroquíes pasan dos horas completas. Me gano una bronca por intentar hacer una foto a un camión que, en sentido contrario, luce en su toldo y en letras de gran tamaño, el nombre de una población manchega de mucho renombre para una parte de mi familia: Mota del Cuervo. Ya no lo intento con un enorme trailer francés que anuncia cerveza de Iparralde. No se a dónde se dirige, pero Mauritania teóricamente es un territorio sin alcohol. 

El mismo policía de paisano que me abronca por el intento de foto, se descuelga más tarde haciendo una incautación de dos latas de conserva de las que Fran lleva para la despensa de su casa en Gambia. Vamos progresando en ese sentido pero, todo hay que decirlo, las cotas de Marruecos se superan con facilidad más al sur. También presenciamos otra curiosidad para nuestras costumbres. Un subsahariano protesta airadamente el intento de colarse en el control de pasaportes de un ciudadano marroquí. Cuando el funcionario se cansa de los gritos, quien recibe la bronca es el subsahariano aunque el marroquí se cuela algo menos de lo que hubiese deseado.

 Desde que atravesé el telón de acero en 1978, entre Hungría y Austria, no recuerdo haber pasado nada parecido. Una vez que los marroquíes dan el visto bueno a las personas, los vehículos y las mercancías, se abre una tierra de nadie de cuatro kilómetros. Cuatro kilómetros en los que no hay ni una pista de tierra, cuatro kilómetros en muy mal estado para vehículos normales y hay pruebas a decenas de todos los que no consiguieron pasar la franja. Vehículos desguazados total o parcialmente a ambos lados del sendero.

La llegada a la frontera mauritana ya empieza a ser un clamor de cadeau. Todavía hay fuerzas y las mantendremos en todo ese territorio para negar con firmeza. Nuestra derrota absoluta llegará en Senegal. La explicación de la ayuda para los niños de Gambia tiene ahora una respuesta automática: Aquí también hay niños… Conseguimos explicar que también hay otras ONGs que actúan en Mauritania.

 A pesar de estar al final de la estación seca, muy pronto empiezan a aparecer signos de que lo más duro del desierto ha quedado atrás. Empieza el territorio de la sabana. No hay bosque, la humedad es todavía muy escasa, el calor aumenta de forma notable y empieza a haber matorral, barrones, y árboles aislados. Las primeras acacias espinosas. Estamos a 4.000 kilómetros del Cantábrico.

Las radios españolas en onda media, emitiendo desde Canarias, llegan casi hasta la capital. La SER, la COPE y Radio Nacional. Las noticias del 1 de mayo, del aniversario del asesinato de Bin Laden y de alguna nacionalización de bienes de empresas españolas en Bolivia. Poco después ya será Radio France International, emitiendo desde Dakar, la compañía más segura del viaje. Una de las personas de la que me he acordado con más frecuencia en este viaje ha sido de mi último profesor de francés. Gracias Jon. He aprendido tanto contigo en los dos últimos años que en plena Francophonie y con las ganas de halagar de los africanos, más de una vez se han empeñado en decirme que tenía que ser belga o suizo ya que negaba con firmeza ser francés. Quizá muchos de mis interlocutores, marroquíes o senegaleses necesiten una urgente revisión de oído.

 La pobreza golpea mucho más que en Marruecos y los contrastes aumentan. Nouakchott se abrevia en las indicaciones de carretera como NKC que a mi me recuerda a una cadena americana de pollo. De todas formas ceno una hamburguesa de cordero con queso que está muy buena, en un libanés donde dos nativos hacen manitas. Seguramente la homosexualidad está muy mal vista pero no hay obligación de mirar. En la capital no hay aceras y resulta muy incómodo pasear por la arena que bordea el asfalto cuando hay asfalto. Aquí no hay ITV. El 90% de los vehículos puede parecer que van a caer en pocos minutos pero el 10% restante está flamante. El gasoil es muy caro y la gente que va limpia y elegante, una inmensa minoría, va muy limpia y elegante. 

Finalmente un par de apuntes más. La república es islámica pero esto no es ni Arabia ni Irán. Muchas mujeres conducen y muchas más no llevan nada en la cabeza  aunque hay caballeros y chicos jóvenes que van con la cara completamente tapada.El albergue Menata parece amurallado cara al exterior pero en su interior hay un jardín muy fresco y muy buena comunicación entre los huéspedes, la mayoría franceses bastante jóvenes. Le prestamos más atención a un argentino que recorre África en moto.

 La ciudad es muy segura y lo único que puede violentar en algún momento es la insistencia para cambiar moneda. Rumbo al sur, los controles se suceden. A las veinte copias que habíamos hecho en Tantan, hemos añadido cinco más realizadas en NKC. Es algo recomendable para cualquiera que decida conducir por esos territorios. Pasaporte y documentación del vehículo fotocopiados. En caso contrario habrá que rellenar más de veinte fichas entre el sur de Marruecos y Senegal.

Aparece un control realmente sui géneris. Estamos muy cerca del final del asfalto. Entraremos en una pista que nos conduce al río Senegal y a la frontera. Lo más memorable de las imágenes que uno guarda de tantos meses de enero cuando el Paris-Dakar se hacía en África. Bueno pues hay un gendarme mauritano, que Fran ya conoce, empeñado en sacar algo. No estoy seguro, visto lo que sucede horas más tarde, que merezca la pena negarse con tanta firmeza. 

Lo mínimo que se puede decir del sujeto es que se sabe guapo y alardea de ser un funcionario importante ya que habla francés e inglés. Todavía no entiendo que nos deje seguir después de más de media hora de forcejeo sin sacarnos nada. Tampoco llega ningún vehículo en todo ese tiempo. La mayoría del tráfico debe dirigirse a Rosso pero nosotros vamos a atravesar el parque nacional de Djoudj y por el dique de la orilla derecha del río Senegal, la esclusa de Diama, ya en la frontera.

Los últimos kilómetros de recorrido por Mauritania, después de mucho pensar y si hubiera que colocar el título de etapa reina, creo que serían mis preferidos. El río se huele antes de que aparezca y hay un momento de confusión ya que cuando uno espera el río por la izquierda, la mancha de agua aparece por la derecha… milagros de los diques de contención.

miércoles, 6 de junio de 2012

El Capitol


El 6 de junio me enganchó desde muy pequeño. El desembarco aliado en Normandía puso la guerra en su última fase. Todavía tuvieron que morir muchos, cientos de miles, millones, pero ya no hubo duda salvo para los más cercanos al dictador alemán, los más fieles, los criminales tan culpables como el propio Hitler.

Durante el curso 1962-63, cuando se estrenó en Santander la película que en casi tres horas da cuenta detallada de los hechos acaecidos ese día, quizá ya sabía nombrarlo en francés, le jour le plus long, y también estoy seguro de haber tardado decenios para saber nombrar la película y el hecho histórico en inglés, the longest day, pero sé que con esa película se inauguró un cine en Santander que fue la referencia durante muchos años.

Una ciudad muy provinciana que a falta de otras posibilidades tenía en el estreno de los sábados del cine Capitol su acontecimiento semanal de primer orden. Sistemas de proyección y sonido novísimos y una pantalla de amplitud nunca vista en la ciudad y que parecía estar milagrosamente suspendida de la nada.

El continente era fastuoso, el contenido variable. Recuerdo con alguna emoción varios éxitos cinematográficos de aquella década prodigiosa, incluso los que no pude ver en su estreno por falta de edad, como West Side Story o uno que ya más crecidito, seguramente me puso literalmente cachondo, como El Graduado. 

A la guerra me ha llevado la fecha, pero también el hecho de estar hasta las cejas de escuchar durante semanas la evolución de la prima de riesgo o del índice del IBEX como si fueran operaciones militares. Ahora avanzamos, ahora retrocedemos, hoy nos vapulean, ayer parecía que lo teníamos controlado, o la propaganda oficial que, como en la guerra, nos intenta convencer de lo uno o de lo contrario.

En las cercanías de la plaza de Cañadío, la vértebra urbana del ensanche burgués y los barrios altos, que en esta ciudad se pueden parecer a la kasbah argelina, escuché el martes de la semana pasada, mientras acudía a la presentación de la última novela de Ramiro Pinilla, casi nonagenario y tan lúcido como siempre, escuché a una pareja de cierta edad, con aspecto de vivir en la kasbah, por encima de Santa Lucía, a donde se dirigían, les escuché hablar, con cierto volumen, de lo que había ocurrido aquel día con la prima de riesgo. Creo que había subido, pero no estoy seguro.

El contenido, como el de las películas del Capitol, me viene inspirado por la vicepresidenta del gobierno. Mientras sus compas de gabinete, Guindos y Montoro, se dedican al navajeo mutuo y a meter la pata sin parar, ella trata de convencernos de que ahora, ahora, supongo que de diciembre hasta hoy, ahora España es la campeona del reformismo. Nunca, desde el siglo XVIII, se denominó así a lo que ahora hace este gobierno. Después de esta etapa del PP en el gobierno, confío en vivir para verlo, el lenguaje necesitará una adaptación tan profunda o más que la propia economía. 

El Capitol se ha convertido en un supermercado y desgraciadamente en la guerra actual entre los poderosos chorizos salvajes, y sus políticos, contra la mayoría de la población del planeta, todavía no parece que se haya llegado al 6 de junio, quizá ni a Stalingrado. Hay que esperar y, todavía, sufrir mucho. Pero no pueden ganar. Nos jugamos la propia especie.

El Río de Oro (SB05)


En la comunicación que mandé el 30 de abril a familiares y amigos, desde un Cyber de Dakhla, la antigua Villacisneros, terminaba diciendo “me alegro mucho de haberme decidido a hacer este viaje, ya son más de 3.000 kilómetros” Esa mañana podíamos haber cruzado el ecuador de nuestra ruta. Es una etapa, El Ouatia-Dakhla, bastante larga pero muy bonita. 



Una primera parada para visitar el museo y el monumento de Saint Exupery en Tarfaya, el Cabo Juby de nuestros tiempos coloniales. El autor de El principito pudo muy bien inspirarse aquí para su obra más conocida, los paisajes del día nos han acercado, probablemente más que en cualquiera de las otras etapas, al desierto más típico y tópico, un desierto de dunas de arena que literalmente se comen la carretera antes de llegar a El Aaiun.


La antigua capital de la colonia española ha crecido mucho, alberga casi 200.000 habitantes, y no es fácil entenderse en castellano. La repoblación muy bien programada por el gobierno de Marruecos ha hecho que el territorio sea un lugar de vida más fácil que el del conjunto del Reino. A fuerza de subvencionarlo casi todo, los precios de los carburantes están alrededor de la mitad de lo que se paga en las gasolineras del norte, el territorio ha captado población. No tanta como nos dice, digamos Mustafá.

Con Mustafá coincidimos el 1 de mayo cerca de la frontera de Mauritania. Tiene mi edad, habla castellano perfectamente y confiesa que su padre, de 92, lo habla mucho mejor. Nos dice que están -los saharauis- jodidos, literal. Y a una pregunta mía responde con evidente exageración que deben ser alrededor de cinco millones los marroquíes que el gobierno del rey ha transplantado al antiguo territorio español. Puede que se le haya escapado un cero. Pero son muchos, muchos más que los nativos legítimos.



Me quedo con pena de no conocer a su padre, el nonagenario que fue funcionario de correos, que tiene pensión, DNI y permiso de conducir españoles y que participó en la guerra civil al lado de Franco. Su hijo habla de él con mucho cariño pero no parece que sostiene las mismas ideas políticas. También hay un contacto con la “resistencia” en Dakhla pero por razones obvias mejor no dar detalles. Entregamos una caja con libros en castellano y, como es 1 de mayo, a mi  memoria llegan imágenes antiguas

Los chopitos y rabas de El Aaiun, pese a que en el bar no nos contestan ni en español ni en francés, están francamente impresionantes. Toda una técnica del pescado frito. A la salida, protegiendo la cinta de Bu-Craa, un dispositivo militar notable. En todo el territorio la ocupación es explícita. A la salida de cabo Bojador, hoy Bougdhour, frente a cuyo faro hemos comido, nos encontramos un control muy especial. Es la primera “mordida” explícita. Me pongo un poco bravo lo cual seguramente es imprudente y le digo que no es serio un par de veces (Ce n’est pas serieux) y en un tono que se acerca al de la bronca. Hace efecto y no insiste. Lo cual lo hace todo más extraño.


 
El emplazamiento de Villacisneros es muy espectacular. Una lengua de algo más de 25 kilómetros en cuya punta se encuentra la ciudad. Al oeste un Atlántico bastante bravo y fresco y al este las aguas quietas y transparentes de una preciosa bahía surcada por una enorme cantidad de velas de practicantes de la modalidad kite del surf. Es un 1 de mayo muy fresco y a partir del mediodía y durante unas tres horas llueve. De manera mansa pero continua. Nos ha tocado el día de lluvia del promedio anual.

El azar, en forma de visita real, como lo había hecho la lluvia en Marrakech, nos reduce la duración del viaje. Una noche en un lugar bastante mágico, unas haimas junto a la playa, tiene el acceso cortado por el ejército. El oficial al mando en un francés muy académico nos explica que ya no se puede acceder a la costa en ese punto. Que ahora es una propiedad privada y cerrada. Fran trata de insistir en que el ha dormido allí hace poco pero no hay mucho lugar para la discusión.



Posteriormente nos explican que el rey está  a punto de llegar a la zona y que seguramente es allí donde dormirá. Entre Mohamed VI y nosotros la elección ha estado clara. Alargamos la etapa y dormimos muy cerca de la frontera en un hotel bastante impecable con gerente canario. Del comunicado de ese día quiero rescatar lo siguiente: En mitad de la nada, a 60 Kms de la frontera de Mauritania, hay un hotel mas que digno y una gasolinera, con 11 ordenadores conectados a la red, a 7 dirhams por hora y con un teclado español. A ver si ponen el caso en algún MBA. Es el primer lugar que hemos encontrado absolutamente lleno y con lista de espera, el negocio del siglo